OPINIÓN. Las ruedas cuadradas y el desarrollo
Una vieja historia cuenta que una señora recién casada le prepara a su marido una colita de cuadril al horno al que le corta la punta. El marido, sorprendido, le pregunta por qué se la corta. Su mujer le contesta: "No sé, mi madre lo hacía así". Más tarde, le pregunta a su suegra, quien le responde: "Así lo hacía mi madre". Luego tienen la oportunidad de preguntarle a la abuela, y ella contesta: "No entraba en mi horno". Quizás ésta sea la única forma de entender por qué las sociedades, o sus representantes, los políticos, de la inmensa mayoría de los pueblos agropecuarios del interior, están de acuerdo con las trabas a la producción agropecuaria, llámese retenciones (impuestos sobre las exportaciones), ROE (permisos para exportar). En su defecto, no manifiestan su clara y contundente oposición. Quizás esto sea por motivos históricos, de la época, allá lejos, de la famosa "oligarquía vacuna". Pareciera que los gobernantes hoy toman decisiones con la imagen de un siglo atrás.
Hay consenso en que esos pueblos viven del sector agropecuario, de ahí viene su pasado, con miles de historias de esfuerzo, y de vida. De ahí viene su pujanza y desarrollo. Entonces, ¿por qué sus políticos no se oponen a esas medidas? ¿Por adhesión a las indicaciones de políticas centralizadas, más que a sus representados? Medidas estas que bien se definen como "ruedas cuadradas", que no sirven para nada y que no se aplican en ningún país del mundo.
Se puede proponer que sean un anticipo de impuesto a las ganancias, o para hacer un fondo de infraestructura, pero siempre serán ruedas cuadradas.
Medidas, como fundamentó el presidente de Paraguay cuando vetó una iniciativa del congreso de su país para instaurar retenciones, con algún beneficio en el corto plazo y con un enorme costo en el desarrollo del sector y por ende del país en el largo plazo.
Son medidas que les pegan mucho más a los pequeños productores, a los que están lejos de los puertos o están en zonas con peor calidad de suelos, que van dejando de lado algunas actividades, con el impacto en sus pueblos. Y que en las zonas más favorecidas merma la rentabilidad, por lo que hay menor inversión, menor producción y generación de empleo, en beneficio del centralismo. Con menos rentabilidad, ¿quién va a invertir en acopios, tambos, feedlots, criaderos de cerdo, fábricas para procesar maíz o soja? Todos generadores de empleo.
Con estas medidas, el dinero viaja del interior a Buenos Aires y, lo que es mucho más grave, nuestros jóvenes también, con estas políticas sus sueños, su desarrollo, sus oportunidades viajan en el mismo sentido.
¿Qué hicimos los productores que no pudimos transmitir estos cambios? Todo lo que se podría hacer para que el interior florezca y nuestros jóvenes elijan quedarse y puedan desarrollarse no se está aprovechando.
Es hora de probar con ruedas redondas. ¿Podremos darle esa oportunidad al interior de la Argentina?
Podremos cambiar el sistema impositivo actual de obsoletas "retenciones" y trabas a la exportación para pasar a un sistema de recaudación federal basado en gravar ganancias reales, la verdadera forma en la que "el que más gana más paga", evitando las injusticias a muchos productores que pagan altos impuestos, hayan ganado o no, aun cuando sus campos se inunden o sufran una seca. De esta manera, se podría cambiar profundamente el eje del desarrollo nacional. En lugar de centralizar las oportunidades en pocas ciudades, podremos crear desarrollo multipolar generando oportunidades a los argentinos en más regiones del país. Ésa sería una auténtica creación de valor agregado en origen.
¿Qué ven los intendentes de nuestros pueblos? ¿Qué ven los representantes del interior? ¿Por qué no explicitan su oposición a estas políticas que tanto daño le hace al desarrollo de nuestros pueblos?.
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