
Originalmente fue línea de frontera; hoy es una alternativa turística que propone revivir 200 años de historia en un solo día
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CHASCOMUS.- Desde el camino que bordea la laguna puede verse el casco de la estancia La Alameda, que se levanta imponente entre la arboleda. La Alameda es conocida, también, como la "casa amarilla", justamente por el color característico de su fachada, que permite distinguirla, incluso desde la otra orilla, sobre la costanera de Chascomús.
A poco más de 6 kilómetros de la ciudad y de la Autovía 2 por el camino de circunvalación, La Alameda propone un día de campo para disfrutar de una verdadera fiesta gaucha y revivir más de 200 años de historia en un solo día.
El terreno fue entregado en 1789 a Juan Gregorio Girado, en reconocimiento por su servicio como oficial del Regimiento de Blandengues, cuando la ciudad cumplía sus primeros años de vida. Más de 30 mil hectáreas despobladas fueron el suelo fértil donde este hombre construyó su primer rancho, plantó las arboledas de olmos y paraísos, un monte frutal y dispuso los corrales para la cría de ganado.
Pronto, su familia fue más numerosa y la ganadería comenzó a dar buenos frutos. Entonces Girado construyó la casona e incorporó un área de servicio para sus empleados. Pocas décadas más tarde, la estancia se convirtió en un verdadero pueblo con usina, frigorífico y moneda propia. Además de contar con un puesto para el abastecimiento de mercadería a pocos metros.
Los 11 hijos de Girado fueron los herederos de la vieja Alameda; con el tiempo dividieron el campo, pero continuaron con la explotación ganadera hasta entrado el siglo XX.
Después, en manos de otros administradores, fue deteriorándose y, finalmente, fue saqueado y olvidado. Hacia 1970, el Estado declaró a La Alameda patrimonio histórico y cultural, y en la década del 80, el municipio nuevamente se encargó de preservarla. Pero nadie parecía disponer del tiempo y del dinero para recuperar la estancia y con ella años de historia de la región. Durante ese tiempo el lugar se utilizó como camping, pero no se le daba importancia al valor histórico que la estancia representaba.
La restauración
Después de tres décadas de abandono, el gobierno permitió que inversores privados se hicieran cargo de La Alameda y la recuperaran.
Esto es lo que hicieron Gustavo y Alejandro Cánepa hacia 2003; luego de un año y medio de restauración, respetando las viejas técnicas de construcción y el estilo colonial de la época.
Para recobrar la estancia fue necesario recuperar revoques, rescatar aberturas, restaurar el piso y pintar las paredes a cal con los colores emblemáticos. Además, se reconstruyó el corral de toros, que había sido destruido por un árbol, y se integró de manera armónica un nuevo salón, siguiendo los propósitos del proyecto a cargo de los arquitectos Ricardo Calderón y Francisco Verbik. Este salón tiene enormes ventanales que dan al paisaje natural. Es comedor y auditorio, ya que cuenta con un escenario donde se desarrolla el espectáculo folklórico que forma parte de esta propuesta. Además, tiene capacidad para recibir a más de 700 visitantes.
Gustavo y Alejandro Cánepa, titulares de este emprendimiento, comentaron que el atractivo actual, para el turismo local e internacional, es la recreación de un día de campo con todas las actividades de la conocida fiesta gaucha. Todos los visitantes que descubren La Alameda se acercan para descubrir la magia del entorno natural y la historia que guardan las paredes de la vieja casona.
De un lado, floridos castaños de la India y pinos; del otro, unas palmeras altivas que enmarcan la fachada del frente. Al cruzar la arcada principal se ven las glicinas frondosas que cubren la galería del sector de servicio. Sobre el barranco que da a la laguna se encuentra, trazando una L, el ala principal. La sombra avanza sobre el césped y sólo se escucha el viento entre los árboles.
En el centro del jardín aún se conserva el aljibe pintado de amarillo y ocre como el resto del casco. La casa principal tiene gruesas paredes de ladrillo asentado en barro; siete habitaciones comunicadas entre sí, todas con puertas y ventanas verde pino que dan a la galería del jardín. Sobre la laguna hay dos salas con ventanales y otra galería desde donde no se ve más que agua, cielo y campo.
¿Qué diría Don Gregorio Girado, si visitara La Alameda uno de estos días? Seguramente no tendría más que elogios al ver su morada casi igual que cuando sus hijos todavía correteaban por las galerías de baldosas.
Historia, asado y vino
Lo cierto es que el lugar se convirtió en algo más que una estancia bonita abierta a los turistas del mundo; y esto se debe a que los anfitriones programaron un día sin desperdicio, combinando naturaleza, arte, historia y un menú con todos los sabores de los platos típicos.
El día comienza con una recorrida por el casco, repasando la historia de sus antiguos dueños y la vida de campo en aquellos años. Luego, entre empanadas y vino, los visitantes pueden recorrer el parque y la alameda que lleva hasta la reserva de animales autóctonos, y observar los ciervos, cabras, jabalíes y aves en libertad. También se puede visitar la granja, pasear en carreta y cabalgar; o emprender un paseo en lancha por la laguna, desde el embarcadero.
Más tarde, cuando se siente el chistar de las brasas, se abren las puertas del salón para el almuerzo criollo. Chorizo, morcilla, asado, tintos seleccionados y coloridas ensaladas. Para el postre, queso y dulce o budín con dulce de leche. De pronto, se cubren los ventanales, se encienden las luces sobre el escenario y comienza el espectáculo de danza a cargo de jóvenes artistas locales, que ataviados con trajes típicos deleitan al espectador con sus coreografías: chamarrita, gato, chacarera y zamba transportan a los espectadores por diferentes regiones del país.
Luego, las destrezas criollas en el potrero desafían la agilidad de los jinetes en las pruebas de riendas, las carreras de cueros y la corrida de sortija. Para culminar la jornada, una buena puesta de sol, mate y pasteles.
Conocer La Alameda es más que un día de campo; es emprender un viaje al pasado, disfrutando de la naturaleza y la tradición argentina, en el marco de una propuesta recreativa, artística y cultural.
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