Segundo Uanini pensó que la mejor forma de ejecutar la obra que necesitaba el pueblo era encarándola él mismo
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CORDOBA.- Don Segundo Uanini es un productor agropecuario del norte cordobés. Se lo conoce por trabajador, honrado, permanentemente inquieto, solidario, familiero y por estar actualizado. No es hombre de andar buscando notoriedad: sin embargo, acaba de protagonizar un hecho que, merecidamente, lo convierte en noticia.
Muchos consideran que haberse realizado en la vida puede pasar por tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Don Segundo, con 64 años, reemplazó la tercera condición por la construcción de un puente con dinero que puso de su propio bolsillo, un crédito y un par de contadas ayudas. Hace una semana lo entregó a la comunidad de Pozo del Tigre, un paraje rural a 20 kilómetros de Jesús María y a 10 de la ruta nacional N° 9.
Hace casi 30 años que la obra era requerida. En 1977 una arrolladora creciente destruyó el vado que permitía sortear el arroyo San Cristóbal, cauce que luego se une con el arroyo La Granja, para formar el Río Carnero, que pasa por las afueras de aquella ciudad.
Uanini, cansado de un peregrinaje que hace recordar la vieja parodia del "trámite del arbolito", se dijo un día: "Si esto no lo hacemos nosotros, vamos a seguir esperando" indefinidamente.
"Le comenté la idea a la familia y cuando me dieron luz verde le metimos nomás para adelante", contó a LA NACION el día en que, rodeado de familiares, algunos vecinos y amigos, "inauguró" el puente.
Le habían dado mil excusas, promesas y rechazos caprichosos. En 1978, le dijeron como pretexto que "Vialidad tenía todas las máquinas trabajando para las obras del Mundial de fútbol: pasaron varios mundiales y parece que seguían ocupadas". Una vez pidieron "que hiciéramos un "censo" para demostrar cuánta gente pasaba por el lugar: pero con el vado roto, "daba cero o casi cero de gente pasando", rememoró Uanini.
Un día, a los inspectores de la AFIP que fueron a revisar el cumplimiento de impuestos, les propuso hacer el puente y que le autorizaran desgravar la inversión de ganancias. Pero ellos le contestaron que "con o sin el puente usted puede producir".
Don Segundo señala que para los productores agropecuarios un camino o un puente son "una herramienta de trabajo, un eslabón más para poder mandar la cosecha o la hacienda a los destinos".
Un punto de vista distinto
Aparte, "todo el mundo dice que el campo se está despoblando. ¿Y cómo la gente se va a quedar si no tiene caminos para salir ni la más mínima comodidad?", interroga, en tono de reproche.
El puente construido por Uanini evitará un rodeo de varios kilómetros para ir a Jesús María. La construcción empezó en diciembre y se terminó en agosto. Tiene 7,20 metros de ancho por 30 de largo. Costó algo más de 200.000 pesos. Buena parte del dinero lo pusieron Uanini y su familia. De entre los vecinos, Werner Braun, propietario de 300 hectáreas, cuando le pidió colaboración, le dijo "mandá a buscar el cheque". El Consorcio Caminero se hizo presente con otro aporte. El Nuevo Banco Suquía colaboró facilitándole un crédito: el gerente lo aprobó con un "métale nomás".
No obstante la satisfacción por la obra realizada, Don Segundo -casado con Catalina Canale, 3 hijos, 5 nietos- se muestra autocrítico: "Ahora que lo vemos construido al puente, ¿no habremos dejado pasar demasiado tiempo para encararlo?", se pregunta.
Por supuesto, sabe que falta mucho por hacer en las zonas rurales. "Generalmente -apunta- la gente se rehúsa a hacer por sí misma las cosas, porque se escuda en que pagando los impuestos es el Gobierno el que se tiene que hacer cargo. Pero si bien eso es cierto, también lo es que las obras no se hacen, y son necesarias. El camino más corto es que la gente se una, porque si se une se puede hacer mucho".
Catalina, la esposa de Segundo, aprecia el resultado: "Estoy contenta, ya no tendremos que pensar si pasamos o no. Pensando en el futuro de nuestros hijos y nietos, el puente va a servir para que ellos trabajen y vivan mejor en el campo".




