
"El mercado de campos mantiene la tendencia general a la baja observada en 1999. Los negocios que se concretan son muy conversados y se desarrollan dentro de un contexto de tranquilidad", define Narciso Vivot, de la firma Elizalde, Garrahan y Cía. "Hay una brecha grande entre las pretensiones de los compradores y las ofertas de los potenciales adquirentes, y las ventas exigen bastante tiempo para que las partes se avengan a un acuerdo", agregó.
Vivot no vacila al afirmar que los precios han bajado de un 20 a un 30% respecto del momento pico de 1996-97, pero, aun así, los compradores pretenden una quita mayor, sobre todo en los campos con limitaciones. Tienen en su favor una oferta que tiende al aumento, impulsada por planteos no viables con los actuales niveles de precios, por escasez de escala o de productividad. No obstante, los negocios deben sortear la renuencia de los productores a aceptar la nueva situación de precios: "A ningún agricultor le gusta escuchar que su campo hoy vale 2000 dólares la hectárea, luego de que llegó a 3000 en 1997".
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Al considerar los valores de las distintas zonas de producción, Vivot marca un rango de 3500 - 4500 pesos por hectárea para la zona maicera núcleo, aunque aclara que se han concretado ventas a valores mayores en el caso de campos especiales por ubicación o escala. Hacia el oeste de Buenos Aires, los precios caen a 1000 - 1500 pesos para campos de invernada, con extremos de 1000 - 1200 en Pellegrini y 2000 más hacia el centro de la provincia. En el nordeste de La Pampa se concretan negocios sobre la base de 800 - 1000 pesos. En la zona de mar y sierras las cotizaciones fluctúan de 1500 a 2000, con valores superiores para los campos muy buenos. En la región de cría de la cuenca del Salado se consiguen campos de 0,5 - 0,6 vacas/ha por 400 - 500 pesos por hectárea.
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La sequía no se aleja de los agricultores. A los conocidos problemas que soportan la soja y el maíz se agregan los efectos sobre los campos ganaderos. Los turistas que transitan por la ruta 2 rumbo a la costa ven que los campos naturales muestran una tonalidad amarillenta amarronada, con fuerte disminución de la oferta de forraje de calidad. "Sólo la alfalfa permanece verde en las lomas, gracias a su capacidad de bombear agua de las capas profundas", explicó un productor de la zona que puede cruzar los canales de desagüe a pie.
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