
Su obra poética, nutrida de un íntimo conocimiento del paisaje y la historia, permanecerá como un clásico
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Alguien, refiriéndose a la creación literaria nacional, recuerda: "La emoción de patriotismo, lo nacional bajo la lupa de los neoinquisidores, tergiversa la auténtica esencia del vocablo. Acaso olvidamos a Echeverría, Hernández, Lugones o Marechal".
En tanto, payadores ocasionales y poetas más profundos conformaron un mapa sustancial en el que la poesía pura y desnuda exhibe el complementado binomio, sin hermetismo, con transparencia meridiana, y descubre la belleza del sentimiento y el paisaje.
Si debe recurrirse a un ejemplo transparente, éste lo constituye León Benarós, creador singular en la poesía contemporánea. Puntano, criado en Lomas de Zamora, Benarós es un hombre cordial, interesado en cuanta experiencia le ofrezca la vida en sus matices cambiantes, como lo demuestra su permanente curiosidad cultural. Posee la gracia del encantamiento y nada es intrascendente para su joven capacidad de asombro.
Como abogado huyó de los conflictos, y el lugar de los papeles litigiosos optó por emplearlo llenándolos de poesía y -¡cómo no!- volcando su ancentuada inclinación por la pintura, como delicado dibujante de la flora nacional. Apasionado de la música -que además se autocalifica "guitarrero de zurda"-, criollísimo en su estilo y expresión, al punto de manifestarse payador (y de los buenos, agregamos), de rima grácil y atractiva. Recuerda con orgullo su contrapunto con el legendario Martín Castro.
Rastreador ávido de la tradición, colecciona llaves antiguas, estribos finamente trabajados en plata y otros "lujos" paisanos. Curioso de las emociones humanas, indaga en la poesía existencial porque lo preocupa el hombre -anota-, "que hacemos sobre esto que llamamos Tierra". Y manifiesta, asimismo: "Me gusta rastrear en los testimonios argentinos para hacerlos una cosa viva; quiero «desencartonar» la historia".
Verdadero apasionado de la música nativa, se vuelca en canciones testimoniales ("El Chacho", "Viva Güemes" y otros caudillos) y en la bella y delicada zamba "La tempranera", suma de fina poesía, de asegurada vigencia, actualizada por jóvenes y nuevos cantores que celebran el hallazgo y la plenitud de su texto: "Era la tempranera, niña primera, amanecida flor..."
Dijo Pablo Neruda: "León Benarós dio al romance su verdadera magnitud, alcanzando un nivel que ni el mismísimo García Lorca había tratado de profundizar".
Entre los poetas que forman su generación, la del 40, su voz es una de las más privilegiadas.
Creador integral
De sus versos y sus pinturas, fluyen creatividad y originalidad, el buen decir y la expresividad del dibujo y el color.
Confiesa: "Me emociona pensar que los seres humanos estamos prisioneros de seres microscópicos que de repente puedan ser dueños del mundo". Esa imagen cabal de su pensamiento sintetiza la regla de este artista integral, convencido de la nobleza gaucha, que reflexiona con su típica serenidad: "Hay que trabajar para hacer poesía y convencerse que la vale la pena promover la unión nacional, y no ser malo porque vivimos muy poco".
Palabras que se confirman y afirman en su vasta bibliografía, de la que bastaría citar Romances de la tierra , Romances de pueblo , Romances paisanos , Décimas encadenadas y las delicadas evocaciones históricas Elisa Brown y Carmencita Puch , sin olvidar su recuento antológico, Romancero criollo , reflejo del hombre cabal de la tierra y sus acaeceres a través del tiempo y de los oficios.
León Benarós, con su blasón de provincianía y el orgullo de aparcero, bien puede retratarse en una copla: "Yo soy el que siempre ha sido,/ el que siempre he sido soy;/ no me hago ni me deshago,/ en un mismo ser estoy".




