
Una exquisitez: en la zona norte se consume la carne, que es blanca y la comparan con la de la rana; este mercado no está explotado.
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Durante años, el cuero del lagarto o iguana argentinos fue un negocio redondo. Destinado a la fabricación de la "auténtica" bota texana, tenía a Estados Unidos como comprador fijo, una demanda sostenida, buenos precios y una inversión mínima, la indispensable para extraer el producto que provee nuestra madre naturaleza.
Sin embargo, un sistema productivo tan elemental que no incorpora valor agregado se encuentra sobreexpuesto a los vaivenes del mercado con el riesgo de no tener capacidad para dar respuesta a los cambios. Y sucedió lo que era posible que suceda: el gran comprador descubrió un lagarto más grande en Africa, denominado varano, que si bien no tiene el dibujo tradicional para sus modernos "cowboy", no tiene restricciones de caza.
En el Area de Producción de Productos No Tradicionales de la Facultad de Agronomía (UBA), un grupo de especialistas desarrollan líneas de investigación orientadas a lograr una producción más eficiente mediante el mejoramiento reproductivo. "Sólo cuando alcancemos estos objetivos, vamos a empezar a competir y a explotar un mercado, por naturaleza ventajoso para el país", sostiene la ingeniera Olga González.
La iguana o lagarto overo y colorado son dos especies nativas argentinas denominadas científicamente Tupinambis téguixin y colorado. Se distribuyen geográficamente desde el sur de la provincia de Buenos Aires hasta el norte de Salta y Jujuy. Mientras el overo habita zonas húmedas, el colorado vive en zonas más áridas. Comúnmente, se lo asocia con un dinosaurio chiquito. Sus ancestros son los primeros reptiles del planeta. Sexualmente maduros a los 2 o 3 años, se reproducen solamente en primavera y la hembra pone entre 25 y 35 huevos. Durante el invierno, entra en las cuevas para dormir y comienza un período de letargo desde mayo hasta agosto. Cuando la temperatura y la luz vuelven a ser más intensas, sale y su primera actividad es la reproducción. Justamente, en ese momento comienza la caza, prácticamente sin control. Así, se ejerce una gran presión sobre la especie porque se está cazando hembras con huevos machos que van a servir a hembras.
Defensa de la especie
En cuanto a la cuestión ecológica, sucede algo curioso: el lagarto no es un animal "bonito" que se utilice para una suntuosidad como el zorrito o el bambi. Más bien es un bicho feo. Por lo tanto, toda la corriente de defensa de especies animales no puso tanto hincapié en este reptil poco agradable. Lo mismo sucede con la víbora. Entonces, no hubo tanta presión como para que no se utilice su cuero. Y de hecho se utiliza mucho. "Cuando la exportación aumenta, se ven menos lagartos en el campo al año siguiente. A simple vista se nota la merma de animales debido a la presión de su caza", observa la ingeniera.
Se intentó frenar la caza indiscriminada de este animal categorizándolo en especies cuya caza está reglamentada. La guía CITES (Convención Internacional de Tráfico de Especies Salvajes) es un requisito fundamental para la exportación de lagartos. Además, la Dirección Nacional de Fauna reglamentó una serie de normas orientadas a conservar la especie natural.
"Digamos que la reglamentación existe pero, como muchas cosas en la Argentina, deficiente, mal instrumentada y con poca presión de policía. Una de las primeras medidas que se deberían tomar -según González- es prohibir la caza de animales en ambientes reproductivos."
Cuando la Dirección de Fauna decidió reglamentar la caza del lagarto, se consideró que los 2,5 millones de cueros exportados a Estados Unidos constituía un número excesivo y se fijó el límite de 1 millón de cueros que provengan de la naturaleza. "A ciencia cierta, los que trabajamos con este animal nunca supimos de dónde salió esta cifra". También se establece que 10% debe ser monitoreado o medido en las barracas por gente designada para el caso. Si los cueros son muy chiquitos, quiere decir que se están cazando animales muy chicos y, por ende, hay una presión sobre la especie. Si los cueros son grandes quiere decir que la especie se está manteniendo en su supervivencia. Pero la realidad no dice lo mismo que la letra de las reglamentaciones. No se han monitoreado 100.000 cueros por año sino a lo sumo 10.000. Entonces, no se sabe qué está pasando con la especie.
En 1986, en pleno auge de las exportaciones, el proyecto Tupinambis proponía la producción de lagarto en criadero con financiación externa. "Se instalaron criaderos con veinte o treinta animales pero, en realidad, los cueros que se vendían provenían de animales de la naturaleza que se los hacía pasar por el criadero. Se trataba de un blanqueo de cueros. Hasta hoy, la situación sigue igual. Nosotros como investigadores nunca tenemos acceso a un criadero, a pesar de haber viajado por varias provincias y con invitación especial". Los criaderos, por más eficientes que sean, no pueden competir con el que le da un palo y lo mete a la bolsa. Lógicamente, a este último la producción le sale muy barata: no monta una infraestructura, no gasta en alimentación, luz, personal y con el agravante que no se paga un precio distinto por un cuero de criadero que por uno de la naturaleza.
Para González, incentivar la labor del criadero se traduce en fomentar el valor agregado en el cuero. Hubo intentos de cortar el cuero de acuerdo con el dibujo de la bota. Según sus distintas partes, lleva flores o estrellas. Aprobados por marroquineros norteamericanos, se realizaban los moldes, se teñía el cuero y se vendían los cortes ya hechos.
Convencidos de la viabilidad de los criaderos, los ingenieros de la UBA estudian y experimentan con el objetivo de lograr un animal superior al de la naturaleza. Por ahora, desarrollan una investigación básica de la biología reproductiva y analizan qué tipo de hormonas hay y el ciclo reproductivo anual, entre otros parámetros.
Como se trata de una especie que sólo se encuentra en la Argentina, Brasil, Paraguay y sur de Venezuela, no cuentan con antecedentes de otras regiones, como ocurre cuando se estudian otras especies. Un aspecto aún pendiente es todo lo referido a la explotación de la carne de lagarto, un mercado inexplorado.
Los lugareños del Chaco, Corrientes y Formosa dicen que la cola de iguana es exquisita. Es una carne blanca, parecida a la de la rana y seguramente, comparte las características de las demás carnes silvestres: bajo colesterol y alto contenido de proteínas.
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