
Las tormentas eléctricas, con su furia luminosa, han generado en el campo víctimas y supersticiones
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Muchos pueblos han visto en el rayo, temerosamente, un dios o un signo divino. En algunas culturas se lo asoció con el tiempo. Lo cierto es que su furia, desatada durante las tormentas eléctricas, es de temer. Aseguran que el rayo (uno a uno) ha provocado más muertes que los huracanes y los temblores de tierra. Los científicos estiman que se producen unos 16 millones de tormentas eléctricas al año, lo cual supone unas 44.000 diarias alrededor de nuestro planeta. Uno de los lugares más castigados ha sido la isla de Java, con un promedio de 233 tormentas al año. Entre los lugares más frecuentados por estas tremendas reacciones de la naturaleza se destacan Africa central, el sur de México, Panamá, la zona del Caribe, el centro y sur de Brasil y Madagascar.
Por nuestros pagos, el rayo también ha dejado su marca: la superstición criolla, por ejemplo, le asigna al caballo de pelaje blanco el poder de atracción de rayos y centellas.
Esta atracción que ejerce el blanco en los rayos es mencionada por Guillermo Terrera. En su libro "El caballo criollo en la tradición argentina", refiere que "en muchas oportunidades han caído rayos o centellas en corrales donde había hacienda vacuna Holando-Argentina, causando la muerte de hasta 20 o 30 vacas en una sola descarga".
El padre del poeta José Hernández murió abatido por un rayo en pleno campo, que entró por su amplia frente, pero se desconoce si el caballo en que iba montado era de pelaje claro u oscuro. Casos de accidentes trágicos provocados por rayos forman un extenso listado. Pero también hay testimonios de personas que sobrevivieron a su ataque. Abel Fernández, de la zona de Tandil, es un hombre de campo que perdió su caballo (que no era de pelaje claro) y el noventa por ciento de la capacidad auditiva al derribarlo un rayo. Mercedes Serra, mientras hablaba por teléfono en una casa de la avenida San Martín, de Don Torcuato, provincia de Buenos Aires, recibió una descarga que la arrojó a unos centímetros de donde estaba el aparato, humeante y derretido en la parte inferior.
El folklore popular refiere que "aquel que sobrevive al rayo adquiere la capacidad de adivinar", pero aun con la tecnología disponible vaticinar una tormenta eléctrica en el medio del campo es tan difícil como ordeñar una vaca con guantes de boxeo.
Durante la década del setenta, una empresa de electrodomésticos repartió, a lo largo de los Estados Unidos, un folleto con consejos para protegerse de los rayos. "Cuando amenace una tormenta, no juegue al golf ese día, tres de cada millón de golfistas mueren por un rayo", señalaba en letras de imprenta.
Ese folleto dio origen a que especialistas difundieran sus experiencias y asesoraran a los pobladores alejados del ámbito urbano. Pero es la experiencia no escrita de la gente del campo (transmitida oralmente) la que aconseja "caminar lo más rápido posible hasta el refugio más cercano, preferiblemente un edificio grande, hasta que pase el temporal".
Se deben evitar los árboles aislados, los elevadores de agua y los sitios montañosos altos. Algunos entendidos sostienen que la mejor protección es un "montecito". También es prudente mantenerse alejado de los alambrados, porque ejercen una gran atracción.
"Si una tormenta se avecina y lo sorprende nadando o remando en un bote, apúrese a desembarcar", aconseja un asiduo pescador de la zona de Chascomús, don Rafael. Otros proponen mantenerse alejado de estufas, chimeneas, desvanes, puertas, ventanas y evitar darse una ducha o bañarse, hasta que se marche la tormenta.
Quizás el consejo más atractivo para aprovechar un día de tormenta eléctrica sea quedarse al lado de la cocina, vigilando las tortas fritas, mate de por medio, u optar por la clásica siesta, pasión de algunas multitudes.






