Productores de Entre Ríos y Corrientes utilizan estos equipos contra la mosca del Mediterráneo que se expande en el momento del cierre de la campaña
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La mosca del Mediterráneo volvió a encender las alertas en el macizo citrícola —el núcleo productivo donde se concentra la mayor parte de la citricultura del NEA y el Litoral— en el cierre de la campaña. En el sector estiman que, sobre la producción que queda en planta en esta etapa final del ciclo, el daño promedio en el conjunto del macizo se ubica hoy entre el 20% y el 30%, aunque hay lotes que ya registran pérdidas de hasta el 70% por daño directo en naranjas y mandarinas. El problema se repite en distintas zonas de Entre Ríos y Corrientes, justo cuando la cosecha entra en su tramo final. En ese contexto, advierten que “a esta altura del año el problema se nos escapa de las manos” y señalan que el impacto no se limita a la fruta que se pierde hoy, sino que también puede comprometer la próxima campaña
“Como todos los años, cuando llegamos a esta altura del verano los niveles de mosca empiezan a aumentar, pero este año los registros son muy altos”, explicó Marcos Dal Mazo, presidente de la Asociación de Citricultores de Villa del Rosario. Según detalló, la plaga ingresa de manera recurrente a la región, pero la combinación de clima, menor volumen de fruta y dificultades para aplicar controles favoreció su expansión.
El dirigente explicó que la hembra pica el fruto y deposita los huevos debajo de la cáscara. A partir de ahí, la fruta se pudre y cae al suelo. Las pérdidas por lote se ubican entre el 30% y el 60%, con casos donde el daño alcanza el 100%. En el conjunto del macizo citrícola, el impacto promedio ronda entre el 20% y el 30%.
La mosca no solo daña el fruto al picarlo —lo que provoca pudrición y caída—, sino que obliga a los productores a sumar manejos y tratamientos que incrementan los costos. “Esto significa seguir agregándole gastos al producto en un contexto muy complicado, con un mercado interno que sigue muy bajo y precios que prácticamente son los mismos que en 2019 o 2020”, advirtió.

Uno de los indicadores que sigue de cerca el sector es el MTD (moscas por trampa por día), un índice que releva el Senasa a partir de trampas distribuidas en distintas zonas productivas. En el noreste entrerriano, por ejemplo, los valores superaron ampliamente los niveles normales. “Tenemos registros por encima de cinco MTD, que equivalen a más de 90 moscas por día por trampa. Son niveles altísimos”, afirmó Dal Mazo. Para tener una referencia, explicó que con valores superiores a 0,1 ya se recomienda intensificar
El problema se agrava porque, hacia el cierre de la campaña, queda menos fruta en los árboles y la mosca se concentra en esos pocos lotes. “Hay menos lotes con fruta, pero mucha más mosca, y eso hace que gran parte termine picada y no sirva ni para comercialización ni siquiera para industria”, indicó. El fruto afectado cae al suelo y se pierde por completo.
Según alertó el dirigente, la fruta caída permite que la larva complete su ciclo y quede encapsulada en el suelo. “Esa pupa puede permanecer bajo tierra hasta dos años. Si no se hace un tratamiento en suelo, el año que viene podemos tener los mismos niveles de mosca o incluso mayores”, explicó. Por eso remarcó que el control no debe limitarse a la planta, sino también incluir el suelo cuando el daño es elevado.
El macizo citrícola argentino abarca unas 50.000 hectáreas y la presencia de mosca se registra tanto en Entre Ríos como en Corrientes. “Hablando con productores correntinos estamos en la misma situación. Es un problema de todo el macizo, aunque hay zonas más complicadas que otras”, dijo Dal Mazo.
En este contexto, las alternativas de control también tienen algunas limitaciones. El uso de avionetas hoy resulta inviable en muchas áreas, por la cercanía de escuelas, ríos, galpones avícolas y reservas de agua. “En mi caso, en la entrada de la quinta hay una escuela y en el fondo el río: con avioneta no se puede aplicar”, explicó. Además, los permisos para ese tipo de aplicaciones tampoco están habilitados actualmente.

Por ese motivo, detalló que empezaron a utilizar drones. “Algunas asociaciones ya los adquirimos y otras están en proceso. La idea es implementar un plan de control de mosca con drones, que nos permita llegar a lugares donde hoy no podemos”, señaló Dal Mazo. Según aclaró, los productos utilizados son biológicos, de banda verde, y no generan impacto ambiental ni afectan a las abejas.

En paralelo, los productores combinan distintas estrategias, entre ellas esta la trampas para monitorear el ingreso de mosca, manchoneos con atrayentes específicos, aplicaciones puntuales de insecticidas cuando los niveles son muy altos y sistemas de trampeo masivo que actúan durante varios meses. “Nada es 100% efectivo por sí solo. Lo importante es saber leer los datos y actuar en el momento justo”, explicó.
El avance de la plaga coincide con una etapa sensible del calendario citrícola. En estos días se transita el final de la naranja de verano, que puede permanecer en planta hasta mediados de enero, y en pocas semanas comenzará la cosecha de las mandarinas tempranas, seguida por el resto de las variedades. “Por eso es importante bajar ahora los niveles de mosca, para llegar a las mandarinas con la menor presión posible”, explicó Dal Mazo.
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