
Por los menos lo demuestran los Agrasar, con campos que explotan desde hace más de 30 años en La Pampa
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GUATRACHE, La Pampa.- Hoy resulta difícil para muchas familias agropecuarias mantener una escala relativamente productiva. Frente a ello, uno de los recursos podría ser integrar una asociación o empresa familiar en la que los dueños -o parte de ellos- cubran papeles directivos y laborales, mientras otros solamente serían socios pasivos.
Entre varios ejemplos de empresas familiares están los Agrasar-Vincet, organizados en dos sociedades de responsabilidad limitada: Sucesores de Enrique Agrasar (SEA) y Fortín Once Agroganadera (FOA).
La primera fue formada hace más de treinta años por descendientes de Rosita Vincet y Enrique Agrasar -Abel, Kela, Eduardo, Roberto y Enrique- y es continuación de la sociedad civil existente entre aquéllos y sus hijos.
FOA se conformó posteriormente con los mismos socios de SEA más dos primos -Ramón y Gerardo Agrasar-.
El paso de los años fue modificando la integración de ambas empresas. Fallecido Enrique en 1997, se incorporaron al grupo sus herederos; hace tres años uno de los socios fundadores -Abel Agrasar- decidió retirarse de la actividad, alquilando a sus hermanos la tierra y el capital de trabajo.
Parecida solución se está instrumentando en FOA, uno de cuyos socios falleció y otro manifestó su intención de mantenerse al margen de los vaivenes empresariales.
Las empresas
Actualmente las empresas familiares que nos ocupan trabajan una superficie cercana a las 10.000 hectáreas propias, más una cantidad -variable según los años- de tierra arrendada. Una tercera parte la recibieron por herencia; el resto se incorporó por compra. Los establecimientos están ubicados en La Pampa y Buenos Aires. Todas las superficies fueron adjudicadas individualmente y sus dueños las ceden a las dos empresas para trabajarlas asociados.
"Tener cada uno su título de propiedad -explicaron- es un seguro para evitar conflictos en una empresa familiar, tal como lo comprobamos ante el fallecimiento o el retiro de alguno de los integrantes del grupo."
La dispersión de los campos, si bien complica el manejo logístico, presenta la ventaja de un potencial productivo diferenciado, que permite diversificar actividades y dividir riesgos. No se descarta que un establecimiento pueda subsidiar a otro, pero rige el principio de que las actividades deben ser rentables y "trataremos de mantenerlo mientras las circunstancias del sector lo permitan".
De todos modos, un ejemplo reciente de cómo se interrelacionan los intereses de la empresa es la compra de una fracción mediante un crédito en función de la empresa en su totalidad.
"Nos animamos a esa operación porque SEA y FOA, como totalidad de la empresa familiar de los Agrasar, debe seguir creciendo, pues también crece el número de futuros socios", sostienen. Asumir esa realidad lleva a los responsables a tener siempre la puerta abierta a las alternativas que puedan presentarse.
Así, desde hace cinco años, la empresa integra una sociedad que faena y comercializa carne de producción propia; por ahora se vende en la zona, pero no deja de apuntarse a nichos muy especiales del mercado externo, interesados por carne producida en ambientes no contaminados. Del mismo modo se trabaja en otros proyectos, como hacer turismo en La Julia, en La Pampa, además de apicultura, caza, cría de ñandúes, etcétera.
Los cargos..., las decisiones
El 20 de junio último los Agrasar integraron "El consejo de familia", un instrumento destinado a analizar aspectos en los que se interrelacionan el sistema familiar y el empresarial. Están en dicho consejo los socios activos -denominados técnicamente socios obligados-, sus cónyuges y los hijos mayores de 16 años.
La aceptación de otros familiares políticos queda supeditada al acuerdo unánime de los socios obligados.
Lo decidido en las reuniones se comunica al grupo de administración; el mismo se integra por dos de los socios fundadores -Roberto y Eduardo- y por un hijo del primero -Sergio-, que es ingeniero agrónomo y tiene a su cargo la planificación y ejecución de la actividad productiva. El gran ausente en este grupo es Laureano -hijo de Eduardo-, que hasta su desaparición en un accidente automovilístico integraba con su primo el equipo profesional.
Recientemente, otros representantes de la generación joven, Cruz, Margarita y Julia, prestan apoyo en la tarea administrativa. Todos los que cumplen funciones tienen una retribución, además de los retiros que les corresponden, en caso de ser socios.
Si bien el contrato social de SEA y FOA indica que los retiros se determinan en función del capital aportado, siempre se buscó adoptarlos al momento de cada uno.
Los Agrasar consideran que al respecto son lo suficientemente "familieros" como para actuar con flexibilidad, y empresarios como para cuidar que las cosas no se salgan de límites lógicos. "Afortunadamente somos tan amigos como para plantear claramente las cosas y tan realistas y austeros que no le pedimos a una actividad con muy bajo retorno más de lo que realmente puede dar.
El futuro
Los cuatro Agrasar mayores coinciden en que el futuro es de los jóvenes que se van incorporando paulatinamente. Pero están convencidos de que la profesionalización no se da por generación espontánea sino que para ello hay que prepararse. Actuar de otro modo sería arriesgar una de sus premisas: el crecimiento, algo imposible de alcanzar si los responsables técnicos y empresarios carecen de una formación acorde con los tiempos que vendrán, cada vez más exigentes para este sector que últimamente corre con desventaja.





