
Pedro Moroni y Juan Bautista Vairoletto, vidas al margen de la ley que se convirtieron en leyendas
1 minuto de lectura'
En La Pampa del hambre y la sequía, la rebeldía de algunos jinetes armados los llevaba a campos y pueblos tragándose los vientos. De a caballo, claro. Unían sus soledades entre tiroteos y mujeres de burdel y eran amados y odiados por los habitantes de la región. Sus vidas transcurrían al margen de la ley. Eran tiempos sin tiempo para la tregua de las lágrimas. Y el éxodo comenzaba a sentirse como un imperativo de supervivencia. La pampa asediada por la sequía dolía, y mucho.
En el crudo invierno de 1938, hacia fines de junio, quedó constancia en los Partes de Novedades de la comisaría de Realicó el operativo más espectacular que se llevara a cabo en la zona. De tal impacto fue el suceso que la prensa porteña le dio forma de noticia. El procedimiento ocurrió en un campo ubicado entre Adolfo Van Praet y Coronel Hilario Lagos (localidades aledañas a la actual ruta nacional 188).
La comisión policial rodeó una vivienda rural y participó de un tiroteo que se prolongó durante varias horas. Allí resultó abatido Pedro Moroni, célebre compinche de Juan Bautista Vairoletto, renombrado bandido pampeano. Hijo de "gringos" radicados en Eduardo Castex, Vairoletto supo abrir surcos y comer un plato de polenta, para después dejar los médanos y trastocar su vida en hazañas de leyenda.
A fines de la década del veinte él, Moroni y otros paisanos encabezaron un intento de huelga en Castex, pero ése era motivo menor de la intensa búsqueda policial en la zona. Los asaltos y las muertes perpetradas por Moroni en el norte de la provincia eran los verdaderos resortes de la persecución oficial. La muerte y sepultura del bandido fue asentada en el juzgado de Realicó. "Le dieron tierra", como era usual entonces y le pusieron una cruz de hierro forjado de poco más de un metro de alto, muy cerca de la entrada principal del cementerio.
Dos años después, Vairoletto fue visto allí. Había llegado en el camión frutero de un amigo, para llevarle un rezo y una flor a su antiguo camarada de camino. Después, volvería a General Alvear, en la provincia de Mendoza, donde terminó suicidándose en septiembre de 1941, al verse atrapado por un grupo de policías. Pasaron más de seis décadas y la misma cruz, aunque oxidada, mantiene un ramillete de flores artificiales y un renovado cartel con el nombre de Moroni. Las tierras frente al cementerio pertenecen a la provincia de Córdoba. El bandido, y su amigo, como siempre, se mantienen al límite.
1
2Ya se quemaron 83.000 hectáreas: por el fuego en La Pampa denuncian la muerte de ganado y hay un temor latente
3Ganadores de 2025: diez exportadores se quedaron con el 90,5% de la venta al exterior de granos y subproductos
4Más dólares del campo: en 2025 la agroexportación ingresó US$31.338 millones, un 25% más



