
Brasil cancelará su deuda con el Fondo
Anunció que pagará US$ 15.500 millones este mismo mes, dos años antes del vencimiento; fuerte apoyo de Rodrigo de Rato
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SAN PABLO.- El gobierno brasileño hizo ayer ante el mundo una demostración contundente de salud financiera: anunció que saldará dos años antes del plazo su deuda con el Fondo Monetario Internacional, de US$ 15.500 millones. Con la cancelación total de la deuda del país ante el FMI, que vencería en 2007, Brasil ahorrará en los próximos dos años US$ 900 millones en intereses.
"El prepago al FMI representa un momento histórico del país y refleja la mejoría significativa de los fundamentos macroeconómicos como consecuencia de la política económica del gobierno", festejó, mediante un comunicado, el presidente del Banco Central, Henrique Meirelles. La medida fue saludada por el director gerente del FMI, Rodrigo de Rato: "Esta decisión refleja la fortaleza creciente de la posición externa de Brasil", señaló, y destacó "el historial excelente de gestión política acumulado por las autoridades, que ha proporcionado la base para la confianza de los mercados y la mejora sostenida del desempeño macroeconómico".
Con reservas por US$ 67.000 millones y un superávit comercial histórico, estimado para este año en US$ 44.000 millones, el equipo económico se sintió seguro para utilizar parte de las reservas y saldar la deuda, lo que se concretará antes de fin de mes.
"Es un anuncio muy positivo. Todas las agencias de calificación les atribuyen notas mejores a países que no tienen deudas con el FMI", dijo a LA NACION el economista jefe del banco ABN Amro en Brasil, Mario Mesquita. "Brasil camina firme hacia la conquista del «investment grade»", explicó Mesquita.
El ministro de Hacienda, Antonio Palocci, se mostraba ayer orgulloso de la decisión. "Lo estamos haciendo [pagar la deuda anticipadamente] porque podemos. Tiene que ver con el tamaño de nuestras reservas, que rondaban los US$ 15.000 millones en 2003 y hoy superan los 50.000 millones."
Brasil mantiene actualmente una deuda en títulos de 900.000 millones de reales (US$ 400.000 millones) y una deuda externa pública de US$ 60.000 millones.
En 1998 había recibido un paquete de ayuda encabezado por el Fondo de US$ 41.500 millones, al que se sumó en agosto de 2002 otra operación de socorro de 30.000 millones. El saldo que restaba devolver, de 15.500 millones, es el que será cancelado ahora por completo.
La operación es la coronación de una estrategia que había tenido el primer movimiento el 28 de marzo de este año: la decisión de no renovar el acuerdo con el Fondo, que regía las políticas macroeconómicas del país desde 1998, cuando Brasil estaba en plena crisis financiera.
Junto con el anuncio de marzo, de dejar el FMI en medio de una lluvia de elogios del propio organismo, el gobierno ratificó también una política de responsabilidad fiscal estricta, con el objetivo de realizar superávit que permitieran ir reduciendo paulatinamente el endeudamiento del país.
Mientras el acuerdo con el FMI establecía que el país debía obtener un superávit fiscal primario de 4,25% del PBI, el gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva economizó en los primeros diez meses de este año 5,97% del PBI.
El ministro de Hacienda, el médico y ex militante trotskista Palocci, es el conductor inflexible de la política económica austera y de cumplimiento estricto de los contratos establecida desde la asunción de Lula, en enero de 2003.
Pero el anuncio sobre la capacidad de pago de Brasil y su notable salud financiera no esconde las dificultades que vive el país en el terreno de la economía real. Esta semana se anunció una caída de la producción industrial en 8 de las 14 regiones del país.
Para Mesquita, del ABN Amro, ese aspecto de la realidad macro de Brasil no escapa del análisis. "El problema mayor de Brasil es de mediano plazo: la economía crece a tasas mayores sin generar inflación. Y para contener la inflación, el Banco Central se ve obligado a subir la tasa de interés y pisar el freno de la economía", graficó. "De esa forma, el país no logra tener un crecimiento más contundente."
Brasil centra su política económica en el control de la inflación -la meta para este año es de 5,5%-. Para mantener el costo de vida dentro de la meta el Banco Central viene manteniendo la tasa de interés Selic en 18,5% anual, una de las más altas del mundo. Debido a esa tasa, todos los pronósticos indican que el país difícilmente logrará superar este año un crecimiento del PBI de 2,5 por ciento.






