En la actividad, el que gana plata no es necesariamente el que entró barato. Es el que entró en el momento y la categoría correcta, produjo con eficiencia y vendió donde el mercado pagaba mejor
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La pregunta que se hace todo el que pone plata en ganadería hoy es siempre la misma: ¿no estamos comprando en el pico? Es una pregunta razonable. Un ternero de invernada supera los cuatro dólares por kilo. En términos reales, los precios están un 44% por encima del promedio de los últimos veinte años. Los números son, objetivamente, altos. Pero la pregunta tiene una trampa. Asume que el precio de entrada es el factor más importante. En un sistema de producción bien gestionado, no lo es.
Cuando muchos piensan en ganadería, imaginan un solo modelo: comprar vacas, esperar que paran, vender los terneros. Pero eso es solo uno de los caminos posibles. Un operador que trabaja con capitalizaciones y hotelería —es decir, que pone hacienda en campos de terceros o recibe hacienda ajena para engordar— tiene una ventaja que el criador tradicional no tiene: puede elegir dónde entrar en la cadena según cómo están los precios relativos en ese momento.

¿Conviene comprar terneros livianos y transformarlos a pasto durante la recría? ¿O es mejor entrar con novillitos más pesados y terminarlos a corral? ¿El diferencial de precio entre categorías justifica el tiempo y el costo de producción de cada etapa? Esas preguntas no tienen una respuesta fija. Tienen una respuesta de hoy, que puede ser distinta a la de la semana que viene.
La clave no está en el precio absoluto de ninguna categoría. Está en la relación entre categorías: cuántos kilos de novillo gordo necesito para comprar un ternero de 180/200 kilos, o cuánto me cuesta producir un kilo de ganancia a pasto versus a corral. Cuando esa relación se mueve, cambia todo el tablero.
Si el ternero sube más rápido que el novillito, entrar liviano y recriar a pasto se vuelve más caro, pero también más rentable si la ganancia de peso es buena. Si el novillito ya está caro respecto del gordo, el margen del feedlot se achica y conviene buscar otro momento o reducir el ciclo. Un operador que sigue estas relaciones en tiempo real no apuesta a que los precios suban: trabaja con lo que hay, ajustando el punto de entrada y la duración del ciclo según la foto de cada momento.
Ganar kilos es la prioridad
El escenario actual tiene una particularidad estructural que vale entender. Según datos del Senasa, la oferta de terneros en la Argentina viene cayendo: de casi 15,3 millones de cabezas destetadas en 2022, se pasó a alrededor de 14,5 millones en 2024 y 2025. Nos encontramos en un período de retención de stock de vientres, y ese número no se recupera rápido — una vaca necesita entre 18 y 24 meses para parir su primer ternero.
Menos terneros disponibles con demanda de faena sostenida significa que los precios de reposición van a seguir firmes. Eso encarece la entrada, pero también sostiene el valor de lo que producís. Y acá aparece una variable que hoy tiene un peso especial: la eficiencia productiva en cada etapa del ciclo.
En un sistema a pasto con capitalización, una buena recría apunta a ganancias de entre 500 y 700 gramos diarios. Bajo hotelería en corral, con una alimentación bien manejada, ese número ronda o supera los 1200 gramos por día. Son dos lógicas distintas, con costos distintos y mercados de destino distintos.
El punto de encuentro entre ambas es este: hoy el costo de los insumos para suplementación y terminación a corral está en niveles competitivos. El maíz, los suplementos proteicos, las pasturas: la relación entre lo que cuesta producir un kilo de ganancia y lo que vale ese kilo al momento de vender está alineada de una manera que no siempre se da.
Eso abre una oportunidad concreta. La demanda global de carne vacuna viene en alza, y los mercados de exportación —especialmente los que pagan diferencial por calidad— buscan animales pesados y bien terminados. Un novillo de 500 kilos vale sustancialmente más por kilo que uno de 400 en el mercado externo. La diferencia no está solo en el precio por categoría: está en el peso total de la res y en el acceso a mercados premium como la cuota Hilton, 481 o los destinos de Estados Unidos y asiáticos que hoy traccionan con fuerza.

Aprovechar este contexto — precio de suplementación razonable, demanda exportadora activa, animales con potencial de engorde — es lo que separa al operador que maximiza el ciclo del que lo completa.
Este contexto abre también una oportunidad que va más allá de la eficiencia individual: la de construir alianzas productivas que integren toda la cadena y generen valor agregado para cada parte. Generar acuerdos con criadores que producen el ternero, recriadores que generan el crecimiento óseo-muscular y con feedloteros que tienen la infraestructura de terminación no es solo una estrategia de abastecimiento. Es una forma de optimizar cada etapa del ciclo dentro de un mismo esquema, donde cada actor hace lo que mejor sabe hacer y el resultado del conjunto supera ampliamente lo que cualquiera podría lograr por separado.
El criador gana un destino seguro y predecible para su producción, el recriador acompaña eficientemente el proceso siguiente y el feedlotero mejora la calidad y el costo de su reposición. El operador que articula el proceso captura el valor de la integración.
A eso se suma una dimensión que la ganadería argentina todavía está aprendiendo a aprovechar: la incorporación de capital de ciudadanos y empresas que no operan en el campo, pero que buscan invertir en activos reales, con respaldo productivo concreto y gestión profesional. Esta combinación —conocimiento del negocio ganadero, alianzas en la cadena primaria y capital externo bien apalancado— es la que está demostrando resultados más sólidos y sostenibles en el tiempo. La ganadería siempre fue un negocio de largo plazo. Las alianzas bien construidas lo hacen también un negocio de mayor escala, menor riesgo y mejor retorno para todos los que participan.
La pregunta correcta. ¿Entramos caro? Sí, en términos históricos absolutos. Pero esa no es la pregunta que hay que hacerse. La pregunta es: ¿la relación de precios entre la categoría que compramos y la que vendemos justifica el ciclo de producción que podemos hacer?
Si la respuesta es sí hoy, se entra hoy. Si no, se espera o se cambia el punto de entrada. No hay una única puerta: hay un tablero de relaciones que cambia, y la habilidad está en leerlo. En ganadería, el que gana plata no es necesariamente el que entró barato. Es el que entró en el momento y la categoría correcta, produjo con eficiencia y vendió donde el mercado pagaba mejor. Y cada vez más, lo hace en red.
El autor es Líder de ADBlick Ganadería
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