
El texto mereció el Primer Premio del Concurso Rincón Gaucho en la Escuela, por la Educación General Básica
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En 2001 me tocó vivir una experiencia que alertó a todos los vecinos de Diego de Alvear y a todos los pueblos de la zona: una importante laguna llamada La Picasa se desbordó por reiteradas lluvias y aguas provenientes de ríos de otras provincias, ya que se trata de una cuenca cerrada.
Este lamentable hecho había sido denunciado por productores rurales desde hacía muchos años, pero, según cuenta mi papá, nunca fueron escuchados por las autoridades provinciales y nacionales.
Fue una experiencia desesperante para mí aquella mañana en que la calle se convirtió en cauce de un río que corría hacia la plaza principal. Varias instituciones del pueblo ayudaron a evacuar a los más perjudicados.
Teníamos que viajar al pueblo vecino para ir al colegio. Poco a poco se dificultaba el paso por la ruta 14, que más tarde sería uno de los principales caminos del país. La ruta nacional 7 y el ferrocarril San Martín quedaron bloqueados por el agua hasta la actualidad. Todas las salidas posibles de Diego de Alvear se cerraron y sólo en carretones pudimos cruzar los autos.
Viví la pérdida de nuestro campo. Como muchos, dejó de ser productivo y se convirtió en un destino turístico para aquellos que aman la pesca deportiva. Luego vino la depredación.
El recuerdo más triste fue el cruce de la laguna en lancha con mi familia y unos amigos. Llegamos hasta un campo vecino, después de haberlo visto en la tapa de la revista Gente . Recuerdo la foto aérea del casco en la que unos pocos animales se veían atrapados.
Al llegar, la realidad era mucho más dura que la imagen publicada. Las pocas ovejas que quedaban vivas se sostenían sobre una manga de madera. Otras lo hacían sobre ovejas muertas, aquellas que no soportaron el hambre y el abandono. Seguimos hasta el casco, y en lo que había sido el gallinero cajones de frutas que sirvieron de nidos albergaban a varios zorrinos en su intento de sobrevivir. Las gallinas que pudieron subir a los árboles iban cayendo al agua vencidas por el hambre, el cansancio y el frío.
Mi mamá filmaba. A todos nos cubría una sensación de impotencia. Decidimos entonces rescatar cuantos animales pudiéramos. En una bolsa pusimos a tres zorrinos que sacó mi papá con suavidad de los cajones y a otro que estaba prendido del alambrado. Ninguno de ellos utilizó su conocido mecanismo de defensa. Más tarde regresaríamos con otras lanchas para rescatar las ovejas sobrevivientes.
De regreso a nuestro campo, y ante la mirada de muchas familias que estaban de pesca, liberamos a los zorrinos, que, en su estado de shock, olfateaban todo a su alrededor y salían en carrera hasta perderse de nuestra vista.
Al llegar a mi casa sentí profundo alivio y cierto bienestar por haber sido partícipe de una operación de rescate. Desde nuestra humilde posición me pregunto: ¿cuántos animales habrían sobrevivido si el gobierno, provincial o nacional, les hubiera hecho caso a las primeras denuncias realizadas por los productores?
La presión del agua
Otro de los hechos que se observaron tras la retirada del agua fue el desmoronamiento de los pozos ciegos. Una ordenanza municipal indicó marcar aquellos que coincidían con el trazado de las veredas porque todos corríamos peligro de caer en ellos. De hecho, hubo una víctima: una persona mayor que al cruzar por su patio cayó en el pozo que se abría bajo sus pies. Fue rescatada, pero no resistió el accidente.
Las casas empezaron a tener graves problemas de humedad y múltiples rajaduras en las paredes. Los cimientos iban cediendo por el ascenso de las napas. Algunas viviendas con desniveles y sótano, como también las fosas de los talleres mecánicos, se llenaron de agua poco a poco. Tal era la presión que generaban las vertientes.
Se ha realizado una obra muy importante para retirar el agua de los campos y así poder llevar a su tamaño original a la laguna La Picasa. Para esto las provincias más comprometidas -Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba- realizaron un convenio por el cual abrieron canales y pusieron en marcha una estación de bombeo.
Después de tantos años, el presidente de la Nación se ha dado cuenta de la importancia de esta región, de las pérdidas que este desastre natural provocó, como también la importancia de la ruta nacional 7 -por la que se puede cruzar todo el país, de Este a Oeste- y del ferrocarril.
Esta ha sido una dura experiencia para toda la población. Muchos perdieron sus establecimientos agropecuarios. Otros decidieron cambiar su residencia para poder trabajar.
En el nivel personal aprendí que todos somos responsables de alguna manera de lo que ha sucedido y, a pesar de mi corta edad, me doy cuenta de lo poderosa que es la naturaleza y del respeto que le debemos.La Picasa, una laguna que avanzó incontenible sobre campos y pueblos.
La autora es alumna del 8° año en la Escuela Técnica Particular Incorporada N° 8183, Centro Agrotécnico Regional, de Venado Tuerto, Santa Fe.






