Las inolvidables parvas, un mojón en el horizonte

Eran el centro de un oficio que ya no existe y fueron retratadas por artistas
Susana Boragno
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3 de noviembre de 2012  

Con cierta nostalgia, cuando se transita por las rutas argentinas ya no se pueden observar en los paisajes luminosos de la pampa las tradicionales y significativas parvas, placenteras escenas que estaban también dominadas por arboledas, animales y molinos de viento. No había campo sin parva ni parva sin pradera. Su silueta marcaba un mojón en el horizonte.

La palabra es de origen incierto. Algunos han afirmado que venía del latín, parva , "cosas pequeñas"; parvul , pedazo de tierra; "conjunto de mieses tendida en la era antes de separar el grano". La palabra tal vez se trate de una reliquia prerromana, con el sentido de "montón o porción de cosecha"; acaso de origen indoeuropeo y emparentada con el sánscrito e iranio párvata , "montaña, peñasco" y su primitivo parva, parván ; nudo, bulto, etcétera.

El tema de la parva estaba relacionado con el acopio de forraje, ya sea como reserva para el consumo del ganado en tiempos de invierno o también después de la trilla. Se utilizaban carros o lesas que llevaban el material del lugar de la cosecha hasta el sitio donde se iba a levantar la parva. El oficio de emparvador era muy destacado. Tenían gran habilidad con sus horquillas para distribuir el pasto. Era toda una técnica. Las parvas resultaban sorprendentemente compactas e impermeables. Con el sol, se apelmazaba el pasto formando una cubierta tan buena que impedía el pasaje de la humedad a su interior. Se evitaba que el viento las pudiera volcar. Descalificaba al parvero, cuando un viento la tiraba al suelo. En el Quijote se reproduce el refrán: "A mal viento va esa parva".

Una vez concluida la parva, se le colocaba unas chapas de zinc, para evitar el agua de lluvia, y se aseguraban con alambres que pasaban por encima de las mismas, sujetando sus extremos, atándoles unos trozos de hierro o ladrillos, haciendo contrapeso a los lados, para evitar que se vuelen.

En la temporada invernal se iba cortando el pasto de la parva para el consumo, con una cuchilla manual de hierro que medía 20 de ancho por 80 centímetros de largo.

Otras soluciones de almacenamiento fueron construir silos, graneros y preparar fardos.

La parva fue también tema de litigio familiar. En 1893, se tramitó una sucesión en el juzgado del doctor Lorenzo Espinosa, secretaría de Miguel Herrera, legajo ubicado en uno de los archivos judiciales de la provincia de Buenos Aires. Diez hermanos le reclaman al heredero menor que sume a los bienes a repartir la parva de pasto que no fue incluida en el trámite sucesorio. La respuesta fue que ésa era de su propiedad y no correspondía incluirla. Queda así expuesto el valor económico que la parva tenía.

La parva entró en los reclamos que dieron lugar a la primera huelga agraria de América latina, conocida como el "Grito de Alcorta", cuyo centenario se celebró el corriente año, origen de la actual Federación Agraria Argentina.

En el libro El grito de Alcorta, Antecedentes?, editado por la Federación, se recuerda una carta del 27 de junio de 1912, dirigida al doctor Juan B. Justo, donde se le informaba del movimiento de los colonos contra los altos arrendamientos, y le solicitaba "?si Ud. pudiera y quisiera darnos una mano, el triunfo estaría asegurado? Ud. podría presentar al Congreso un proyecto de ley que contuviera lo siguiente: ?el precio de arrendamiento de campos no podrá ser mayor de 25 pesos por cuadra y por año y se pagará en las aparcerías un máximo del 25% a entregarse en parva y troje?".

El veterano periódico El Civismo de Luján, en la década del cuarenta, imprimió una publicidad del martillero público S. E. Davios, que promocionaba para el 16 de agosto a las 13 horas "?un importante remate de enseres, artículos varios y animales: 7 caballos de pecho y silla, 20 gallinas? rastrillos, pasto y 4 parvas de pastos bueno y una lona de parva? en el tambo de Sinieso López, situado a tres leguas del pueblo de Luján".

Actualmente, las parvas fueron reemplazadas por los rollos de pasto que se pueden ver diseminados por los campos. Los parveros fueron desplazados por las máquinas rotoenfardadoras, de sencilla operación y de alta productividad. Hay máquinas que luego pican el rollo y lo mezclan con otros componentes, formando un mixer programado y utilizado como alimento de ganado. Existen máquinas para corte, acondicionamiento, empacado y procesamiento de diferentes forrajes, que le imprimen buen trato al material forrajero sin pérdida del mismo. También se puede contar con enfardadoras para fardos gigantes, embolsadoras de rollos y granos, recolectoras automáticas de fardos, etcétera.

Hoy se podría considerar la práctica de levantar una parva como un arte efímero, que desaparecía a medida que se iba consumiendo el forraje dejando el espacio para una próxima.

Por suerte, estas escenas de la naturaleza no escaparon a la mirada de los artistas que las retrataron con singular belleza. Tal es el caso del francés Jean François Millet y el holandés Van Gogh, entre otros.

En nuestro país, Martín Malharro mostró una gran sensibilidad por el paisaje de la pampa. Pintó, con una mirada personal, lugares que se fijaron en su infancia en la localidad de Azul, donde su padre era productor rural.

Trabajó, a partir de 1885, como ilustrador en el diario la nacion. Famoso es su cuadro Las Parvas , una de sus últimas obras, plena de naturaleza. Fue expuesta en el Museo Nacional de Bellas Artes, en una muestra póstuma en 1911 y pertenece al patrimonio de la institución.

Gracias a las imágenes de los artistas que posaron su mirada sobre estos paisajes y pintaron estas parvas, hoy se las puede evocar y emocionarse al contemplarlas.

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