
"Esta semana pudimos cosechar soja sólo tres días; las lloviznas y el clima húmedo nos tienen a mal traer a productores, contratistas y acopiadores de granos", se quejó un agricultor del norte de Buenos Aires, en conversación telefónica con su hermano, que debió viajar con urgencia a Buenos Aires. La producción ya se había visto resentida por la sequía, tras lo cual se agregó la alta humedad ambiente de estos días, que afecta más a la leguminosa que al maíz.
Antes de esta instancia ya se observaban rindes muy dispares en la soja. "En el primer lote que coseché cargamos cuatro camiones, que equivalían a 40 quintales por hectárea. Pero después cada potrero rindió menos hasta llegar a 25 quintales", dijo un productor de Rufino, que ya trilló la mitad de la superficie implantada.
Similar impresión tiene un asesor que opera más al norte, en la provincia de Santa Fe, para quien "hay muchos lotes buenos, pero también muchos malos a medida que avanza la trilla". Planilla en mano, recuerda que las sojas de primera y de segunda rindieron 35 y 28 quintales como promedio de los campos que asesoró en 2003. Este año espera terminar la cosecha con 27 y 20 quintales, respectivamente. "No hay que olvidar que había muchos potreros sin sembrar al 31 de diciembre de 2003, y que la implantación continuó hasta el 15 de enero en algunos lotes", alertó. Un productor del norte de Córdoba hizo una recorrida extensa fuera de su provincia buscando campos para alquilar para el ciclo 2004/2005 y volvió decepcionado: "Vi sojas de sólo 15/20 quintales por hectárea en Santiago del Estero en el límite con el Chaco; en el norte de Santa Fe hay muy pocos cultivos sobresalientes y predominan los manchoneados y con maduración muy despareja", relató.
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La conducta de los productores con el grano cosechado es muy variable, aunque se pueden notar patrones de comportamiento que se repiten en algunos campos. Los primeros camiones cargados con soja se destinaron a cancelar compromisos o a reponer hacienda que se había vendido antes de la siembra. Otras razones para no embolsar grano inicialmente fueron los picos de precios de la soja en abril, que impulsaron ventas pensando que luego no se repetirían, y la intención de conservar el maíz y vender la soja por sus diferentes situaciones de precios respecto del promedio histórico. Luego, con el avance de la cosecha, se vio más actividad de las máquinas embolsadoras, aunque los preparativos de los productores no apuntan a conservar la oleaginosa por largo tiempo, sino que muchos tienen pensado convertirla en insumos antes de que finalice el período de floración de la oleaginosa en EE.UU.
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