Maíz: cómo capturar el rendimiento que se pierde dentro del lote
La calidad de siembra, la ambientación y el manejo ajustado a cada ambiente permiten reducir una brecha productiva que puede superar el 15%.
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Una parte importante del potencial de rendimiento del maíz argentino nunca llega a la cosecha. No se pierde únicamente por factores climáticos o sanitarios, sino también por decisiones de manejo que limitan la expresión de la genética disponible.

Según explican desde Nidera Semillas, la próxima frontera productiva no pasa solamente por incorporar mejores híbridos, sino por generar las condiciones para que esos materiales expresen todo su potencial.
“El mejoramiento genético viene aportando alrededor de 80 kilos por hectárea por año en ambientes tempranos y tardíos de la región templada, y cerca de 50 kilos anuales en el Norte. Son avances muy importantes que pueden crecer todavía más si el manejo acompaña”, señaló Facundo Ferraguti, extensionista de Zona Núcleo de Nidera Semillas.
La calidad de siembra, una variable clave
Uno de los principales factores que condicionan el resultado final del cultivo es la implantación. Nacimientos desuniformes, fallas en la distribución de semillas o diferencias en la emergencia pueden provocar pérdidas significativas desde las primeras etapas del ciclo.
“La uniformidad de siembra es clave en maíz. Lograr una distribución homogénea de las plantas permite que cada una disponga de recursos similares y pueda expresar mejor su potencial”, explicó Ferraguti.
De acuerdo con los relevamientos realizados por la compañía, la desuniformidad espacial y temporal puede generar pérdidas cercanas al 15% del rendimiento. Si a eso se suman errores de manejo vinculados a una incorrecta caracterización ambiental del lote, la brecha productiva puede ser aún mayor.
Para identificar estos problemas, la red de distribuidores de Nidera utiliza monitoreos con drones durante los primeros estadios del cultivo, evaluando densidad lograda, uniformidad espacial y homogeneidad en la emergencia.

La importancia de manejar cada ambiente de manera diferente
La ambientación y la siembra variable son otras herramientas que permiten capturar rendimiento.
Los ensayos realizados por la compañía muestran que ajustar la densidad según el potencial de cada ambiente genera, en promedio, un incremento del 4,5% respecto de los esquemas de densidad fija, con beneficios económicos estimados en torno a los 52 dólares por hectárea.
“Comparando planteos de siembra variable versus fija observamos ventajas cercanas al 5% a favor de la variable. Son diferencias que pueden resultar muy importantes en escenarios de márgenes ajustados”, afirmó Ferraguti.
Durante la campaña 2025, se emitieron más de 8.000 informes digitales de visitas a campo, y tres de cada cuatro productores recibieron recomendaciones específicas de manejo para sus lotes.
Híbridos que elevan el techo productivo
Mientras el manejo gana protagonismo, la genética continúa elevando los rendimientos potenciales.
Uno de los materiales destacados es el NS 7765 VIPTERA3, que lideró evaluaciones de la red CREA Centro de Córdoba y de la red de INTA Marcos Juárez, y quedó en segundo lugar en las evaluaciones de INTA EEA Oliveros, mostrando, por segundo año consecutivo, estabilidad y alto potencial en distintos ambientes.
“Es un híbrido que posicionamos tanto para siembras tempranas como tardías. Tener un producto que funciona bien en ambas ventanas representa una ventaja muy importante para el productor”, explicó Leandro Ulrich, gerente de Desarrollo de Producto de Nidera Semillas.
La compañía también incorporó los híbridos NS 7852 VIPTERA3 y NS 7925 VIPTERA3. Este último fue desarrollado especialmente para regiones del norte del país y se destaca por su comportamiento frente al complejo de achaparramiento asociado a la chicharrita Dalbulus maidis.
Además, el NS 7624 VIPTERA3 CL combina alto potencial de rendimiento con tecnología Clearfield, una herramienta valorada para el control de gramíneas y malezas difíciles.
Genética y manejo, una combinación inseparable
Con la genética aportando mejoras constantes campaña tras campaña, gran parte de la productividad futura dependerá de la capacidad para ejecutar correctamente cada decisión agronómica.
La ambientación, la calidad de siembra, el monitoreo y las recomendaciones específicas para cada lote aparecen como herramientas clave para reducir la brecha entre el potencial y el rendimiento efectivamente cosechado. La combinación de la genética de Nidera junto a los servicios sin costos asociados que tiene la marca a través de su red de distribución, pueden capturar más de 20% de productividad en cada lote.
En definitiva, el desafío ya no pasa solamente por elegir el mejor híbrido, sino por crear las condiciones para que esa genética exprese todo lo que puede dar.
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