
Sin alerta previa, lluvias de hasta 126 milímetros en apenas 40 minutos provocaron inundaciones, pusieron en riesgo la vida de Sergio Parra y dañaron entre 4000 y 5000 hectáreas de tabaco; en la provincia hubo 1700 hectáreas afectadas
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No había alerta meteorológica y el pronóstico apenas hablaba de una probabilidad de lluvia. Pero el martes 7 de enero, cerca de las 4 de la tarde, Sergio Parra regresaba a su casa, en el Valle de Lerma, en Salta, cuando el agua lo sorprendió. “Fue como si se hubiese roto una represa”, recordó. En cuestión de segundos, una correntada bajó con fuerza desde uno de los costados de la ruta y empujó contra el alambrado del campo la camioneta en la que viajaba junto a su esposa .
En segundos, el agua empezó a entrar por la ventanilla del vehículo. Parra logró salir por ese mismo lugar que había quedado abierto, mientras la correntada seguía empujando. “Me bajé como pude, el agua ya había entrado a la camioneta”, contó. Su esposa quedó adentro, aferrada al asiento, hasta que él pudo asegurar el vehículo y pedir ayuda. La escena duró minutos, pero quedó grabada. “Lo más importante es que no nos llevó el agua”, dijo después, todavía con la voz cargada de angustia por lo que pudo haber pasado.

Según estimó el propio productor, perdió alrededor del 30% de su producción de tabaco como consecuencia del ingreso de agua, el anegamiento prolongado de los lotes y las dificultades posteriores para cosechar y estufar. En la zona, el daño fue generalizado. Luis Marcelo Torino, director del Distrito 10 de la Sociedad Rural Argentina, que abarca Salta y Jujuy, explicó que la campaña de tabaco en Salta cuenta con unas 19.000 hectáreas implantadas y que, hasta el momento, alrededor de 1.800 hectáreas —casi el 10% de la superficie— resultaron afectadas por temporales de granizo, además de fuertes lluvias acompañadas por intensas ráfagas de viento. A eso se suma que todavía resta una parte importante por cosechar y que el precio del producto aún no fue definido. Las zonas más comprometidas se concentran dentro del Valle de Lerma, en localidades como Cerrillos, Chicoana y Rosario de Lerma.

“Nunca viví algo así”, aseguró Parra al dimensionar lo ocurrido. La intensidad de la lluvia hizo que todo colapsara en muy poco tiempo y dejó expuestas las limitaciones de la infraestructura de la zona. Según explicó, no hubo caminos, canales ni áreas urbanas capaces de absorber semejante cantidad de agua en tan pocos minutos. Aunque la correntada pasó rápido, el problema no terminó cuando dejó de llover. El suelo quedó saturado durante horas y eso terminó afectando directamente al cultivo. “El problema es la asfixia radicular: la raíz se muere y la planta no se recupera”, resumió. En muchos lotes, el tabaco quedó debilitado, con plantas amarillentas, menor vigor y un riesgo creciente de perderse con el correr de los días.

A ese daño se sumó otro problema que complicó todavía más la campaña: el secado del tabaco. Después de la cosecha, las hojas tienen que pasar por estufas para secarse, un proceso que lleva cerca de una semana por cada tanda. Por eso, los productores siempre planifican cuánto plantar en función de la cantidad de estufas que tienen disponibles. “Plantamos pensando en la cantidad de estufas que tenemos. Todo está calculado”, explicó Parra.
La tormenta desordenó todo ese esquema. El agua adelantó y amontonó la cosecha de golpe. “Hoy necesitaría cargar 40 estufas y tengo disponibles dos. No alcanza”, graficó. En este cultivo no hay margen para esperar: si el tabaco no se seca a tiempo, se estropea y termina perdiéndose.

En otros años, cuando el problema afectaba solo a algunos campos, existía la posibilidad de pedir estufas prestadas o alquilarlas a vecinos. Esta vez, la tormenta golpeó a toda la zona por igual. “Nadie tiene estufas disponibles. Estamos todos igual”, resumió. El resultado es una caída de los rindes que ya empieza a verse en los campos y que pone en riesgo el cierre de la campaña.
El panorama se agravó aún más con los daños provocados por el granizo. En su caso, el seguro cubrió cerca del 30% de la superficie afectada por ese fenómeno, pero el agua no tiene cobertura.

La provincia ya venía de atravesar un temporal previo que había causado fuertes daños en la producción bananera, sobre todo en el norte salteño. Según un relevamiento realizado por el Ministerio de Producción y Desarrollo Sustentable de Salta, en Colonia Santa Rosa, el fuerte viento del 21 de diciembre afectó 1074 hectáreas de banana, con daños estimados de entre el 30% y el 70%, además de 182 hectáreas de invernaderos comprometidas. En el sector recuerdan que el impacto no es menor: la banana demora cerca de un año en volver a producir. Ante esto el gobierno provincial esta en proceso de declarar la Emergencia Agropecuaria para Colonia Santa Rosa.
Según detallaron en el gobierno están “trabajando con los bancos (Macro y Nación) para armar líneas de crédito especiales para los afectados (principalmente plazos de gracia acordes)”.




