Hallar mano de obra para el campo, una tarea difícil

Atraer gente, capacitarla y retenerla mediante buenas condiciones de vida y trabajo es el problema por resolver
Atraer gente, capacitarla y retenerla mediante buenas condiciones de vida y trabajo es el problema por resolver
Fernando Ravaglia
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20 de julio de 2013  

En un país con desocupación se da la paradoja de que cada vez cuesta más conseguir gente que quiera trabajar en el campo, y cuando aparece, nos encontramos con personas que no están capacitadas, que no tienen actitud ni disposición para las responsabilidades que implica la vida laboral o que se quedan un tiempo, ganan unos pesos y se quieren ir al pueblo nuevamente.

En el fondo, ¿de qué estamos hablando? Como en otras actividades comerciales, de encontrar personas honestas que quieran asumir responsabilidades, esforzarse y llevar adelante con eficiencia tareas a cambio de una remuneración justa que les permita cubrir sus necesidades y progresar. Si bien esperamos que estén capacitadas, no es una condición imprescindible, ya que ante la escasez tratamos primero de encontrar a las personas que cumplan con estos requisitos y luego, si hace falta, incluso estamos dispuestos a capacitarlas nosotros.

Algunas causas del problema son los siguientes:

  • Los planes asistenciales, que en su momento se originaron como una solución justa e imprescindible para el problema de la pobreza extrema, hoy se desvirtuaron y convirtieron en un estímulo para la precariedad, y nos encontramos con muchos candidatos que cuando se enteran de que proponemos un trabajo en blanco y en regla nos contestan: "¡No, en blanco no, porque si no me pierdo el plan!", y obviamente se dejan de lado porque nadie quiere tener un accidente con un empleado en negro.
  • La pérdida de la cultura del esfuerzo y el trabajo. Hace medio siglo uno se encontraba con muchas personas que tal vez no estaban alfabetizadas, pero que tenían mucha predisposición a esforzarse y aprender un oficio para progresar trabajando. Hoy, se da en muchos casos la paradoja de gente que sabe leer y escribir, pero que no tiene las actitudes necesarias para la vida laboral. No encontramos predisposición al esfuerzo, no se confía en el trabajo como un medio de progreso. La responsabilidad, el orden y la limpieza son hábitos que muchos consideran intrascendentes. La gente habla permanentemente de sus derechos sin acordarse de que por cada derecho se contrapone una obligación. Digámoslo claramente: no se preparan, en la escuela o en la vida familiar, personas dispuestas a enfrentar el desafío de la vida laboral.
  • Tareas pendientes. Si bien no es una condición general, encontramos aún muchas empresas con condiciones de viviendas precarias. Mejoramos en las comunicaciones telefónicas y en la televisión satelital, pero los eternos caminos de tierra, a pesar de pagar contribuciones municipales cada día más altas, nos condenan a ser argentinos de segunda, aislando a las familias cada vez que llueve, dificultando la ida al colegio primario de los más chicos, sin mencionar otros problemas. La secundaria sigue aún limitada a los pueblos.
  • Imagen negativa

    El trabajo en el campo tiene fama de ser duro y sacrificado. ¿Qué trabajo no lo es? Ahora, cuando veo a la gente de las zonas urbanas que pasan de dos a tres horas por día viajando peor que bestias, colgados de trenes o colectivos arriesgando la vida, y los comparo con empleados rurales que viven donde trabajan y, además de comer mucho mejor, tienen hasta tiempo de tomarse unos mates o dormirse una siesta, me parece que lo que tenemos es un grave problema de marketing.

    Atraer gente, capacitarla y retenerla mediante buenas condiciones de vida y trabajo es el problema por resolver si queremos seguir adelante con esta actividad. Si no lo resolvemos nosotros, ¿quién lo hará?

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