
La galera de Dávila: un transporte que unía pueblos a través de distancias luego acortadas por el progreso
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CASTELLI.- A lo largo de décadas, viajar desde Dolores a General Lavalle, en la provincia de Buenos Aires, significaba enfrentar las vicisitudes propias de un tiempo en el que casi no existían caminos y las distancias debían surcarse en los precarios y escasos transportes de que se disponía entonces.
La galera de Dávila encaraba ese recorrido llevando hacia la costa pasajeros, correspondencia y mensajería, partiendo desde la ciudad de Dolores, uno de los puntos que tocaba el tren en su incipiente avance hacia la llanura pampeana. En los inviernos lluviosos los viajes podían llegar a ser penosos y se demoraban hasta una semana sorteando pantanos, arroyos y esquivando las huellas que la misma diligencia dejaba estampadas en cada una de sus pasadas.
Según datos recogidos por el investigador dolorense Juan Carlos Pirali, Serafín Dávila adquirió este servicio de transporte a Juan Leitte en 1897. Se llamaba por entonces "El Comercio de Ajó", denominación que luego se cambiaría por "La Central".
Viajaba hacia General Lavalle, donde durante aquellos años se hallaba el segundo puerto del país, siguiendo en importancia a Rosario. El pequeño pueblo contaba saladeros de cueros y elaboración de conserva de pescados provenientes del litoral marítimo en el que operaban las barcazas que ingresaban por la Ría de Ajó. Esa dinámica pueblerina demandaba una comunicación constante que, salvo por vía acuática, sólo podía realizarse a través de La Galera.
Serafín Dávila murió en 1934, pero ya lo acompañaban dos de sus diez hijos, Manuel Valentín y Roberto, quienes fueron los continuadores y los testigos de los cambios que en 1938 harían desaparecer a este transporte emblemático de los campos del Tuyú. Siete años después, según la información recogida por Pirali, el carruaje volvió a emplearse para unir el trayecto entre Conesa y Lavalle, anegado por las aguas que en 1945 no permitían avanzar a otros rodados.
Nadie supo -ni siquiera, los mismos Dávila-, por qué se bautizó como galera a lo que era una diligencia, pero con ese nombre también se conoció a los camiones que en la segunda mitad de los años cuarenta, ya terminada la guerra, reemplazaron a los viejos carruajes. A veces, en una balsa, los vehículos bandeaban los arroyos para continuar la marcha. Durante una gran inundación, la galera cedió espacio a un barco que ingresando en el Río de la Plata por el Canal 9, arribaba a General Lavalle por la Ría de Ajó, cumpliendo una misión de vital importancia.
"El recorrido constaba de varias postas en las que se esperaba al carruaje con algunos caballos frescos para continuar la marcha. Había quinientos caballos -dice José María Dávila, hijo de Manuel y nieto de Serafín-, muchos de los cuales morían debido a la crudeza del invierno y al trajín al que eran expuestos."
Dávila conserva un numeroso y bien acondicionado material fotográfico, donde además de los viejos transportes se hallan los Ford T y Ford A, que en los años cuarenta sucedieron a los carruajes. Los testimonios de los Dávila permiten conocer detalles del nacimiento de San Clemente, ya que entre las fotos se encuentran las primeras tomas de esa localidad costera y de José Pereyra, un gallego que en 1930 arribó a Lavalle y luego levantó un hotel junto al mar.
En las imágenes se observan caballeros impecablemente vestidos a punto de embarcarse en el transporte o haciendo un alto en el camino, como en el caso de las tomadas en el Hotel Souto.
Polvo y lentitud
En años normales, La Galera de Dávila hacía su segunda parada en la Esquina de Crotto, según lo confirma Carlos Moncaut en su libro Pulperías y almacenes de campaña bonaerenses.
Continuaba hacia la estancia Santa Clara, donde cambiaba caballos, luego se detenía en el boliche "La Lechuza", de los hermanos Díaz, en lo que hoy se conoce como Villa Roch, antes de llegar a General Conesa.
Pero cuando llovía este itinerario se alteraba y el carromato, tirado por varios caballos al pecho y a las cuartas, buscaba los terrenos más elevados y firmes que eran cada vez más escasos a medida que se acercaban a General Lavalle.
Con los años los Dávila fundaron el "Transporte Solmar" y una flota de colectivos desplazó a los carros, uno de los cuales se halla expuesto en el Museo Libres del Sur, en Dolores. Las anécdotas de la Galera de Dávila se suman a los sucedidos de boliches, saladeros y postas, que son un recuerdo en la mítica región de Santos Vega.
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