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Sea en el lado oscuro de la luna, en el Midwest norteamericano, en Mato Grosso o en la pampa húmeda argentina, China está atenta a sus fuentes de aprovisionamiento y a las diferentes formas de producir alimentos.
El gigante asiático posó esta semana en el satélite natural de la Tierra la sonda Chang'e 4 que en su interior lleva cápsulas con semillas de papa y plantas de arabidopsis para investigar si con baja gravedad es posible cultivar vegetales. El objetivo, en principio, es crear las condiciones para establecer una colonia permanente fuera de la Tierra. No son una novedad estas investigaciones: la NASA y científicos europeos las vienen haciendo hace años en las estaciones espaciales. Por ahora, claro, no es rentable producir en el espacio exterior, pero el horizonte del conocimiento se está expandiendo. El hombre ya es una especie planetaria.
Quizás sea más sencillo predecir lo que ocurrirá con la carrera por la conquista del espacio que las simples cuestiones terrenales de los conflictos políticos entre gobiernos. Estas disputas son las que marcan la incertidumbre en la que se desenvuelve por estas semanas la producción agropecuaria. Hoy eso se refleja en la guerra comercial entre Estados Unidos y China que, en rigor, también involucra la competencia tecnológica entre las dos superpotencias.
La incertidumbre de esa disputa viene marcando la oscilación de los precios de la soja de las últimas semanas. Cada señal o gesto de levantamiento de los aranceles que fijó Pekín a la importación de soja de EE.UU., al 3% que tenía le aplicó un adicional de 25%, hace subir las cotizaciones. "China está viendo cuánto puede sobrevivir sin la soja de Estados Unidos", explica el analista Ricardo Passero, de INTL FCStone Argentina. Pekín bajó los aranceles de importación para consumir otro tipo de harinas y apuesta al adelanto de la cosecha de soja brasileña.
Sin embargo, no tiene los factores en su favor. La expansión de la fiebre porcina africana en granjas de gran escala y la falta de lluvias en Brasil, que amenaza la supercosecha de soja prevista en el país vecino, condicionan su intransigencia en la mesa de negociaciones con Washington. La próxima semana habrá una nueva ronda de conversaciones entre negociadores norteamericanos y chinos.
Mientras tanto, Estados Unidos, con stocks de soja elevados, por ahora espera y juega la carta de las ayudas a sus farmers.
En ese contexto de incertidumbre, al que se suma el cierre parcial del gobierno en EE.UU. que deja al Departamento de Agricultura (USDA, en sus siglas en inglés) sin estimaciones, cada rumor o noticia del conflicto mueve al mercado de granos. "Más que gestos, lo que el mercado quiere ver es si China levanta el arancel y compra 20 millones de toneladas de soja de Estados Unidos", añade Passero.
La Argentina, por supuesto, no es ajena a ese escenario. Hasta el momento, la soja se encamina a lograr un volumen de entre 51 y 53 millones de toneladas, aunque hay dificultades para la implantación de la soja de segunda por los excesos hídricos en diversas regiones de Córdoba, Santa Fe y provincia de Buenos Aires.
El interrogante que se abre es qué ocurrirá con el cambio de reglas de juego por la eliminación del diferencial arancelario de los derechos de exportación entre el poroto de soja y la harina y el aceite. Los analistas del mercado señalan que la exportación mejoró su capacidad de pago, lo que impulsará el aumento de las ventas de poroto. Algunos cálculos hablan de la duplicación de las exportaciones, otros estiman ventas por 16 millones de toneladas. A la industria oleaginosa, que defiende la protección arancelaria, le preocupa la capacidad ociosa de las plantas de procesamiento. "El Gobierno debería mirar con más atención lo que ocurrirá con el principal producto de exportación del país: la harina de soja", señala Passero.
A ese cóctel de incertidumbre externa se le suman los vaivenes de la economía local. Por el momento no hay señales de una baja de las tasas de interés ni es posible predecir el comportamiento del tipo de cambio, más allá del programa de bandas monetarias del Banco Central. En ese caminar a ciegas, los expertos recomiendan recurrir a las herramientas de los mercados de futuros de granos. Sea en la Luna o en la Tierra es mejor andar sobre seguro.





