
En un libro editado por la Cámara Argentina de Consignatarios de Ganado se describe el desarrollo de una actividad esencial de la vida pecuaria argentina
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Un remate feria constituye una escena que, repetida desde siempre en todo pueblo de nuestro territorio, forma parte de la entraña misma de la vida argentina.
Ahora, con la aparición de un libro que relata su desarrollo a través de la historia, será posible adquirir ideas más claras y precisas sobre esta particular modalidad de venta, así como sobre la significación y la evolución del comercio de ganado.
En el prólogo de la edición, Carlos Pujol, presidente de la Cámara Argentina de Ganado, define el remate feria como "el lugar donde se desarrolla una fiesta organizada como culminación de una etapa de la producción".
"Esta tarea -agrega- se inicia algunos días antes con la visita al campo para juntar la hacienda, continúa en la feria con el aparte y la clasificación, la recorrida del martillero revisando los lotes e imaginando su futuro comprador."
Después, engañando sus nervios mediante un trozo de carne y alguna copa, el que compra, el que vende, los peones y hasta el testigo ocasional se aprestan a aguardar la bajada de un martillo cuyo resonar cambiará algún detalle, mayor o menor, de la vida económica y productiva del beneficiado.
"Todos tienen la oportunidad de participar -comenta al respecto Pujol-: los vendedores obteniendo un justo valor, acorde con la calidad y no con la cantidad de lo producido; el comprador, ofertando de acuerdo con su posibilidad de compra y sin estar obligado por la cantidad." La investigación y redacción del texto corrió por cuenta del historiador y docente de la Universidad Católica Argentina Juan Cruz Jaime.
Una fiesta campera
Según especifica al comienzo de su narración Juan Cruz Jaime, fue en 1921 cuando se firmó en los salones de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires el acta de fundación del Centro de Martilleros de Hacienda y Bienes Raíces, entidad precursora de la actual Cámara Argentina de Consignatarios de Ganado, y señala que cuando ello sucedió los remates feria tenían ya un cuarto de siglo de existencia.
"El remate feria -explicó- nació como consecuencia de la necesidad de dar abasto a las ciudades y pueblos del interior, pero fundamentalmente como punto de concentración y apoyo para pequeños y medianos productores que encuentran así la posibilidad de comerciar su producción ganadera sin pérdidas de peso y gastos en flete. Tanto es así que se considera al feriero de la campaña uno de los puntales de la reconocida calidad de nuestra ganadería."
La realización del primero de todos los remates feria tiene, según el libro, una fecha y un lugar registrados con exactitud: fue en 1893 en Jeppener (provincia de Buenos Aires) y estuvo a cargo de la firma Alchouron Hermanos, fundada el año anterior por Bautista Alchouron, a quien Cruz Jaime consagra una breve semblanza, otorgándole el título de "primer feriero". El auge empezó a darse en los primeros años del siglo XX, y a partir de entonces el proceso no se detuvo, extendiéndose desde la provincia de Buenos Aires hacia las otras regiones del país.
Cruz Jaime no deja de rendir homenaje a la figura del martillero y destaca las palabras que uno de ellos pronunció en una asamblea anual del gremio: "No hubo progreso en los pueblos de la patria que no se hiciera bajo el flamear de la bandera de los pioneros del martillo".
El libro se enriquece, asimismo, con entrevistas realizadas a antiguos ferieros y con un capítulo final en el que se hace una síntesis del comercio de ganado actual.





