Dejar de vacunar..., ¿cuándo?

Alberto de las Carreras
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22 de agosto de 1998  

Durante el encuentro organizado por La Nación en la exposición de Palermo, sobre la conveniencia y oportunidad de dejar de vacunar contra la aftosa, me privé de emitir opinión ante la reiterada y atinada apelación del coordinador que pedía preguntas en lugar de comentarios.

No soy sanitarista, pero participé en este debate internacional. Desarrollé los conceptos de "riesgo cero", demostrando que es insostenible y al mismo tiempo el de "riesgo mínimo" (Reunión de Ministros, Washington, 1978), criterio hoy adoptado en la Organización Mundial de Comercio (OMC). Luego opiné sobre la casi similitud entre "libre sin vacunación" y "libre con vacunación", situación ésta muy recomendable para naciones con amplias fronteras (Cosalfa, Montevideo, 1991). Ambos conceptos fortalecieron la tesis argentina relativa a la condición de barrera no arancelaria que tiene la prohibición del comercio de carnes, aplicada por importantes naciones, ha fortalecido esta concepción en la materia, muy ligada al tema en discusión.

Después de 5 años de haber erradicado la aftosa, es pertinente dejar de vacunar. Hay que ejecutar previamente un programa consistente en vigilar fronteras, rastrear la presencia de virus, destruir ciertos residuos en los aeropuertos, disponer de bancos de vacunas y antígenos, despertar la cooperación general para informar cualquier sospecha de enfermedad y sin agotar el recetario, disponer de recursos para la rápida indemnización de productores cuyo ganado haya sido sacrificado.

Experiencias útiles

En Canadá, en 1951, se controló un foco sacrificando sólo 1705 cuadrúpedos de varias especies con un costo de 1 millón de dólares de Canadá y de esa fecha.

En 1967-68 el famoso foco británico que tanto nos costó comercialmente a nosotros, obligó a sacrificar 634.000 animales con un gran costo.

Pero recientemente, la cantidad de ganado sacrificado en ocasiones parecidas aunque no similares, ha crecido notablemente. En Taiwan, libre de aftosa sin vacunación, las cifras extraoficiales indican una matanza de 3 o 4 millones de cerdos.

En otro rincón del planeta, en Holanda, Alemania, Bélgica y España, países libres de peste porcina sin vacunación, la magnitud de los sacrificios no fueron inferiores a la de la isla asiática.

Sofocar rápidamente entre nosotros un brote en una región fronteriza con un número de sacrificios poco importante resultaría intrascendente. Es el escenario más probable y más deseable. Otro sería el cantar si la detección del brote no fuera inmediata y ocurriera una gran dispersión geográfica de ganado afectado, que en nuestro país resulta factible. Como esto es también un escenario previsible deseo contribuir con reflexiones.

En el baile hay que bailar

Tener la disposición de sacrificar una gran cantidad de animales requiere una preparación previa de la sociedad, no sólo de sanitaristas y núcleos calificados de productores. Requiere concientizar a legisladores y funcionarios de altas y variadas jurisdicciones acerca de lo que involucra la decisión de dejar de vacunar. En caso de tener que sacrificar ganado, ellos tendrán que sumarse a la decisión y aportar firmeza y contribuciones económicas.

La Argentina sacrificó animales por razones sanitarias. La última vez ocurrió hace pocos años con varias decenas de miles de ovinos en la Patagonia.

En esa oportunidad se alzaron importantes voces de dirigentes contrarios al sacrificio. La distancia del lugar amortiguó la difusión gráfica y televisiva del suceso. Con viento a favor no habría en un caso así, entre nosotros, una fuerte reacción de los defensores de los "derechos de los animales", que tanta influencia tienen en Europa.

Por eso estimo que hay que tener una preparación adecuada para afrontar hechos de mayor envergadura sobre todo si se refieren a vacunos que no sólo se vinculan con hechos que repelen la conciencia humana sino que constituyen símbolos de riqueza y prosperidad. Viene al caso con las diferencias cronológicas y culturales, la anécdota que me refirió el prestigioso doctor Rivenson, al recordarme que en México, cuando la campaña de erradicación en los años cincuenta, un grupo de indios "sacrificó" a varios veterinarios que venían a matar a sus animales.

Una gestión indispensable

Los comentarios precedentes no expresan de ningún modo mi oposición a dejar de vacunar. Deseo recordar al respecto que cuando se trató de matar decenas de miles de ovinos en la Patagonia fui uno de los pocos que concurrió a la prensa y a los medios en general para brindar apoyo al operativo por constituir el mejor medio para demostrar al mundo la decisión nacional respecto de la erradicación de la aftosa.

Lo que importa ahora es el cuándo, razón por la cual agrego a lo que escuché en la reunión, la preparación del terreno con componentes no sólo sanitarios sino otros de naturaleza política, logística, administrativa y de comunicación social.

El cuándo puede significar alguna dilación respecto de decisiones próximas. Como aprecio que la premura en suspender la vacunación tiene alguna relación con la apertura de mercados aún ligados al inexistente "riesgo cero", como es el caso de Japón y Corea del Sur, creo que la visita de Menem al primero de ellos debería ser aprovechada para efectuar una gestión previa de gran importancia.

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