En plena Buenos Aires, un casco de estancia que sigue en pie

Crédito: Cristian Mira
Susana Boragno
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2 de febrero de 2019  • 02:41

Quienes circulan por la autopista 25 de Mayo, visualizan un edificio que reluce en la ciudad. Fue el casco de estancia Los Remedios. Hoy cuesta imaginar que fue un lugar muy extenso, donde había molinos, ganados, gauchos, caballos y sembradíos.

Tuvo su origen en el siglo XVII, cuando se repartieron unas "suertes de chacras" en la margen izquierda del Riachuelo, que se extendía hasta el arroyo Maldonado y estaba entre las actuales calles Escalada y Lacarra. A partir del siglo XVIII, fue propiedad de las Hermanas de la Santísima Caridad. Tenían un oratorio consagrado a Nuestra Señora de Los Remedios y en 1755 crean el Asilo de Huérfanas.

En 1822, fue expropiada y pasaron a manos de la Sociedad de Beneficencia. La Chacra fue primero arrendada y, en 1828, vendida en remate público a Domingo Olivera, nacido en 1798 en Ambato, región del Ecuador, en el Virreinato del Perú. La vieja casona del convento fue adaptada como vivienda familiar. Domingo ocupó varios cargos políticos. Estableció en la Chacra un tambo y un molino de trigo que le permitió proveer de pan al barrio de Flores. Fundó un patriarcado agrícola ganadero.

Fue un verdadero pater familiae, y un pionero con gran espíritu de progreso que se lo inculcó a sus hijos: el éxito depende del esfuerzo… el hornero no mira al cielo, trabaja… Debió soportar pavorosas sequías, pastos duros. Le llevó tiempo transformar el suelo pampeano y obtener ricas y nutridas praderas. Se dedicó a la plantación sistemática de árboles. El acceso al agua fue un factor importante, y realizó profundas perforaciones para obtenerla. Apoyó al ingeniero Adolfo Sourdeaux, en la búsqueda de napas freáticas.

Su muy devota esposa, Dolores Piriz Olaguer y Feliu, encontró entre los trastos de la casa una imagen deteriorada de la Virgen de Los Remedios, igual a la que se venera en la Iglesia de San Miguel desde 1727. Su esposo había formado su primer tambo con 50 vacas, pero como no contaban aún con alambrados, se perdieron.

Ella le pidió a la virgen para que aparecieran y le hizo prometer a su esposo que si eso sucedía, mandaría a restaurar la imagen, cosa que así ocurrió y en su casa creó un oratorio. La chacra se cercó con zanjas y con setos vivos de añapinday. Es un lugar histórico porque en 1852, durante el Sitio de Buenos Aires, el general Hilario Lagos instaló su cuartel y hospital de sangre.

La chacra, a través de los años, fue objeto de sucesivos fraccionamientos y ventas. La apertura de la avenida Directorio dividió la chacra .En el cruce de Lacarra y J. B. Alberdi, aún se puede observar unos añosos árboles, medio desdibujados, que señalan la entrada a Los Remedios, que fuera visitada por lo más selecto de la sociedad porteña. La municipalidad adquirió por una ordenanza de 1912 una fracción para instalar un parque público. El nieto del fundador entregó el inmueble al director de Paseos, Carlos Thays, y se inauguró el 28 de marzo de 1914 como Parque Olivera. Se lo cambió por Parque Avellaneda aunque por muchos años siguió llamándose Olivera.

Hoy, su edificio, restaurado y adaptado para actividades culturales, sigue estando en pie, como queriendo anunciar "aquí hubo una estancia".

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