
Buenas perspectivas para una de las actividades más reconocidas hoy por los mercados internacionales
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Aunque sin llegar a cumplir por completo las expectativas que generaba hace cinco años, la helicicultura brilla aún como una alternativa seductora.
Por lo visto, el molusco de la casita a cuestas que allá por 2001 empezaba a gozar las mieles del estrellato no se resigna a volver a su antiguo status de bicho feo e insignificante.
En los momentos en que la crisis económica llevaba a algunos argentinos a la desesperación, hubo muchos que empezaron a ver en las producciones alternativas una tabla de salvación.
La helicicultura se convirtió en una de las opciones que más promesas de rentabilidad ofrecía.
La creciente demanda de caracoles comestibles en Europa y la poca inversion económica que requería pintaban la posibilidad de un camino prometedor,
De pronto, en muchos rincones del país la gente empezaba ya a observar con menos indiferencia el silencioso deslizar del animalillo por las paredes de su jardín.
"Los helicicultores hemos logrado el principal de los objetivo propuestos, puesto que entramos ya en el mercado mundial", comentó el ingeniero Marcelo García, del INTA Cañuelas, quien refirió que durante el año pasado se exportaron unos 40.000 kilos.
El optimismo que ello genera en los entusiastas del rubro queda un tanto empañado cuando se advierte un hecho que García señala como evidente: la significativa merma de la producción, un dato que resalta a poco que se contrasten los números de éste año con los de los anteriores.
La causa de esta disminución, según el especialista, debe buscarse en un hecho que resultará algo desconcertante para el observador desprevenido: la mayor oferta de empleo en el rubro de la construcción.
Lo cierto es que la recolección de caracoles silvestres era una tarea que estaba a cargo, en su mayor parte, de desocupados que disponían de todo el tiempo posible para recorrer la costa en una búsqueda minuciosa de cuanto molusco aparezca en las playas del litoral atlántico.
"Muchas de éstas personas consiguieron ahora un trabajo más estable", comentó García.
Sin embargo, esta circunstancia no arredra a los helicicultores que advierten en la generosidad de los mercados externos un panorama para nada desalentador.
"El que decide encarar la cría del caracol -advirtió García- sabe que se encontrará con los riesgos de todo emprendimiento, pero siempre estará seguro de que está produciendo algo que cuenta con una demanda sostenida."
Los europeos obtienen su mayor producción en el verano y cuando les llega el invierno tienen muy baja producción, pero -explicó García- "como el invierno de ellos corresponde a nuestro verano, ahí entramos los argentinos".
Cabe destacar que en el mundo se consumen anualmente 300.000 toneladas de carne de caracol. Esta cifra es incrementada año tras año a tal punto que, según García, "se calcula que, en unos 20 años la cifra se quintuplicará, llegando a demandarse 1.500.000 toneladas".
El helicicultor recalcó, asimismo, que para seguir adelante y superar las metas alcanzadas es preciso evitar algunos errores que, en su opinión, han trabado el progreso del rubro.
"Hay gente -explicó- que al dictar sus cursos de capacitación lo hizo sobre la base de una literatura extranjera que no se ajusta para nada a las condiciones concretas de nuestro país. Por eso, el INTA viene trabajando para modificar el sistema y adaptarlo a nuestras circunstancias, con las características propias de su clima y su suelo, que no son las mismas que las de los otros países".
En el jardín de casa
Aunque existe una gran diversidad de especies, los helicicultores argentinos han elegido trabajar de preferencia con el Helix aspersa , que es la que puede encontrar cualquiera en el jardín de su casa.
"Esta especie -expresó el helicicultor del INTA- presenta todas las virtudes posibles: no sólo es el más adaptable y el que goza de mayor fertilidad, es también el que cuenta con los mejores precios y con la mayor demanda por parte de Europa.
Como contrapartida del prestigio universal de que goza este pequeño y rentable molusco, los argentinos siguen desterrando al caracol de sus menús. El consumo interno es aún una deuda pendiente.
Consejos para tener en cuenta
En los cursos dictados en el INTA y organizados por los 100 productores nucleados en la Asociación de Helicicultores, que incluye a varias asociaciones y cooperativas, se recomienda a los neófitos iniciarse en una superficie chica, aproximadamente 1000 metros cuadrados, en la que se obtendrá una producción de entre 5000 y 6000 kg/ha/año.
Estos resultados llegarán entre los 12 y 18 meses desde la reproducción. El costo de la instalación del criadero puede oscilar entre los 3 y los 6 pesos por metro cuadrado incluyendo los gastos de funcionamiento del criadero en el primer año de armado.
Hay otro consejo que se reitera de labios de los especialistas en Helicicultura: el de la conveniencia de comenzar por el sistema de campo o extensivo, que es más simple y que sólo más adelante se haga un emprendimiento mixto.
En este último, los reproductores y los caracoles, hasta los dos meses están en un lugar cubierto, el engorde se hace a campo.
En el totalmente extensivo, se tarda un año o año y medio hasta que el caracol está listo. En el sistema mixto se puede adelantar hasta dos o tres meses.
Según explicó el ingeniero agrónomo Marcelo García, del Inta Cañuelas, "con un sistema extensivo, totalmente a campo, se necesitan unos 50.000 reproductores. Para un mixto, se requieren 20.000".





