
Los habitantes del pequeño pueblo de Silvio Pellico se reunieron para celebrar el 85° aniversario de la Cooperativa Unión Popular
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CORDOBA.- Estuvo casi todo el pueblo. Y no era para menos: la cooperativa celebraba un nuevo aniversario de su fundación. Ochenta y cinco años, que la convierten en una de las más antiguas del país. Todo un acontecimiento para una comunidad como la que habita el pequeño poblado de Silvio Pellico que tiene a la Sociedad Cooperativa Unión Popular como la principal empresa del lugar.
Silvio Pellico -nombre en homenaje a un escritor italiano, de Saluzzo- remonta sus orígenes a 1894. Las tierras circundantes se fueron ocupando y las familias que se radicaron tenían una referencia muy modesta, apenas una que otra casa. La población está situada a unos 60 kilómetros de Villa María, en el centro de la provincia. Actualmente, viven 400 habitantes en su parte urbana y supera el millar con la población rural.
Francisco Antonio Conrero tiene casi la misma edad que la cooperativa, y es el único poblador hijo directo de un inmigrante que queda. "Mi padre vino de Italia a los 8 años, estuvo primero en El Trébol, Santa Fe, después se vino para acá, los trajo un tal Pedro Freyre, que fue el que vendió estos campos", cuenta.
Una historia parecida narra Décimo Felipe Paschetta, de 81 años: "Cuando de chico venía acá, no había más que la cooperativa, una fonda y la iglesia".
Su padre también había venido de Italia e itineró por varias partes antes de poder comprar "215 hectáreas" en Silvio Pellico. "Aquí se producía trigo, maíz, lino y algunas vacas. Después de 1945 empezamos con tambo, porque los años venían malos, las cosechas no rendían y el trigo valía poco". Durante la fiesta, se tributó un homenaje a los más antiguos pobladores de la localidad. Todos ellos "sienten" la cooperativa: han sido socios toda su vida y, en algunos casos, sus padres fueron fundadores.
El sostén de la colonia
"Mi padre fue fundador -relata Francisco Antonio Conrero-; yo siempre le preguntaba por qué hicieron la cooperativa. Y me contestaba: «Ah, hijo, teníamos la cosecha y muchas veces nos la pagaban tarde o no la podíamos cobrar. La formamos para defendernos de los grandes que manejaban el negocio del cereal», me contaba mi padre. Cuando se formó la cooperativa, la cosa cambió".
Benito Bautista Nicolino, de 74 años, es socio y, al igual que Paschetta, ocupó varios años la presidencia de la Unión Popular. "La cooperativa ha sido algo muy positivo, ha sido el sostén de la colonia. Hubo familias que vivieron épocas muy difíciles y fue esta entidad la que las ayudó."
Rosa Burgra de Caon, 83 años, recuerda también que en aquellos tiempos en que nace la Unión Popular, "acá había poco y nada, apenas unas pocas casas". Alba Caon de Romano, de 74 años, ha pasado aquí toda su vida. Hace siete décadas, el trabajo era duro y sacrificado: "Cuando era chica «boyereaba», es decir, cuidadaba los chanchos y las vacas", recuerda.
En sus principio, la zona fue agrícola, pero en la década del cuarenta se transformó en lechera. La soja -que irrumpió con fuerza en vastas áreas, en los últimos años- es apenas una "recién llegada" a Silvio Pellico. "Nosotros hace dos años que sembramos soja", informa Alba.
Todos coinciden en que ahora se vive mucho mejor. "Hoy, mi hijo o mi nieto andan con el teléfono colgado a la cintura en el medio del campo, es otra cosa", acota Contero.
La mejor postal, aparte de los homenajes a los pobladores más antiguos, fue el descubrimiento de la placa recordatoria de los 85 años, que fue descubierta por Conrero y Pachetta, por los jóvenes Gabriela Conrero y Lucas Cordero, y los niños Octavio y Nazareno Conrero. Un símbolo de continuidad que estas comunidades necesitan rescatar, para contrarrestar el olvido que por lo general padecen.
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