
La explotación frutícola integrada se consolida en la zona.
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RIO NEGRO.- En la región del alto Valle de Río Negro y el Neuquén se realiza el Programa de Producción Frutícola Integrada (PFI), una iniciativa que tiene por objetivo principal la producción de fruta de alta calidad con la utilización mínima de agroquímicos. Esto permitirá minimizar riesgos económicos y ambientales y lograr una mejor imagen de la fruticultura argentina.
Luego de cuatro años de experiencias y ajustes realizados en miles de hectáreas de la zona, el plan terminará de consolidarse en el período 97/98, con la identificación y certificación de 2200 hectáreas de fruta. El avance con respecto a las etapas anteriores es que la producción frutícola, además de ser revisada cuidadosamente para detectar el cumplimiento de las pautas del PFI, obtendrá una oblea que lo avalará.
Los trabajos de monitoreo y evaluación son realizados por técnicos especializados del INTA Alto Valle.
El eje del éxito de este programa es un productor capaz de llevar adelante tareas más complejas que las que ya realiza, tales como ajustar las labores culturales y sanitarias a lo establecido en las directivas, realizar monitoreos constantes de insectos, ácaros, predatores y enfermedades.
Quien adopte esta actitud también deberá: instrumentar tratamientos sanitarios, mantener al día los análisis de suelo y foliar y la calibración de sus pulverizadoras; realizar cosechas en fecha y forma correctas; contar con una infraestructura adecuada en su establecimiento y eliminar envases de productos agroquímicos. El modelo es evaluado en forma permanente.
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Valoración regional
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Muchas veces el productor se pregunta si la producción integrada tiene mayores costos. Otros recién comienzan a escuchar sobre este método y no alcanzan a visualizar lo positivo o negativo que lo rodea.
La realidad indica que este control garantiza que el producto que llega al mercado responde a las exigencias actuales de calidad interna y externa y que, además, en su cultivo se ha respetado al medio ambiente.
El elemento central es el análisis de residuos de pesticidas en frutas, realizado por el Centro de Investigación y Asistencia Técnica a las Industrias, de Villa Regina.
Los resultados obtenidos son comparados con los registros del cuaderno de campo, que es entregado a cada productor al comienzo del ciclo vegetativo para el registro de los trabajos.
De esta manera se puede constatar las inobservancias de las directivas específicas o la utilización de productos no permitidos. Este nuevo concepto brinda numerosas oportunidades para la valoración regional.
Son muchas las horas de trabajo perdidas por procesos alérgicos, intoxicaciones y estados generales de malestar que se producen por el uso de pesticidas con los métodos convencionales de cultivos en un valle encerrado como el rionegrino. Las consecuencias para la región serán positivas y se harán notar en el mediano y largo plazo sobre la permanencia y el buen desarrollo de empresas medianas y pequeñas.
Esto contribuirá a una mejor imagen de la fruticultura argentina dentro y fuera del país.
Habrá más chances de comercialización y la posibilidad del agrarismo, como ya se practica en numerosas regiones frutícolas de Europa.
La PFI aparece por primera vez en Suiza y Francia en 1970. En ese entonces se fijaron las pautas que servirían posteriormente para la elaboración de los lineamientos generales de la producción integrada europea.
En la actualidad se realizan los planes de PFI y de calidad asegurada en casi todos los países de Europa occidental, comprendiendo aproximadamente el 35% del área productora de frutales de pepita (322.000 hectáreas), habiendo aumentado un 40% desde 1991. Programas similares se desarrollan en Sudáfrica, Europa oriental, Estados Unidos y Nueva Zelanda.
El PFI en nuestra región tiene características propias que las diferencian de los programas que se llevan adelante en otras regiones del mundo. Entre ellas, las condiciones climáticas regionales y la relativa importancia de las enfermedades fúngicas.
Otra diferencia radica en el uso de herbicidas residuales. Mientras que en la zona su uso no está permitido, en Europa son utilizados en veintiún programas diferentes.






