
Cambios: maltratado por las continuas inundaciones, el campo que fue de la familia Capozzolo se recuperó tras pasar a manos de la firma Cresud.
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LOGROñO, Santa Fe (De un enviado especial).- Lenta, sin piedad y como una gigantesca túnica que todo lo abraza, la inundación del verano de 1998 sepultó una buena parte del centro santafecino.
Por entonces, La Esmeralda un gigantesco campo de 12.000 hectáreas estaba poco menos que maniatada y a merced de los caprichos de la naturaleza.
Hace un año, la familia Capozzolo ya tenía decidido vender casi todos sus campos, entre ellos La Esmeralda. Con una inversión, que según trascendió fue entre 5 y 6 millones de dólares, el grupo inversionista Cresud encabezado por el poderoso magnate George Soros se hizo cargo de la empresa y decidió poner manos a la obra con el objetivo de orientar las variables productivas y manejables en la dirección de los niveles mas rentables.
Lo primero que hicieron consistió en tratar de manejar los excesos hídricos con la construcción de canales. La tarea no resultó fácil. Fue menester construir y mantener unos 45 kilómetros de desagües y, al mismo tiempo, concertar con el comité de aguas zonal (integrado por productores y representantes municipales y del Ministerio de Agricultura de Santa Fe) cómo había que manejar el agua para que no afecte a los vecinos. Todo eso se logró con mucha paciencia y esfuerzo.
Por supuesto esto no es todo lo que se hizo. Las mutaciones no se hicieron con una acuarela que se decolora con unas pocas gotas de agua, se utilizó un óleo de características fuertes y mucho más indeleble.
Por empezar, se decidió apostar fuertemente a la producción inviertiendo capital. Se cambió la categoría productiva de cría por la de invernada; en agricultura se trabaja por administración en lugar del arrendamiento a porcentaje tradicional (20-30 por ciento).
Plan de inversión
Además, se está empezando a sistematizar el campo en siembra directa y a mejorar la calidad del forraje con boyeros y con la aplicación de desecantes (paraquat) en la alfalfa.
Claro que había que buscar la forma de poner buen pasto sobre el suelo, alimento conservado y silo de maíz a disponibilidad de los animales. Ese resultó un objetivo específico de la actual administración.
"Hoy se está desarrollando un programa de inversión que consiste en la implantación de variedades de alfalfa de grupo 6,7 u 8, prácticamente sin latencia invernal. Se piensa llegar a las 4000 hectáreas, ello nos va a permitir recibir todo el destete macho de los campos de cría del norte", comentó Roberto Zuázquita, gerente de campo de La Esmeralda, un chaqueño de unos 40 años, que aún guarda el acento natal y que está perfectamente entrenado para manejar conflictos complejos.
"Si logramos una carga promedio anual de 700 kilos por hectárea estamos hablando de unos 14.000 novillos de 200 kilos y nos queda como remanente 4000 hectáreas de inferior calidad para ganadería de cría y otras 4000 de agricultura", completó Zuázquita.
No resulta casual la inauguración del cargo "gerente de campo" en lugar del tradicional "mayordomo de estancia".
Los nuevos dueños tratan de enfatizar los conceptos productivistas, de management moderno y también de control de gestión. En suma, dejan bien en claro que el campo es una empresa que debe generar dividendos que satisfagan a los inversionistas.
Una factoría de carne y granos
Con este manejo básico planean "fabricar" en este año unos dos millones de kilos de carne con un margen de producción de bastante más de 100 dólares por hectárea. Este producto se complementa con 2000 hectáreas de soja transgénica A 6001 y 6401 y con 1500 hectáreas de girasol de las variedades Morgan 734, Contiflor 3 Paraíso.
Como puede verse fácilmente se trata de un resultado muy interesante, sobre todo, si se piensa que hasta hace muy poco era un campo con un 50 por ciento de la superficie inundada y en el que sólo se podía hacer la actividad de cría y algo de agricultura.
Dos de las decisiones que resultaron claves en la recuperación de este campo fueron explicados por José Luis Rey, asesor externo de La Esmeralda.
En los lotes de alfalfa no inundados, pero que detentaban importantes pérdidas de plantas, se aplicaron diferentes herbicidas y se sembraron Rye Grass, cebadilla y tréboles rojo y blanco.
Luego del retiro del agua, en los lotes inundados, se aplicó glifosato y se sembró en forma aérea melilotus y Rye Grass. Con estos dos aciertos agronómicos se mejoró sustancialmente la capacidad forrajera del campo.
Conclusiones
Se puede estimar que el valor de La Esmeralda se duplicó con respecto al que fue necesario desembolsar para su adquisición hace sólo un año o más atrás. Los dos millones de kilogramos de carne que se esperarían producir y las cuatro mil hectáreas de agricultura, seguramente podrán poner contentos a los inversores del grupo Cresud, ya que se incrementa sustancialmente la productividad de este campo Como se sabe, desde hace algún tiempo, este grupo empresario cotiza en la Bolsa junto a otros fuertes grupos empresarios vinculados con el campo como es el de Garavaglio-Zorraquín (Frigorífico Cepa).
Los cambios agronómicos y la inversión por hectárea, fueron seguramente los que facilitaron el puente que lograron zanjar los bajos niveles productivos. Pero antes de ello se registró una mutación en el management de la empresa que permitió hacer todo lo demás.
Los principales cambios que se efectuaron en la explotación son los siguientes:
- Se orientó el campo hacia logros de resultados concretos y con niveles rentables. Este campo cuenta actualmente con estrategias bien definidas y se efectúan constantemente reuniones de evaluación y de control de gestión.
- Se consolidaron controles que permiten medir y comparar cada una de las actividades, por más pequeñas que éstas sean.
- Existen fondos para financiar proyectos nuevos, aún pensando que al principio pueden resultar algo complejos, por ejemplo, se está analizando un proyecto de feed-lot.
- La gerencia sabe que pueden haber errores y que todos los hombres podemos cometerlos: "El que hace se equivoca". No hay castigos o amenazas en este sentido.
- El equipo de trabajo se consolida con gente que está todo el "santo día" en el campo y con asesores externos que ven la producción desde otro ángulo. Esta interacción parece dar muy buenos resultados., peasr de los excesos de agua y del calor, que por estos días llega a los 40 grados y más.
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