Malvinas: el gaucho era bonaerense

Usaban recado, manea, cincha y su asado con cuero era admirado por los visitantes
Susana Boragno
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4 de junio de 2016  

Como dijimos en la nota del Rincón Gaucho del sábado pasado, después de los conquistadores, marinos, colonos y sus voces holandesas, francesas, inglesas y españolas, fueron luego los gauchos quienes formaron el alma insular en la geografía malvinense. Sus trabajos y elementos fueron imprescindibles. Es que los vacunos y yeguarizos que fueron abandonados después del período español, se multiplicaron en libertad. Como los mochos no se capaban, resultaron magníficos ejemplares de hasta 700 kilos. Dada su abundancia se decidió explotar sus cueros, huesos, etcétra. Conservar la carne preparando tasajo o el charque con sal no fue conveniente por la humedad del clima.

Por un decreto de agosto de 1823 del gobernador Martín Rodríguez refrendado por su secretario Bernardino Rivadavia le acordó a Luis Vernet el usufructo del ganado existente en la Malvina Oriental (isla Soledad). Un decreto posterior de enero de 1828 le concedieron los terrenos baldíos de la isla con la obligación de levantar una colonia dentro del plazo de los tres años. Vernet compró ovejas, caballos, útiles, enseres y fletó barcos con gauchos que eran principalmente de Buenos Aires y la isla se convirtió en una factoría. Los gauchos apresaban al ganado cimarrón con el lazo o boleadoras. Cuando algún toro pretendía escapar, lo alcanzaban con sus caballos a la carrera, a pechada y a las voces "de vuelta toro". Lo llevaban al corral que contaba con un palenque central donde lo ataban para domesticarlo o carnearlo. El capitán Weddell había observado que los toros atacaban cuando veían a una persona sola, entonces se juntaban varios, pareciendo que era uno solo y cuando el animal arremetía se desplegaban abatiéndolo a disparos de pistola. Esa costumbre de ataque era similar en los caballos salvajes.

Cuando se iba a buscar yeguas salvajes, llevaban caballos mansos y viejos y al divisar una pieza, la boleaban hasta apresarla. Una vez en el suelo le ponían bozal y la acollaraban al caballo traído de señuelo y era llevada al corral donde la palanqueaban. Cuando se trataba de potros no se los boleaba para cuidarles las patas, se los enlazaban en plena carrera, tarea que resultaba difícil pero no imposible para el gaucho. Algunos potros eran indomables.

En los valiosos relatos de viajeros se puede obtener más detalles de la labor de los gauchos. El naturalista John Andersson elogió cómo los gauchos manejaban a sus caballos llevando las dos riendas juntas en una sola mano, "gobernaban a sus animales con una suavidad de movimiento, era una manera criolla de montar diferente a las europeas". El botánico William Davies reparó en "dos yeguarizos con las crines largas y las cola hasta los garrones. Sus monturas son recados con cojinillos de cuero de carneros,? bozal,? las riendas son de cuero crudo y argollas prisioneras" .

Charles Darwin recorrió el interior de la isla Soledad con seis caballos y dos gauchos. Tuvo que soportar de la semana cuatro días de lluvia continua y dijo que le había quedado mucho dolor en "sus lomos". Contó cómo enlazaban una vaca o un toro bravo, lo mataban con serias dificultades por las escenas de terror que vio con un animal encolerizado. Cuando un toro monstruo perseguía al jinete, les tiraban las boleadoras a las patas traseras y el animal furioso se tranquilizaba. El caballo que acompañaba al gaucho conocía su trabajo y colaboraba en la caza. A Darwin le llamó la atención como preparaban la carne con cuero. Se utilizaban las partes superficiales, es decir, costillares, falda, vacío, paleta, cogote especialmente de vaquillona, cortadas y asadas del lado de la carne con la piel adherida y a fuego lento "? no requiere ni siquiera salmuera, resultando de gusto exquisito y de rigor en toda fiesta campera".

Qué importante y necesario fue el trabajo de los gauchos en Malvinas. Sólo ellos podían enfrentar esas duras y difíciles tareas. Es significativo ponerlas en valor para saber de sus aportes, de su vida arriesgada y para que no queden definitivamente en el olvido.

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