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LINCOLN.- Una serie de banderas identifican a la firma a unos pocos metros del acceso del parque industrial de la ciudad. En diez años, Mega pasó de ser una pequeña empresa a liderar el mercado local de secadoras de granos.
Sus oficinas son sencillas y casi flamantes; alguien aclara que un tornado les voló el techo hace muy poco tiempo. Una vez en el interior, la recepción está a cargo de Marcelo Lombardo, uno de los dos socios de la firma.
"Empezamos hace aproximadamente 10 años realizando mecánica, electricidad y gas. Tomamos el nombre de las primeras letras de esas palabras (mega). Elegimos este nombre porque coincide con una unidad de medida muy usada en ingeniería; después el término se popularizó como sinónimo de algo grande, pero no es por esa razón que se nos ocurrió."
Lombardo y su único socio, Marcelo Valfiorani, ambos ingenieros mecánicos, iniciaron sus actividades como toda "pequeña empresa", dedicándose a construir redes eléctricas industriales, instalaciones de gas para edificios hospitalarios y hoteleros y redes de pueblos.
Pero, paralelamente, durante tres o cuatro años, realizaron servicios de reparación y transformación de secadoras de granos. Allí visualizaron la posibilidad de concentrar sus energías en algo que les permitiría caracterizarse y trascender económicamente.
"Eramos proveedores de servicio de clientes muy buenos, como Cargill y Bunge, por citar algunos. De pronto vimos que teníamos los compradores, conocíamos todas las marcas nacionales y extranjeras existentes en el país y sólo nos faltaba el producto. La primera máquina la montamos en 1995", contó Lombardo. Y agregó: "A partir de ahí, crecimos muy despacio, pero sin pausa. Esos primeros años vendimos 6 o 7 equipos, y luego tuvimos un año que vendimos una cantidad similar, pero allí dejamos de tercerizar la fabricación, algo que hacíamos a 300 kilómetros de Lincoln y nos ocasionaba una serie de problemas logísticos, como el control de calidad".
En vista de esto, los socios decidieron redoblar la apuesta y se abocaron a armar su propia planta en el parque industrial de Lincoln (con ayuda del municipio). "Nos alquilaron un galpón de cuatrocientos cincuenta metros y ese mismo año compramos las máquinas para hacer todas las partes aquí. Tuvimos una breve etapa de estancamiento debido a ese proceso de montaje, pero luego logramos el despegue. El inicio fue de 40 módulos anuales (parte de la máquina). Comenzamos operando en el mercado nacional y hoy somos líderes allí, además de exportar a toda América latina. De México para abajo les vendemos a todos los países que cosechan granos."
Piedras en el camino
En medio de todo esto, se sucedieron varios barquinazos económicos que cortaron abruptamente el impulso de Mega.
"Tuvimos un bajón en ese mal período de 2001 que se toma como punto de referencia de la peor crisis, pero al poco tiempo se dio el aumento del precio de la soja y se empezó a vender muchísimo. Esa tendencia se mantuvo mientras las cotizaciones siguieron en alza. Hoy las ventas han caído un veinte por ciento, pero eso se compensa con lo que estamos exportando, de modo que conservamos el volumen de ventas."
Para exportar se han servido de las mismas empresas con las que alguna vez dieron los primeros pasos en el país o con otras de esas mismas naciones importadoras. "En Brasil, donde es muy difícil ingresar, realizamos una alianza estratégica. Y en otros países, como Rusia y Ucrania, entramos por medio de las empresas con las que ya trabajamos y que operan allí", explicó Valfiorani.
El de Ucrania es un proyecto para Bunge y el de Rusia es compartido entre esa empresa y Cargill. "Ellos nos orientan acerca de la logística necesaria para realizar todo el proceso. El transporte de una máquina es algo muy complicado; por ejemplo, las que llevamos a Ucrania ocupan doce contenedores", apuntó Lombardo.
Mega es una muestra más de que con trabajo y objetivos claros se puede pasar de ser una pequeña empresa a líder del mercado.




