La afluencia de capitales destinada a la instalación de establecimientos agropecuarios contrasta con las limitaciones económicas de las explotaciones tradicionales para reconvertirse
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LA RIOJA.- Esta provincia es una de las que registraron mayor inversión privada en los últimos años, debido a los regímenes promocionales que alentaron la radicación de industrias y de establecimientos agropecuarios.
El impulso económico que genera la afluencia de capitales es el perfil sonriente de esa geografía en la que los encadenamientos montañosos y el clima semiárido limitan las posibilidades productivas.
La lucha por la subsistencia que encaran los pequeños y medianos productores se ha convertido en el panorama tradicional que aparece tras el tupido monte, donde imperan el quebracho, el algarrobo y el retamo, o en medio de zonas desérticas.
Las viviendas fabricadas con barro y paja, los primitivos corrales para las cabras y los vacunos, la pequeña plantación de tunas y la aguada, conforman el escenario en el que transcurre la silenciosa vida de los trabajadores rurales que sobreviven gracias a la venta de animales o a los ingresos de un familiar, que tuvo la bendición de haber alcanzado un empleo público.
Muchos de ellos ni siquiera son titulares de la tierra e integran los campos comuneros, donde conviven muchas familias que arrastran, como un legado, la falta de mensura de sus campos y de juicios sucesorios. Generación tras generación, los jóvenes heredan la vocación por el éxodo rural y los polvorientos asentamientos se transforman en el recóndito destino de niños y ancianos.
La realidad pecuaria está signada por el desgaste del suelo, que genera el intenso pastoreo, y la falta de bebida para el rodeo vacuno, cuando finalizan las lluvias del verano, factores que determinan la baja receptividad de los campos ganaderos de los llanos. La obtención de agua mediante perforaciones, la implantación de pasturas subtropicales, la división del terreno en potreros y la renovación del plantel con otras razas, son alternativas que sólo pueden tomar los que tienen una gran magnitud productiva.
Para un establecimiento pecuario pequeño o mediano, las limitaciones que impone la naturaleza a la eficiencia agropecuaria son muy difíciles de revertir, pues suponen la inversión en obras de infraestructura y el consecuente endeudamiento bancario.
Cuando la sequía se torna en castigo prolongado para un suelo sediento y la renovación del pastizal es interrumpida por el infatigable paso de la hacienda, la crisis deriva en la venta del rodeo o de una parte de él.
Realidad agrícola
En los valles y las sierras del Noroeste, se concentra el 75% de la superficie cultivada con vid, nogal, olivo, jojoba, frutas de carozo y hortalizas. El estado precario de los canales de riego y el deficiente manejo de los mismos determinan que sólo el 1,3% de la superficie provincial sea potencialmente cultivable, puesto que la aridez hace imposible la agricultura en secano.
En este mapa productivo resulta evidente la preponderancia de los minifundios, es decir, fincas de menos de cinco hectáreas, que no alcanzan una escala mínima rentable y no tienen posibilidades para acceder a la renovación tecnológica.
La curva descendente en los rendimientos de las plantaciones de fruta, que llevan varias décadas en producción, la deficiencia tanto para captar el agua del deshielo como para distribuirla en los predios y la tradición de monocultivos, son las barreras que se deben superar en la zona agrícola.
"Potenciar al pequeño productor para que aumente sus ingresos y para que su trabajo rural represente una opción laboral significativa son objetivos del Consorcio de Usuarios del Agua de Nonogasta. Además, se intenta diversificar con hortalizas u otras variedades de fruta para obtener varias cosechas al año y para evitar la dependencia de los fenómenos climáticos", explicó Roberto Sacca, responsable de la entidad.
El productor explicó que hace más de una década que se postergan los trabajos de mantenimiento de las acequias, por lo que la infiltración y la evaporación son altas. Por ese motivo, se junta dinero para encarar las obras y alcanzar el riego presurizado.
Desde los viñedos
La vitivinicultura es la opción productiva que ocupa mayor superficie en la provincia: alrededor de 8300 hectáreas. El centro de la actividad es el Valle de Antinaco Los Colorados, donde Chilecito y Nonogasta concentran casi la totalidad de las plantaciones y de las bodegas.
En estas últimas, durante el período 1990-1995, el flujo de inversiones permitió mejorar el proceso de envasado y adecuar las instalaciones para la elaboración de vinos finos.
En esta zona se observa el contraste entre los minifundios y las fincas en las que se emplea tecnología de avanzada.
Para los pequeños y medianos productores, la posibilidad de entregar su cosecha a la Cooperativa Vitivinifrutícola de La Rioja es una alternativa conveniente pues, se aseguran el cobro en los primeros días de cada mes; reciben asesoramiento sobre poda, curación de plantaciones, recambio de variedades y riego; tienen un seguro contra la piedra, y pueden acceder a un crédito para la vendimia, que gestiona la institución.
Este año, la cooperativa acopió 56 mil toneladas de uva y elaboró 44 millones de litros de vino. Gracias a que la venta de los productos se apoya en una sólida cadena de distribución, que llega a los principales centros de consumo nacionales y a 16 países, la cooperativa alcanza una facturación anual de US$ 31 millones.
