Avanza la concentración en los colectivos
Dota y Plaza ya controlan casi 30 líneas; Transporte del Oeste y Caraza fueron las últimas firmas en cambiar de manos
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Sin necesidad de grandes compras ni desembolsos millonarios, el negocio de los colectivos continúa su carrera hacia una cada vez mayor concentración. Los dos grandes grupos que lideran el mercado -Dota y Plaza- en los últimos meses siguieron sumando empresas competidoras y entre ambos hoy ya controlan casi 30 líneas de las 140 que circulan por la ciudad de Buenos Aires.
Las últimas compañías en quedar en manos de los dos líderes del negocio fueron Expreso Caraza y Transporte del Oeste. En el primer caso, el grupo Plaza se quedó con la concesión de las líneas de larga distancia que operaba Caraza y que unían la Capital Federal con Neuquén, Clorinda y Concordia. Además, la empresa presidida por los hermanos Claudio y Mario Cirigliano con esta adquisición también ingresó en el negocio del transporte internacional de pasajeros, ya que comenzó a cubrir la ruta entre Neuquén y la ciudad chilena de Temuco.
Por su parte, Transporte del Oeste -que opera las líneas urbanas 136 y 153 y varias suburbanas en el corredor oeste del Gran Buenos Aires- pasó a manos de otra firma del sector, Ecotrans, que a su vez cerró un acuerdo de gerenciamiento con la firma Transporte 104, una sociedad controlada por Plaza, que de esta manera puso un pie en el oeste del conurbano.
En el desguace de Expreso Caraza, Dota tampoco se quedó con las manos vacías y se alzó con la operación de las líneas 188 y 20. El grupo además se asoció con otra empresa del sector, Nuevos Rumbos (la dueña del 26 y del 132), para crear la firma Nudo, que opera las líneas 107, 6 y 50, y en forma paralela se quedó con la 56 y el ramal diferencial del 86 al aeropuerto de Ezeiza.
Frente al avance de Dota y Plaza, son pocas las empresas del sector que están presentando batalla, y de hecho uno de los pocos casos de traspaso de líneas que no involucró a alguno de los dos grandes grupos fue la reciente transferencia de la línea 93, que desde hace unos meses es operada por el grupo Monsa (líneas 60 y 38).
"La expansión de los grandes grupos del negocio se explica por una cuestión de escala. Hoy, una línea que cuenta con 50 o 60 unidades es inviable", señala Luis Rodríguez, socio del grupo Dota, que comenzó operando los colectivos de la 208 (hoy 28) y en la actualidad controla 19 líneas (entre propias y gerenciadas) y cuenta con más de 1450 coches.
Historia reciente
La concentración del negocio del transporte urbano de pasajeros es un fenómeno relativamente nuevo. Hasta mediados de la década del 90 en la Capital Federal operaban 140 líneas de colectivos que pertenecían a más de 130 empresas. En su gran mayoría estas empresas eran sociedades de componentes, en las que los choferes de los colectivos eran los propios dueños de las unidades.
El panorama empezó a cambiar a partir de la decisión de la Secretaría de Transporte de regularizar las concesiones de las líneas, lo que sumado a la crisis económica provocó el cierre de varias empresas tradicionales del sector que en su gran mayoría fueron absorbidas por Dota y Plaza.
Más allá de que sea inevitable, la concentración también amenaza con provocar algunas consecuencias negativas para los pasajeros. "Las grandes empresas lo que hacen es cerrar los ramales que no son rentables", advierte Pablo Heller, autor del libro "Fábricas ocupadas".
Subsidios y tarifas
El negocio de los colectivos en Buenos Aires representa cerca de $ 1400 millones anuales y en promedio en lo que va del año viene creciendo a una tasa del 7%, según la medición del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
Las empresas del sector, sin embargo, se quejan de la escasa rentabilidad de su negocio y resaltan que el transporte urbano de pasajeros es uno de los pocos que mantienen sus tarifas congeladas desde antes de la devaluación del peso. "Hace quince años una familia entera o dos vivían de un colectivo, y hoy para obtener la misma rentabilidad se necesitan 6 o 7 coches, con lo que la concentración parece inevitable", explicó Marcelo Ledesma, gerente general del Grupo Plaza.
El congelamiento de las tarifas está compensado, aunque sea parcialmente, por los aportes de fondos estatales que reciben las empresas. Todas las compañías del sector están subsidiadas por el Estado nacional y en promedio reciben un pago de $ 3000 mensuales por colectivo. Sin embargo, se quejan de que su estructura de costos está completamente desfasada. La cuenta que hacen en el sector es que la facturación por cada coche ronda entre 10.000 y 15.000 pesos mensuales, lo que torna casi imposible recuperar los $ 260.000 que cuesta comprar un colectivo nuevo.





