Ariel Salvador Pla, un productor agropecuario de la localidad cordobesa de Pilar, explicó por qué otra vez los productores están movilizados
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“Estoy harto de que el Gobierno use la plata que aporto con el esfuerzo de mi trabajo para acomodar los desmadres de su política”, dice Ariel Salvador Pla, un productor agropecuario de la localidad cordobesa de Pilar, mientras en su provincia hoy se realizó un tractorazo para protestar contra la suba de las retenciones.
“Amo la actividad y estoy cansado de ver productores que quedan en el camino, que a pesar de que trabajan y se esfuerzan se funden porque se los traga el sistema”, reclama Pla. Fue su bisabuelo, español, el que llegó a la Argentina y comenzó con la actividad agropecuaria. Luego, su abuelo siguió la tradición, que continuó su padre. Él también nació y se crió en el campo.
El productor quiere que se realice una marcha a Buenos Aires. “Es asfixiante y llegué a un punto de hartazgo; no puede ser que nos cobren retenciones, es discriminatorio e ilegal. Tenemos que ir a mostrarnos al lugar en donde se toman estas políticas que nos asfixian”, reclama.
“La gota que rebasó el vaso e hizo que me involucre activamente en los reclamos del campo fue en 2008 la decisión del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner de aplicar retenciones móviles. Siendo joven veía que me robaban mi futuro, la posibilidad de poder disfrutar de lo que yo producía”, cuenta el productor.

Cuando era chico, Pla pasaba sus tardes observando las actividades que hacían los adultos. “Quería hacer lo que hacían los grandes y a esa edad uno es una esponja”, explica. Cuidaba las gallinas, los cerdos y las vacas, juntaba los huevos, controlaba las aguadas. Sentado en la falda de su abuelo, aprendió a los seis años a manejar un tractor. “Teníamos responsabilidades y eso nos dio un orden mental”, destalla.
La disciplina que le dio la vida de campo y sus padres fue lo que lo ayudó a enfrentar su vida como pupilo en una escuela técnica ubicada a 50 km de su casa, a los 12 años. “Fueron años difíciles, me tuve que separar de mi familia, irme de mi casa y empezar a convivir con chicos de distintas edades y personalidad”, comenta.
Cuando terminó el colegio, regresó al campo a trabajar con su padre. A pesar de que al tiempo pudo tomar un crédito y comprar su propio campo, él aún deseaba estudiar una carrera. A los 23, se fue a la ciudad para estudiar abogacía.
“Vivimos en un país que está lleno de injusticias y me atrapaba la idea de poder ayudar a la gente inocente, que es vulnerada desde factores de poder que no tienen razón de serlo”, expresa.

Sin embargo, la actividad agropecuaria pudo más y al tiempo dejó la carrera y regresó al campo. De a poco empezó a trabajar y pudo capitalizarse y alquilar los campos de su familia. Actualmente hace rotación de 50% de maíz y 50% de soja.
“El campo ha sido desprestigiado, denostado y eso pesa en la vida social. Antes había una situación de tranquilidad, no había la maraña impositiva y fiscal que hay en estos momentos”, lamenta.

El productor fue partícipe de la creación de un proyecto de ley para que las retenciones sean cero. “Es un proyecto para salir de la discriminación que hemos sufrido los últimos años porque pagamos todos los impuestos que pagan los sectores de la economía, más las retenciones”, indica.
“Es triste porque el sector político cree que los esfuerzos y riesgos que asumen los demás ellos los deben gestionar y así castigan a los que producen”, concluye.
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