El productor enfrenta con tenacidad la falta de tierras fértiles; el agro es la principal fuente de ingreso de divisas
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SAN SALVADOR DE JUJUY. - El productor jujeño ensaya cada día un renovado canto a la esperanza, en una tierra que lo pone a prueba permanentemente y a la que se aferra, aunque no siempre produce como ellos esperan, porque eso es lo que aprendió desde que dejó la cuna.
La obstinación y el entusiasmo son rasgos comunes del hombre de campo y que se repite con tenacidad en cada campaña, en especial la caña de azúcar y el tabaco, los principales cultivos de la provincia.
Tampoco son demasiadas las variantes que tienen y el clásico arraigo del hombre de campo por su tierra se potencia en esta zona, en la que todo cuesta más esfuerzo y el rendimiento no acompaña en la misma proporción.
La forestación y el poroto negro son las actividades que se proyectan con mayor firmeza para crecer en los próximos años.
El Sudeste, en especial los departamentos de Ledesma, El Carmen y San Pedro, son los más productivos, con casi 150.000 hectáreas. En esa zona predomina los valles, las quebradas y pastizales, que integran una escenografía inigualable, tan bella como la árida Puna.
La integración y la lejanía con los puntos de concentración del consumo son algunas de las complicaciones que encuentra la comercialización agropecuaria jujeña. Está en estudio la rehabilitación del ferrocarril, que podría llegar a Chile y Bolivia y esto sería una ayuda importante para trasladar la producción.
La queja habitual de los pequeños productores es la falta de acceso a los mercados para ubicar la producción y la falta de ayuda del Gobierno para encontrar una salida. "Siempre quedamos en manos de las grandes empresas que fijan los precios de los productos", es la frase más común en todos los sectores.
Tanto los productores tabacaleros como los azucareros atraviesan una situación difícil.
Los primeros sienten como un fantasma la presión que estaría ejerciendo Brasil para bajar o regular el precio del producto.
La desregulación del sector en 1989 fue un duro golpe para la producción. Hacia fines de los años 90 el valor del kilo de azúcar era de 1 peso y hoy es de 30 centavos.
El ingenio Ledesma es el símbolo de la provincia y concentra la mayor parte de la industrialización.
La producción se ubica en una cifra cercana a las 2.500.000 toneladas. El 52 por ciento se destina a la azúcar cruda, que se exporta en su totalidad y con preferencia a los Estados Unidos, por su precio diferencial.
El consumo interno se destina a la industrialización y ventas al Mercosur.
La alternativa que se presenta en la actualidad es el desarrollo de la azúcar orgánica. No son pocos los problemas que se presentan para este desarrollo, pero no significa que los productores, especialmente los pequeños, estén buscando en este nicho de mercado una alternativa para superar la situación.
En el caso del tabaco, en Jujuy se cosecha el 32 por ciento de la producción nacional y en el caso de la variedad Virginia ese porcentaje se eleva al 50 por ciento.
Pero, como en el caso de las restantes provincias que se dedican al tabaco, el precio del producto cayó vertiginosamente y el fondo de compensación que se crea a partir de un impuesto al cigarillo no alcanza para cubrir la baja rentabilidad. Además, en Jujuy sólo se procesa en una de sus etapas y luego es enviado en una buena parte a la vecina Salta, donde se termina con la elaboración.
El aporte de divisas
No son habituales los avisos sobre venta de tierras en esta provincia, que por medio de sus fantásticos paisajes y las particularidades y habilidades de su gente supieron hacer del turismo un negocio rentable.
Pese a ello, la limitante climática, con elevadas temperaturas, y la reducida área destinada a la actividad agrícola-ganadera, el sector agropecuario es la principal fuente de ingresos de divisas de la provincia.
Es una tradición aquí continuar con la labor en el campo, que se hereda. Así se suceden las manos que trabajan la tierra, pero cada vez es menor la porción que le corresponde a cada descendiente.
Pero se observa, en especial en los jóvenes, una mayor intención a profesionalizarse, con un estudio en agronomía o veterinaria, para hacer rendir mejor los lotes. Un ejemplo de ello son los cada vez más comunes sistemas de riego que alimentan las fertilidad de los campos.
