
Iniciativa de una pequeña productora
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En su cumpleaños número cincuenta, Rosa Elena Alvarez decidió ir más allá de la tradición familiar.
Se propuso elaborar miel de caña y, así, agregarle valor al típico cultivo que explotaron sus ancestros. Y aunque ese día no hubo velitas en la torta, sus tres deseos confluyeron en una sola idea: vender en la feria local.
"Yo no sabía hacer miel de caña, pero vi que un vecino había empezado a producir, y entonces me animé..., si él la hace por qué yo no voy a poder", se preguntó hace cuatro años.
Junto a otras diez personas pusieron manos a la obra. Obtuvieron un crédito del Programa Social Agropecuario (INTA) por mil pesos a pagar en 5 años, compraron el trapiche de dos cilindros a motor, construyeron un horno y edificaron un techo para poder trabajar en los días lluviosos.
Hoy, con idas y venidas en la organización del grupo, quedó Rosa Elena vendiendo en forma directa miel embotellada y etiquetada a un negocio de San Miguel de Tucumán.
Ahora tiene posibilidades de ampliar sus ventas porque una empresa de alimentos estaría dispuesta a comercializar una línea de productos elaborados con esta materia prima natural, en reemplazo del azúcar.
Para miniemprendimientos de este tipo, los técnicos realizan el siguiente cálculo: por la miel que se obtiene de 1 t de caña, el productor recibe $ 400 mientras que por la misma cantidad de caña sin procesar, recibe 50 pesos.
De familia cañera
Esta tucumana "medio metidita en todo", como le gusta definirse, además de ser madre de seis hijos y atender los quehaceres domésticos, reparte su tiempo entre la granja, la huerta y la costura para terceros. De esta forma puede acrecentar los exiguos ingresos de la casa.
"Mi papá no tenía mucho, sólo media hectárea de caña. Mamá tenía un negocio chiquito, que yo continúo, por tener un rebusque. Por eso, le digo que no me quedo esperando sentada. De todos lados tengo que garronear algo".
En realidad, la caña de azúcar fue introducida por primera vez en la región en 1565. La fabricación artesanal de miel de caña se remonta al siglo XVII.
Cuentan que la manera de elaborarla se descubrió cuando en plena cosecha, a un pequeño productor le llamó la atención que de una caña cortada y pelada emanara un líquido azucarado que atraía a las abejas.
Punto de partida
En Balderrama, un poblado tucumano de pequeños cañeros, próximo a la ruta y a una escuela rural, Rosa María posee una hectárea. Allí se realizaron las primeras reuniones exclusivamente para mujeres.
"La primera vez éramos como quince. Estábamos muy entusiasmadas, queríamos hacer todo y prácticamente no hicimos nada. Por una cosa u otra, el grupo se desarmó. Seguramente porque las ocupaciones domésticas nos demandaban mucho tiempo, pero si nos hubiéramos organizado, podríamos haberlas cumplido en un rato."
Después de este intento fustrado invitaron a los hombres a sumarse. "Nos volvimos a juntar y el primer día no veíamos la hora de empezar a hacer miel. Estaba segura de que algún día lo lograríamos. He ido a los festivales y a tantísimos lados, porque al mercado hay que buscarlo. Me he quedado de la mañana a la noche para atender a los turistas. Les llama la atención el trapiche. Sacan fotos y se van contentos."
Con sabor regional
Celosa de guardar bien en secreto la receta de la elaboración de la miel, sólo accede a comentar algunos productos que fabrica a partir de la misma. "Estuve haciendo los alfeñiques (caramelos en forma de nudo) y me salieron de diez , pero tendría que conseguir una paila de cobre para que salgan más ricos".
También intentó con otras dulzuras regionales como las tabletas, un producto sólido, rectangular, hecho con batata y ralladura de naranja o limón; las chancacas, otro redondeado, mezcla de leche, maní molido, harina de maíz y harina de nuez, y finalmente, los licores de miel, con alcohol más menta o mandarina o naranja.
La querencia
Cuando se le pregunta si alguna vez pensó irse de Balderrama, responde que jamás abandonaría el pago. "Uno puede estar apretado con todo, pero aquí puede tener criando algún animalito. A usted le llega una visita a cualquier hora y ahí nomás agarra una gallina, un lechón, lo pone al horno, y ya tiene con qué atenderlos. Pero si estoy en la ciudad, dónde voy a echar mano si no tengo plata, quién me va a fiar..."
Las marchas y contramarchas de este emprendimiento se forjaron a fuerza de ilusiones y decepciones.
Mientras Rosa Elena continúa hilvanando la trama de su relato, una pregunta queda flotando en el aire: ¿cuáles serán los próximos tres deseos ahora que se aproxima su cumpleaños número 54?
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