
He aquí la historia de Oscar Messina, jugador insuperable de pelota paleta y recitador criollo
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Traído por los vascos al Río de la Plata a fines del siglo XVIII, el juego de pelota en frontón arraigó en toda la región. Las renovadas legiones vascuences que llegaron en el siglo XIX acentuaron el arraigo y divulgaron la práctica más allá de la colectividad, al extremo de que hoy podemos considerar a la pelota a paleta un juego criollo.
Difícilmente quien recorra la campaña bonaerense, santafecina o entrerriana no se tope con un frontón junto a un almacén, tan frecuente como la cancha de bochas. Además, si el viajero llegase en día de enfrentamiento entre rivales de fama, se sorprendería por la capacidad de convocatoria del juego, que puede sumar varios miles de entusiastas presentes. Es un acontecer y un clima que sólo unas pocas prácticas y espectáculos generadas por la propia comunidad suelen lograr, como lo hacen también las carreras cuadreras.
Esta "secreta" popularidad de la pelota a paleta tiene ahora un registro en libro. Se trata de "La leyenda del Manco de Teodelina", de Raimundo Goyanes, que reseña la vida del singular Oscar Messina -el más famoso entre los pelotaris argentinos-, y también da cuenta de la historia local de este deporte y de otros deportistas de renombre.
Messina -que es tan manco como Gardel mudo- constituye una leyenda en vida, ya que tiene en la actualidad setenta y tres años y vive en Chascomús. Existen para ello razones deportivas y extradeportivas. Entre las primeras se cuenta su capacidad de juego en cualquier lugar y circunstancia, sus innumerables triunfos (sobre todo los considerados "imposibles" por los aficionados) y una vida de giras y retos sin descanso. Entre las segundas, no pueden obviarse tanto su temperamento desafiante como su espíritu festivo, que incluye fuera de la cancha un reconocido talento como recitador criollo. Todo eso lo convirtió en el pelotari de mayor convocatoria en cualquier punto de la geografía rural y pueblerina rioplatense: donde jugaba el Manco, la concurrencia era segura.
Messina nació en Teodelina, pequeña localidad santafecina en la "rejión del trigo", como designó Estanislao Zeballos a esa amplia faja de la pampa húmeda, y que aún los lugareños llaman "Teodolina", ya que durante años se la denominó así por error.
A los pocos años de dedicarse por entero a la pelota a paleta -aclaremos que fue así porque siempre jugó en desafíos por dinero y no en el circuito de campeonatos oficiales o "federados"- el Manco se radicó en Chascomús. Desde allí llegó, en todos los medios posibles, a cuanta localidad o almacén de campo tuviera un frontón, para garantizar presentaciones de éxito en un clima de ardorosas apuestas, entusiasmos y festejos.
Así Messina se forjó un perfil de personaje querido y admirado entre los paisanos, con ribetes novelescos. Las anécdotas que sobre él se cuentan son las esperables en todo héroe popular: ganar y dilapidar "un platal" en un mismo día, animarse a jugar en notable desventaja y vencer, convidar copas con generosidad hasta altas horas de la madrugada para festejar un triunfo, ayudar al amigo y nunca "ir a menos". El boca a boca las propagó y amplió hasta construir una verdadera leyenda, en ese ámbito genuino.
Pero más allá del itinerario del propio Messina, de su curiosa biografía, el libro también constituye un interesante registro de épocas y ambientes, de hábitos, prácticas y valores que las sociedades rurales y pueblerinas poseen, y de todo un abanico de conductas culturales que, aunque evidentes, suelen ser soslayadas.
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