
Estableció sus tolderías en este lugar y durante 40 años comandó feroces malones contra ciudades de Buenos Aires
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MACACHIN, La Pampa.- Mientras el país construía su perfil de nación y se debatía en batallas intestinas, La Pampa era el territorio aborigen desde donde partían los malones que asolaban a las ciudades bonaerenses. Fueron los tiempos del gran cacique Calfucurá (Piedra Azul), que luego de enemistarse con Juan Manuel de Rosas unificó las tribus aborígenes del Sur y, tras eliminar al cacique Railef, formó la Confederación Araucana (Llamaiché, en lengua aborigen), cuya capital fue establecida en las Salinas Grandes de Hidalgo.
Durante 40 años, y hasta su muerte, ocurrida el 3 de junio de 1873, este cacique chileno comandó casi todos los malones a ciudades de Buenos Aires y opuso resistencia al avance de las tropas criollas, hasta que la Campaña del Desierto lo derrotó, exterminó a la mayoría de las tribus y corrió a los pocos indios que quedaron al otro lado del río Colorado.
A mediados del siglo XIX, los dominios del gran cacique se extendían a los territorios de las actuales provincias de La Pampa, San Luis, Córdoba, Neuquén, Mendoza y Río Negro. Así que las mismas lagunas que hoy abastecen de sal a las mesas argentinas durante casi medio siglo fueron la capital del último imperio aborigen.
Calfucurá había nacido en Llailma (Chile) y en 1829 se estableció en la Argentina para conformar su Dinastía de la Piedra. Uno de sus hijos fue Namuncurá, padre de Ceferino Namuncurá, "El santito de las pampas".
En las Salinas Grandes se dedicó a engrosar su ejército, formar espías y perfeccionar su español para poder negociar con el gobierno de Buenos Aires. Enfrentado con Rosas, aceptó ser aliado de Urquiza, al que lo unió una relación de amistad. Sin embargo, luego de la batalla de Caseros comprendió que el poder cambiaría de manos pero no su situación, y volvió a asolar.
El principio del fin
Con un ejército de 6000 lanceros y más de 20.000 indios, Calfucurá atacó cada vez con mayor fiereza. A raíz de su feroz ataque a la ciudad de Azul, en 1855, el gobierno de Buenos Aires resolvió destinar todos sus esfuerzos militares a combatirlo. Luego de vencer al ejército de Bartolomé Mitre en Sierra Chica, cayó ante una fuerza combinada de los generales Granada, Conesa y Paunero, que volvieron a doblegarlo en Pigüé un año después.
Al año siguiente, los lanceros de Calfucurá combatieron en la batalla de Cepeda junto con las fuerzas de la Confederación, y luego continuaron sus salvajes incursiones en la provincia de Buenos Aires, hasta el desastre de Pichi Carhué, el 8 de marzo de 1872, cuando fueron vencidos y confinados a sus toldos de Salinas Grandes, donde el gran cacique moriría un año después.
Tras su muerte, fue sepultado con todos los honores: junto con él fueron enterrados sus ponchos, sus armas, su platería, sus mejores caballos, sus mujeres, sus cautivas y unas veinte botellas de anís y ginebra, las que ocho años después emborracharían a los saqueadores de su tumba.
Finalmente, los huesos del que fue el Señor de las Pampas fueron recogidos por el general Levalle y donados al Museo de La Plata en 1881.
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