
Lo expresó Jorge Scoppa, presidente de la Federación Argentina de Contratistas de Máquinas Agrícolas
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CASILDA (De un enviado especial).- "Vamos hacia un escenario tomando más tierras (para producir) y abriendo más fronteras agrícolas", dijo Jorge Scoppa, presidente de la Federación Argentina de Contratistas de Máquinas Agrícolas (Facma), entidad con sede en esta ciudad del sur de Santa Fe.
Scoppa, que hace 40 años se lanzó a seguir el oficio de contratista de su padre sin conocer de máquinas -cuando era joven se desempeñó como cadete en un bazar de artículos para el hogar-, no tiene dudas sobre las tendencias en esta actividad. De hecho, se trata de un rubro que registró cambios en los últimos años, con cientos de contratistas lanzándose ellos mismos a arrendar tierras para producir.
Decidieron crecer más allá de la prestación de servicios para ser protagonistas en el negocio agrícola. En muchos casos, la avanzada corrió por cuenta de medianos productores que antes se habían expandido como contratistas. "Abrimos fronteras en Santiago del Estero, Chaco, Salta y Tucumán. Cuando nadie creía que la soja podía venir en el norte de Córdoba o en Santiago del Estero, los primeros que arriesgamos en su momento fuimos los contratistas", expresó Scoppa, que agregó: "Se van a seguir abriendo más fronteras, como en la provincia de Formosa. En la Argentina todavía queda mucho por hacer; tenemos unos 10 o 15 años más para seguir abriendo fronteras".
Se calcula que un 30-40% de la producción de granos hoy pasa por las manos de contratistas de máquinas que arriendan campos ya sea a quintales fijos o mediante contratos a porcentajes. Al margen de esto, estos actores son responsables de recolectar el 75% de la cosecha.
"El contratista ha ido cambiando; por ejemplo, está el que es específico de la cosecha y de alta capacidad de trabajo. Pero también está el prestador de servicios de siembra, pulverización, embolsado y picado. Aparte, hay contratistas tomadores de campos. Quizás haya contratistas que no tienen una hectárea de campo, pero que están sembrando 1000 o 2000 hectáreas en el Norte o en el Sur", comentó el presidente de Facma.
Los contratistas tuvieron un impulso importante con la soja a partir de la década del setenta, porque significó sumar otro cultivo más a su cartera de servicios de cosecha. Pero, también, la siembra directa representó otra posibilidad de crecimiento, debido a que ante el avance de esta técnica fueron uno de los protagonistas del sector que lograron desarrollar el mejor equipamiento.
También se abrió para ellos otra posibilidad de crecimiento con los pools que siembran grandes superficies. Esto es así, porque en líneas generales, estas empresas prefieren alquilar el servicio de máquinas antes que tener equipos propios. "A las grandes empresas y pools les conviene dar el servicio a terceros", señaló Scoppa. Los contratistas también tienen clientes entre los pequeños productores que por una cuestión de menor escala no poseen máquinas de alta capacidad de trabajo.
En la actualidad, el sector sigue evolucionando justamente hacia máquinas de mayor capacidad de trabajo. Es una característica que comenzó a observarse desde que a mediados de los noventa se vino una ola de equipos importados de alta tecnología y prestaciones. "En los noventa el contratista invirtió mucho. Hoy por hoy está obligado a seguir invirtiendo y a seguir adelante", dijo el presidente de Facma.
Pero en este sector también se perfilan otras tendencias importantes. "En el futuro, un poco la clave del contratista va a pasar por la movilidad. El contratista que crezca en cantidad de cosechadoras también va a tener que crecer en transporte. Por eso se vienen inversiones en movilidad propia para poder cosechar en un lugar y, al otro día, estar en otro", indicó. "Se va a pensar en tratar de explotar más las cosechadoras que ya se tienen", agregó Scoppa.
Negocio personal
Al respecto, el contratista Juan Lombardich representa un ejemplo de esta tendencia, ya que tiene transporte propio para sus cosechadoras. Utiliza el camión como tolva cerealera y, de paso, le engancha el carretón de las máquinas.
Si hay algo que destacan los contratistas, es que su actividad representa un oficio muy personal, aparte de altamente profesionalizado por el tipo de servicio que brindan. Por ello, en este negocio se apunta cada vez más a tener la última tecnología para no perder competitividad.
"Como prestador de servicios, uno tiene que tratar de hacer esto de la mejor manera posible. Todos pensamos en ofrecer un mejor servicio", comentó el contratista Claudio Castelli.
Raúl Castelli, otro contratista, tampoco duda del rumbo por el que va a continuar este sector en los próximos años. "Vamos camino a más tecnología; buscamos estar en el mejor nivel competitivo. Esto es, tener las máquinas de última generación. Hay que tecnificarse al 100 por ciento para seguir en este rubro", sostuvo este prestador de servicios agrícolas.
Miguel Griffa, directivo de Facma, expresó una opinión similar. "Seguimos tratando de mejorar en tecnología", afirmó.
Si bien la búsqueda de más tecnología es una forma de mantener la competitividad en la actividad, en el horizonte también aparecen algunas luces de alerta. Una de ellas es la dificultad para contratar personal capacitado para trabajar en el campo.
"No es sencillo conseguir gente capacitada para conducir una máquina", precisó Claudio Castelli. En muchos casos, son los mismos contratistas quienes tienen que enseñar tareas básicas a sus empleados.
Además de preocuparse por las dificultades para encontrar personal capacitado, los contratistas también tienen reclamos.
Uno de ellos es que se les otorguen permisos para que en tramos cortos puedan circular por sus propios medios aquellas máquinas que tienen más de 3,50 metros de ancho. La legislación actual habla de esa medida como ancho máximo permitido para el tránsito. Caso contrario, el equipo debe ir sobre camión, como ocurre en el traslado para largas distancias.
El problema es que el 80% del parque de maquinaria supera esa medida, con equipos de 3,90 y 4,20 metros. Los contratistas están haciendo gestiones ante el Gobierno para que se acepten los 3,90 metros cuando las máquinas deban movilizarse en la zona de trabajo o en tramos cortos.






