
Es un vistoso cormorán que tiene plumaje negruzco y pico con un gancho en la punta
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PARANA.- Más de 80.000 ejemplares de biguá fueron avistados y estudiados en una pequeña isla al sur de la ciudad de Diamante, en Entre Ríos, formando una poderosa colonia que aprovechó los peces del río Paraná para su dieta y la soledad islera para la reproducción.
Las aves registradas por estudiosos del Centro de Investigaciones de Diamante, dependiente del Conicet, y del Parque Nacional Pre Delta, estuvieron durante dos temporadas en una pequeña isla entrerriana frente al canal principal del Paraná y a la isla santafecina Campo del Rico, que es una reserva natural.
El biguá (Phalacrocorax olivaceus) es un vistoso cormorán de hábitos ribereños con plumaje negruzco, cuello largo, pico también largo, con un gancho en la punta. Además, tiene la particular costumbre de pasar horas posado en una rama con las alas extendidas para secarse al sol después de las zambullidas en busca de peces.
Sorpresa mayúscula
"Fuimos a ver la isla con guardaparques del Parque Nacional Pre Delta, porque llegó la información de que había una nidificación de biguás muy importante, como una colonia que se había instalado. La sorpresa fue mayúscula cuando llegamos ahí, porque de lejos nomás podíamos divisar que el lugar ya se diferenciaba del color verde de las islas circundantes, como un punto blanco. Cuando nos acercamos más, pudimos observar que la cantidad de biguás existentes era enorme", dijo el doctor en biología Pablo Aceñolaza.
"Se estimaron más de 80.000 individuos para la isla, entre pichones y adultos. De 6 a 8 nidos por árbol, de media. Yo estuve estudiando la modificación que produjo esa colonia sobre la vegetación. En resumen: se disminuyó la cobertura vegetal al momento de la nidificación. Posteriormente, la recuperación de ésta fue importante con una fuerte componente de biomasa de ortiga brava (Urera aurantiaca Wedd) que es una planta típicamente nitrófila, es decir: crecen bien donde hay guano", añadió.
"Las aves regurgitaban, por una cuestión de estrés, me imagino, que se producía cuando entrábamos nosotros a observarlas. Para evaluar qué habían regurgitado, juntamos peces diversos. Un especialista de la provincia, Danilo Demonte, me dio una lista de las especies, y el estudio muestra la capacidad del biguá para pescar: muchísimas boguitas, sábalos, mojarras de diferentes especies", explicó Aceñolaza.
El especialista también comentó: "En algunas oportunidades se trataba de ejemplares de 10 centímetros. Al año siguiente volvimos, después de que se fueron. Evidentemente termina el período de nidificación, empiezan a volar los pichones, y se van. Entonces, la recuperación de la vegetación era notable. Ya la isla se presentaba verde, con muchísima vegetación".
Descubrimiento
Por su parte, el paleontólogo Jorge Noriega, director del Centro de Investigaciones de Diamante, destacó al biguá entre las especies descubiertas en las exploraciones sobre fósiles de aves antiguas que se desarrollaron en la costa del río Paraná.
"Resulta particularmente interesante el hallazgo de restos fósiles pertenecientes a una especie de biguá víbora (o anhinga gigante), cuyo nombre científico es Macranhinga paranensis, que habitó las márgenes forestadas de aquel primitivo río Paraná", explica Noriega con entusiasmo.
Mientras el biguá de la colonia tiene el pico con un gancho en la punta, el biguá víbora (Anhinga anhinga) posee un pico recto que usa para la caza a manera de arpón, dijo Noriega a LA NACION.
"Si tenemos en cuenta que el promedio de la masa corporal de una anhinga viviente es de 1,6 kilos, y que aquel estimado para la especie fósil del [período] "mesopotamiense" ronda los 5,4, queda claro que esta última era un ave gigantesca", explicó el investigador en una publicación de la revista Ciencia. La época mencionada es posterior a la ingresión marina.
En este punto es donde cabe la pregunta: ¿por qué la isla era blanca, si los biguás son negros? Aceñolaza lo aclaró rápidamente: "Cuando nos acercamos a las aves, para sorpresa nuestra vimos que ese punto blanco que divisábamos era producto del excremento de los biguás. La cobertura vegetal, por la cantidad de pájaros existentes, era prácticamente nula. Había desaparecido el follaje, y estábamos sobre fines del verano. El excremento fue matando todo el follaje verde, no había nada, nada verde.
"Hay explotaciones de guano de pájaros en Perú, que se realizan en condiciones de nidificación similares a ésta. No se trata de una circunstancia extraña. Tal vez sí lo es para la zona, para la que resulta una cuestión poco común y llamativa", concluyó el experto.