Con excepción de las grandes empresas, que no son muchas y pueden invertir en gran escala, los productores tienen que lidiar con las dificultades financieras para afrontar las limitantes.
Ellos se quejan porque los créditos son de difícil acceso, por trabas burocráticas o falta de garantías. En esta zona es común la escasez de agua, pero este año la situación se tornó más extrema.
La prolongada sequía amenaza las delicada economías de los pequeños y medianos productores, que no encuentran salida a este grave problema. Hoy es la mayor preocupación y el tema recurrente de las mateadas, porque no sólo está afectando a las sedientas tierras, sino también la supervivencia de los pobladores.
La mayoría utiliza los lechos de los ríos, muchos de ellos de montaña, o las napas más elevadas para extraer el agua y regar los campos, porque el régimen de lluvia es escaso para el desarollo de los cultivos.
Cuando a comienzos de la década del 90 los cultivos tradicionales perdieron atractivo como negocio, algunas alternativas se instalaron siguiendo el rumbo de provincias vecinas.
Así, la reconversión de algunos productores los guió hacia el algodón, el poroto negro y los cítricos para reemplazar hectáreas de tabaco y azúcar.
Si bien estas actividades son consideradas secundarias, en especial porque el clima nos las ayuda a desarrollarse con amplitud, el productor encontró en ellas una manera de diversificar para renovar el negocio.
La ganadería, especialmente la caprina, se destina en su mayor medida al consumo interno o la producción de leche y los números de cabezas no son significativos.
Por Carlos E. Nasif
Enviado especial
Los productores, en tiempos difíciles
Cuadro de situación: Héctor Jure simboliza la problemática que enfrentan los hombres de campo que cuentan con pequeños lotes de tierra.
SAN PEDRO, Jujuy (De un enviado especial). - "Desde Menem para acá, en esta provincia desapareció el 50 por ciento de los productores", afirmó Héctor Jure, que tiene una finca de 450 hectáreas, que heredó de su padre y que cada día le cuesta más producir, por los elevados costos y la falta de recursos para invertir.
Los mayores problemas que enfrenta Jure, y que son común a la mayoría de los pequeños agricultores, es la falta de una escala que le permita hacer un negocio rentable con la caña de azúcar, uno de los cultivos tradicionales de la provincia.
Ello también es un obstáculo para pedir préstamos, según comentó.
"Es muy difícil acceder a créditos, por la gran burocracia y porque la provincia es ineficiente y está endeudada. Y como en este negocio si no invertís no crecés, todo se hace más difícil", sostiene, con preocupación, porque no advierte respaldo de las autoridades.
Una esperanza
La finca se llama Chaguaral, nombre de una planta muy común en esta zona de característica similares al ananá, pero que no es comestible.
"En 1989 el precio del azúcar estaba en un peso el kilo y después de la desregulación se llegó a 1998 a un precio de treinta centavos", apuntó, con resignación. Uno podría pensar que lo mejor en estos casos es terminar con todo y comenzar en otro negocio. Pero Jure pone empeño.
"Tengo la esperanza de que en algún momento esto pueda modificarse. Además, lo que yo sé hacer es esto, trabajar la tierra, y lo seguiré haciendo", aseguró el productor, que desde chico aprendió las actividades del campo.
El riego es fundamental
Entre las dificultades que ofrece la falta de financiamiento, los pequeños productores no disponen de estructura en riego para mejorar la producción, algo elemental en este tiempo de una sequía prolongada que afecta a la región.
En el caso de Jure, con mucho esfuerzo e ingenio, recurre por bombeo de agua subterránea, que distribuye en los surcos de la caña de azúcar con largas mangueras, que llegan a medir 350 metros.
Los especialistas explicaron que las napas freáticas de la provincia son irregulares y el arrastre de limo en el lecho del río Grande se conjuga para que las cañerías sufran inconvenientes y necesiten de filtros para que el agua llegue con libertad a las plantaciones.
Por el momento, Jure no se resigna a dejar el campo y dice que deberán pasar muchas cosas antes de tener la necesidad de trabajar en otra actividad para sostener su familia.
La caña de azúcar mantendrá su atención en el campo cercano a la localidad de San Pedro, allí donde su padre le enseñó a respetar y cuidar la tierra.
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