La entidad nuclea a 640 asociados, entre los que se incluyen productores que aportan desde 2 hasta 4000 toneladas de fruta. Alrededor del 12% de ellos, concentra el 80% de la producción y es el estrato que, si bien lleva adelante una estructura eficiente, arrastra deudas con el Banco Nación.
Con el objetivo de asistir a los minifundistas, de modo tal que logren diversificar la producción y adoptar el riego por goteo, la cooperativa firmó recientemente un convenio de financiamiento y cooperación técnica con el BID.
Bonanza para la olivicultura
La producción de olivo se desarrolla fundamentalmente en el departamento de Arauco. El 70% de la cosecha se comercializa como aceituna de mesa y el resto se destina a la elaboración de aceite. En los últimos años se registró una significativa expansión del área implantada, a consecuencia de la aprobación de nuevos proyectos de diferimiento y desgravación impositiva.
Las nuevas explotaciones se caracterizan por un elevado nivel tecnológico durante el período de siembra, el crecimiento y la cosecha de plantas.
La Rioja se especializa en la elaboración de aceitunas verdes y negras, en salmuera, destinadas en su mayoría al mercado externo. Por ello, durante los primeros años de esta década se produjo un importante flujo de inversiones destinado al proceso de elaboración de aceitunas en conserva, con el objetivo de mejorar las etapas de fermentación, fraccionamiento y envasado.
El olivicultor tradicional es minifundista, obtiene como promedio una tonelada de aceitunas por hectárea y vende a un precio de $ 0,80 por kilo a las industrias de la zona. Con estos números, logra mantener una economía estable. Sin embargo, para mejorar las condiciones de su finca mediante la adopción de tecnología se ve obligado a endeudarse.
Perspectivas para los agricultores
Desafíos: mientras se expanden las plantaciones de jojoba, la renovación de variedades de nogal y la optimización del riego en la horticultura son las asignaturas pendientes.
AIMOGASTA, La Rioja (De una enviada especial).- El cultivo de jojoba es una alternativa recientemente adoptada en la provincia, pero ésta es la primera productora nacional de semillas y la única en la que se elabora aceite.
Aunque las primeras plantaciones son de principios de la década del ´80, este cultivo se ha desarrollado gracias a la aprobación de nuevos proyectos de diferimiento y desgravación impositiva.
La producción de semilla se realiza en explotaciones intensivas y tecnificadas y se destina en su totalidad a la elaboración de aceite, insumo muy requerido por la industria cosmética.
"Decidimos cultivar cien hectáreas de jojoba -en una densidad de 1200 plantas cada 10.000 metros cuadrados- por tratarse de una planta que se adapta a la escasez de precipitaciones y a suelos áridos. Gracias a la fertiirrigación, esperamos obtener 1500 kilos de semilla por hectárea para abastecer a las aceiteras de la zona", indicó Guillermo Abud, uno de los responsables de la finca Valles de Anillaco, empresa que tiene un compromiso de inversión de US$ 45 millones (para la producción de aceitunas, pistacho, almendras, higos, jojoba y aceite de oliva).
En busca de renovación
La Rioja obtiene el 37% de la producción nacional de nueces. El departamento de Famatina concentra la mayor superficie implantada de la provincia. Allí, más de 600 explotaciones cuentan con menos de una hectárea y la variedad que predomina es la criolla (que es castigada con severidad por las heladas y sólo ofrece rindes que oscilan entre 500 y 800 kilos por hectárea). A eso se suma la ineficiencia del riego por manto (se calcula que cada planta recibe sólo el 27% del agua que necesita, pues se irriga sólo cada 24 días) y la avanzada edad de los árboles en producción. Para reactivar la economía de los pequeños productores, el INTA impulsa el reinjerto con variedades finas californianas y de brotación tardía, que logran desde 1000 hasta 2500 kilos por hectárea. Por el momento, casi el 50% de las explotaciones sólo cuenta con el 10% de su plantación renovada, pues la economía familiar no puede esperar a que la totalidad de los nogales vuelva a iniciar su producción regular.
Por otra parte, para alcanzar mejores precios se intenta volver a poner en marcha la cooperativa de la localidad de Campanas mediante un crédito del BID.
Desafíos para los horticultores
Para los pequeños productores hortícolas -que apuestan al pimiento, la cebolla, el tomate, el ajo, el zapallo y las verduras de hoja-, la mayor limitación es la escasez de agua y la falta de capital para invertir en sistemas de riego localizado.
Optimizar la comercialización mediante la identificación del producto en la finca es una asignatura pendiente que les permitiría obtener precios más alentadores en la venta a los puesteros de mercados de Buenos Aires, Mendoza, Córdoba, Santa Fe, Rosario y Tucumán.
La unión de ocho productores de Chilecito para vender pimientos en forma conjunta -previa contratación de una consultora para identificar mercados y capacitarse en estrategias de colocación del producto- es un ejemplo del éxito que se logra al sumar esfuerzos. Cuando en la zona se logran precios de $ 3,50 por cada caja de 14 kilos de pimiento, este grupo obtiene no menos de $ 4,70.
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