Con mano de obra familiar, los Ghirardi lograron integrar todo el negocio del cerdo

Al instalar la carnicería en Chañar Ladeado, una localidad con 5800 habitantes, obtuvieron más rentabilidad y estabilidad en la empresa
María Martini
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30 de enero de 2016  

Los hermanos David y Danilo Ghirardi y su sobrino Martín Castelli (centro) mejoraron la renta de la empresa al abrir un canal de venta al público
Los hermanos David y Danilo Ghirardi y su sobrino Martín Castelli (centro) mejoraron la renta de la empresa al abrir un canal de venta al público Fuente: LA NACION

Cuando arrancaron en diciembre de 2011 con una carnicería propia de venta exclusiva de cerdos en pleno centro de Chañar Ladeado, una localidad santafecina con 5800 habitantes, les decían que estaban locos. El primer carnicero que contrataron les pronosticó que, con suerte, venderían seis animales por semana, lejos del objetivo que se habían trazado de vender diez. Igual siguieron adelante, aunque nunca calcularon bien lo que vendría. La sorpresa fue total cuando, al finalizar la primera semana de ventas, habían logrado expender 30 animales.

Hoy venden 40 animales por semana, y en diciembre pasado hicieron un pico de 55 animales, con un total de 212 animales en todo el mes que pudieron abastecer a su clientela con lo justo. Hoy siguen a ese ritmo. "El incremento del consumo de diciembre y enero es consecuencia del aumento del precio vacuno", explica Martin Castelli, nieto del fundador y quien ocupa la gerencia de esta empresa familiar que integra los eslabones de la producción porcina desde la granja a la góndola.

David, Marta, Martín Castelli, Carina y Danilo Ghirardi en el local de venta
David, Marta, Martín Castelli, Carina y Danilo Ghirardi en el local de venta Crédito: Marcelo Manera

Si se calcula sobre la cantidad de habitantes de Chañar Ladeado, se venden 22,41 kilos por persona por año, lo que dobla la media nacional de consumo de carne de cerdo.

Será que don Hector Luis Ghirardi, fundador y quien fue el alma mater de la empresa Ghirardi Danilo y David SRL de cría intensiva de cerdos y venta directa al publico, siempre se tuvo fe en todo lo que emprendió. Trabajador incansable desde los 12 años cuando su padre murió, tuvo un camión, una carnicería y más tarde comenzó con la cría de cerdos.

El caso de Establecimiento Don Héctor muestra a un grupo familiar con un sistema de producción altamente eficiente que logró posicionarse como abastecedor seguro y de calidad de una población chica. Logran una alta rentabilidad de su actividad haciendo pié en su propio pago.

"Siempre busquen la calidad", dice Castelli, recordando el consejo de su abuelo fallecido en 2015 a los 67 años. Don Héctor vio la necesidad de incorporar a sus hijos a la empresa familiar. Arrancaron en los noventa engordando cerdos a campo. Primero se sumó Danilo manejando un camión, después Carina en la parte contable y financiera, y David que se dedicó a la producción junto con su padre.

Por el cambio de comederos desperdician menos alimentos
Por el cambio de comederos desperdician menos alimentos

Luego de dos años dejaron el engorde y comenzaron con la cría del cerdo. En 2006 con 46 madres, alquilaron un predio de 10 hectáreas "un bajo lleno de yuyos", cuenta Martin, lo emparejaron y construyeron el actual criadero. Hoy tienen 135 madres en producción, son propietarios del predio y lograron llevar la electrificación rural.

Además de la cría de cerdos, la empresa cuenta con transporte propio para los alimentos que ingresan a la granja. A los capones se los faena para su posterior elaboración y distribución en un local de venta directa al público. Allí despliegan una amplia oferta de cortes frescos y productos elaborados como chorizos y salchichas parrilleros, milanesas, albóndigas, empanadas, hamburguesas, brochets, morcillas, y hasta quesos de cerdo con verduras.

De esta forma, buscan sortear la intermediación y asegurar la calidad desde la producción a la góndola.

