
Las ofertas varían y hay para todos los gustos; los cassettes de Los Hechiceros compiten con falsas espadas de oro y, por qué no, con un raro aguardiente croata.
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"Oferta el fuentón", dice un letrero hecho a mano en uno de los pabellones de la Rural. Más abajo agrega, "¡revuelva y llévese lo que quiera por dos pesos!". Y lo que hay junto a la base del cartel es una gran palangana de metal con ropas de los más diversos colores, medibachas, remeras marrones, musculosas fucsias y shorts con tonos que van desde la mostaza del pancho hasta el verde de la cotorra.
La gente se detiene y revuelve. Algunos se animan y compran. "¿Total por dos pesos qué pretendés llevarte?", le decía ayer una señora a otra sin lograr convencerla.
Como si fuera un gigantesco almacén de ramos generales, un imponente shopping o esas grandes tiendas que proliferaban en el barrio del Once, en donde siempre existía la oferta "el fuentón", en Palermo se puede comprar de todo. Maquinarias que superan los 100.000 dólares, ropa de marca famosa o un Buda de bronce que, sentado sobre un estante del stand de la India, espera que alguien se lo lleve después de pagar 250 pesos.
Como en botica
Hay de todo. Por ejemplo anteayer se vendió un toro Polled Hereford en 40.000 dólares. Pero ya no quedan más y a ése se lo llevaron para el campo Gregorio, Numo y Noel Werthein, los dueños de la cabaña La Paz.
Un barco pesquero de más de siete metros de largo con motor diesel y casco amarillo, construido en los Astilleros Río Santiago, se ofrece por 35.000 dólares muy cerca de una cortina de baño, que por 25 pesos se luce a poco de ingresar en el gran stand de 5500 metros cuadrados de la provincia de Buenos Aires.
Allí mismo aparecen productos alimenticios como un frasco de miel de un kilo y medio ($ 5,50), los alfajores del Delta (8 pesos la caja) o los reconocidos fideos Don Vicente, de Mar del Plata, a precio de supermercado.
Una vincha de mujer forrada en genero floreado sale $ 1,99, mientras que un silo cerealero para 175 toneladas, ubicado junto al pabellón de ovinos y expuesto por la fábrica Trafer, cuesta 4000 pesos más IVA.
Hay cosas caras y buenas, como un brillante cuchillo de monte que con la alemana y perdurable hoja Arbolito se luce en una vidriera, junto al pabellón de los equinos y con un cartelito de $ 285 a su costado.
Justamente por allí se aloja la yegua Criolla Ñi Tasa Variable, que hace un par de días y en subasta pública, el expositor Carlos Dowdall le entregó por 12.000 pesos al veterinario Santiago Tapia: "¡Vendida!".
Cosas de las más impensadas se pueden adquirir en el pabellón Frers, el gran edificio que da a la avenida Santa Fe. Allí hay unos elefantitos hindúes de piedra ($ 10), unos económicos pero de no muy buen gusto ceniceros eslovacos ($ 4,99) o unos conjuntos colorados de bombacha y corpiño ($ 15).
Para seguir revolviendo hay otra palangana, pero acrílica y que invita a hacerse de un set de cinco cassettes musicales por solo 19 pesos. Los intérpretes son tan variados como desconocidos y luego de una exhaustiva selección, un señor sacó un billete de 20 y se llevó cintas de Los Hechiceros, Rubén Miño, Fiesta Siciliana, Los Mirlos y el Grupo Llamarada.
Por 12 pesos, los nostálgicos del humor pueden adquirir el buzo "Rucucu", que de color negro lleva en su frente la cara del recordado Alberto Olmedo. En el stand de al lado, los ecuatorianos venden unos interesantes sacos de lana de llama (45), animales que hace unos días llegaron a venderse en 5000 pesos.
Detrás de la cursilería de un ramo de calas de plástico ($ 15 por cada flor) aparece un cartel increíble en donde la fortuna o la desgracia espera a la gente debajo del lomo de unas barajas de tarot. La buenaventura también tiene precio, el mismo de las calas.
El loco de la espada
En el stand de Bolivia hay un par de medias de lana de alpaca ($ 5,99) que aseguran poder contra cualquier frío, pero la gran sorpresa espera en el pabellón tres, en donde hace años solían alojarse los chanchos.
Allí, en donde habitan los sirios, hay un hombre con turbante que amenaza con una espada dorada de un metro de largo. En realidad la única amenaza es para quien la compre, porque le prometerán que el supuestamente decorativo armamento está todo bañado en oro, cuando en realidad no vale más que 100 pesos.
Vale gastar 30 pesos y tener un video como el de la jineteada "La media caña", de los pagos de Ayacucho, aunque los croatas, tan de moda, lo tienten con una botella de Maraska por 10 pesos.





