
Barras de cereales con un elemento solidario, la clave para diferenciarse
A simple vista, las barras de ChariNut se parecen a otras del mercado. Pero en una segunda mirada la diferencia salta a la vista: los envoltorios tienen logotipos de organizaciones no gubernamentales (ONG) con las que la empresa colabora.
Christel Sasse, una joven ingeniera industrial de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), y Leandro Musri, contador de profesión volcado a las agrofinanzas, son los mentores de esta idea nutricional con tintes solidarios.
Hace un par de años, Leandro trabajaba en un proyecto para presentar en el programa Desarrollo Emprendedor de la ciudad de Buenos Aires. "Quería agregar valor a clientes del agro y empecé a ver la oportunidad de mezclar en un alimento la salud con lo social", cuenta.
Ella, por entonces, hacía su camino en una conocida empresa multinacional de consumo masivo, donde se desempeñó hasta hace poco en el área de estrategia y planeamiento comercial. Su experiencia en canales masivos y una maestría en la Universidad de Bologna sobre internalización del desarrollo local sirvieron de base a ChariNut.
En algunos meses de cursada en Europa, Christel quedó deslumbrada con algunas compañías que integraban su negocio con una conciencia solidaria que los consumidores estaban dispuestos a apoyar. "Allá hay góndolas enteras para productos certificados con el sello de «comercio justo», y la gente los paga aunque cuesten algunos centavos más", cuenta. Con ese concepto, la joven alude al sello que garantiza una cadena de producción transparente, con remuneración adecuada para los productores y sin explotación infantil, entre otros puntos.
La visión emprendedora de ambos tomó el mismo rumbo cuando ella contactó al hombre vinculado con el sector agrícola del que hablaba un artículo en un diario del interior. Su fin era acercarse a los productores locales de especialidades como quinoa, chía, lino y amaranto.
Tras un asesoramiento técnico, lanzaron una receta nutritiva y balanceada, de bajas calorías y que además es apta para celíacos. Y así pusieron a girar la rueda con un capital de unos $ 200.000, que tuvo como principal fuente a las familias de ambos.
"Seleccionamos a los proveedores de distintas provincias y contratamos una planta en Santa Fe para la fabricación, que hoy promedia las 20.000 barras mensuales", detalla Leandro. El criterio para elegir los canales que les permitieran crecer en un segmento tan competitivo fue selectivo: "No apuntamos a los quioscos, sino a dietéticas, venta directa a empresas, supermercados puntuales –como Walmart– o distribuidores como Staples", dice la especialista en comercialización. La estrategia parece acertada. A un año del inicio, la facturación ronda los $ 350.000.
La base solidaria, dicen los creadores de ChariNut, es "un argumento más para las ventas", complementario a la relevancia nutricional del alimento. Los logotipos de tres ONG (Un Techo para mi País, Aldeas Infatiles y United Way) se estampan, por separado, en los envoltorios de las barras. "Además del buen sabor y la materia prima de primera calidad, nos diferencia esta iniciativa solidaria basada en acuerdos que cerramos por un plazo de dos años. Nosotros renunciamos a un margen fijo y lo destinamos a las ONG", explica ella.
Además de la faceta de responsabilidad social, estos acuerdos tienen un lado estratégico. El modelo de negocio contempla una baja inversión en marketing, ya que las mismas ONG difunden los productos, por ejemplo, en revistas institucionales, eventos o acciones puntuales. Por otra parte, la naturaleza internacional de las organizaciones también abre para la marca las puertas a otros mercados de la región. Chile, Uruguay y los Estados Unidos se perfilan como las posibilidades más concretas para la internacionalización.
Lo próximo será dotar a la empresa monoproducto de una línea que diversifique la producción. Los nuevos integrantes de la familia ChariNut serán las barras con pepas de chocolate y las galletitas de chocolate con miel y pasas de uva. A futuro, apuntan a fabricar "todo lo que pueda estar en una máquina expendedora", bajo la misma unión de salud y solidaridad.