No sólo los eslabones de la cadena de producción de cerdos se encuentran integrados en la empresa, sino toda la familia. Seis son los miembros que dedican sus horas a empujar el negocio. Además de los tres hermanos Ghirardi y Martin Castelli, hijo de Carina, la abuela Marta se ocupa de la caja de la carnicería, y Adriana una prima que trabaja en la parte de la elaboración y embutido. El staff se completa con tres empleados más para desposte y elaboración.

La granja es un establecimiento con todas cerdas híbridas y machos terminadores del grupo genético La Botica, con monta natural asistida y un 50% de inseminación artificial. Se maneja una nave de gestación grupal con 8 cerdas cada una, donde permanecen 110 días mientras gestan. No cuentan con maternidad pero tienen tiras de 10 parideras individuales con calefacción en invierno y caños rebatibles que protegen a los lechones recién nacidos. Allí alimentan a las madres dos veces por día en forma manual. El promedio de animales nacidos es de 11,3 por cerda y un destete de 9,15 animales por cerda.

Cuentan también con tres galpones de destete con una capacidad de 320 animales en total, de ladrillo cerámico con techo de chapa y poliuretano, jaulas de piso plástico sobre elevadas, con divisorios cada 24 animales. Allí permanecen durante 60 días hasta que logran un peso promedio de 38 kilos. Luego pasan a dos naves de engorde con capacidad para 700 animales, donde son terminados en 75 días.

La empresa produce ocho tipos diferentes de dietas para cada etapa de la producción en su planta procesadora de alimento. De hecho, la conversión alimenticia de los cerdos mejoró desde 2010, en especial con un cambio de los comederos, de los convencionales a otros seco-húmedos fabricados por don Héctor, que desperdician menos alimento.

Utilizan el grupo genético La Botica porque "en el comienzo, ellos nos dieron varias madres a pagar como pudiéramos, una confianza que es difícil de lograr con un proveedor", recuerda Martin.

Entre las dificultades que hoy afrontan se encuentra la faena de los cerdos, ya que el frigorífico mas cercano, en Camilo Aldao, provincia de Córdoba, no posee tránsito federal. Por esa razón, la matanza y el transporte de las reses hasta la carnicería la realiza un frigorífico de Bell Ville, a 150 kilometros de Chañar Ladeado. Esto les genera un alto costo mensual de transporte. Realizaron gestiones para que el municipio impulse la radicación de un frigorífico en su localidad, pero sin éxito.

Alianzas para seguir creciendo

Sin embargo, lejos de desanimarse, la firma piensa seguir invirtiendo. Su próximo objetivo es instalar una fábrica de desposte y fabricación de embutidos en la localidad para triplicar la producción y lograr la elaboración y distribución de productos congelados como milanesas, hamburguesas, chacinados, y medias reses a otros mercados e incluso hasta Buenos Aires.

"La idea es integrarse con tres productores porcinos de la zona que cuentan con la misma calidad genética y nutricional", explica Castelli.

El proyecto en cuestión es una inversión de 600.000 dólares que van a financiar de tres fuentes: con capital propio, con la incorporación de socios y a través de un crédito.

Además, previendo el futuro crecimiento de la producción, la familia Ghirardi acaba de realizar un acuerdo comercial con una firma distribuidora que posee diez puntos de venta de carne porcina y de pollo en el gran Buenos Aires para abastecerlos con cortes frescos y productos elaborados.

Desde el inicio no dejaron de crecer en ventas y producción

200

mil kilos de carne

Fue el pico de producción anual logrado en 2013

20%

aumento de ventas

Desde su inicio no pararon de crecer en ventas a un ritmo promedio del 20%

135

madres en producción

Cuando arrancaron en 2006 tenían 46

8

empleados

Son los que trabajan en la firma, de los cuales 5 son miembros de la familia

30

animales

Fue lo que vendieron la primera semana que abrieron el local en diciembre 2011. Esperaban vender 10. Hoy venden 40 animales por semana.

150

kilómetros

Es la distancia que los separa del frigorífico más cercano con tránsito federal. Les genera un alto costo mensual de transporte.

28%

aumento de costos

Fue la variación que tuvo el costo fijo de producir un kilo de cerdo luego de la devaluación. Pasó de 11,30 pesos el kilo a 14,50 pesos. La reducción de las retenciones a la soja y la quita para el maíz luego de la salida del cepo cambiario provocó el incremento de costos de producción

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