
Este color de pelo presenta diversas ramificaciones
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En los siglos XV y XVI ya era conocido el término bayo, significaba "color dorado bajo que tira a blanco". Popular se hizo en América del Sur con la llegada de los conquistadores. En idioma araucano (pampa) se conoce como vayú o favú. Para los españoles, el bayo es también sinónimo de isabelino. Los franceses, por caso, lo llaman isabelle .
El origen de isabela o isabelino, según afirman algunos estudiosos, tiene que ver con el sitio de Ostende (1601-1604). Isabel de Austria, hija de Felipe II, había jurado no quitarse la blusa hasta que "se rindiera la plaza". El sitio en cuestión duró ocho meses y cuando Isabel cumplió con su juramento, la prenda había cambiado de color. Desde ese entonces, el nombre del pelaje se difundió por toda España y Europa. Entre 1742 y 1796 ya se distinguían el bayo blanco, anaranjado (sic), oscuro, overo y ruano. Hay un par de datos sobre un bayo pardo, fechados en 1803, suponen algunos escépticos que ese pingo solo galoparía en los campos de la imaginación.
Definiciones
Conocedor de las costumbres del campo argentino, Tito Saubidet en su Refraner define al bayo como un pelaje de "color blanco amarillo anaranjado". Por su parte, Pelajes Criollos , escrito por Emilio Solanet, divide este pelaje en ramificaciones que constituyen términos técnicos; los días de lluvia, los viejos criollos discuten y parecen fundamentalistas a la hora de la definición y, quizá, para ajustarse mejor a la realidad acuden a las parábolas, tal como observa Jorge Luis Borges en alguno de sus maravillosos Prólogos .
La división de Solanet empieza con el bayo blanco, que se trata de un blanco con un ligero tinte amarillento. Admite la rara presencia de cebraduras. Le sigue el bayo huevo de pato, que es de una tonalidad con un mayor porcentaje de naranja. Puede o no ser acebrado. Al amarillo lo define gráficamente: "Como la yema del huevo de gallina extendida sobre una porcelana blanca".
El encerado es, en cambio, más oscuro y se acerca más al color de la cera; sin manchas y limpio de zonas de pelos. El cebruno es oscuro como el anterior, pero lleva superpuestas en algunas partes, como la cabeza y el cuello, un tinte pardo. El ruano es un bayo más o menos oscuro con las crines y la cola blancas. El dorado posee reflejos de oro y el rodado presenta manchas redondas de color más oscuro que el resto de la capa.
El legendario Inca Garcilazo de la Vega menciona un bayo en sus Comentarios reales , en 1553. Hay datos sobre la huida del cacique Cachimichilín, quien se lanzó sobre un bayo en 1596. En el Cantar de Roldán se reafirma la preferencia de los ibéricos por los bayos. Existe, por lo menos desde 1720, una copla referente: "En un bayo cabos negros, que en una andaluza yegua engendró el viento y al padre, con veloz planta atropella".
Los viajeros ingleses que pisaron suelo rioplatense, entre 1806 y 1820, en sus libros no hablan de otro pelaje que el bayo y el gateado. El general Bartolomé Mitre, en La historia de San Martín , refiere que en el combate de San Lorenzo (1813) don José montaba un arrogante bayo de "cola cortada al corvejón". También se cuenta que el cacique Ramón tenía preferencia por los bayos. Dicen que el mejor caballo que tuvo Baigorrita era del mismo pelaje.
Además, luego del crimen de Barranca Yaco (1835), el coronel Francisco Reynafé huye en un bayo, que le había obsequiado el ministro Cullen, con el que llegó hasta los suburbios de Rosario, asegura Ramón Cárcano.
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