La posibilidad de perfeccionar las modalidades de contratación temporaria o discontinua, adecuándolas a los ciclos productivos, puede contribuir a reducir la informalidad que aún persiste en diversas economías regionales
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La media sanción en el Senado de la llamada Ley de Modernización Laboral abre un debate profundo sobre el futuro del trabajo en la Argentina. Pero, más allá de la discusión política, existe un sector que puede verse particularmente beneficiado por este nuevo marco normativo: el campo.
El agro argentino ha sido históricamente uno de los motores productivos del país. Genera empleo, exportaciones y dinamiza economías regionales. Sin embargo, durante décadas operó bajo esquemas pensados para realidades urbanas e industriales, muchas veces distantes de la dinámica estacional, climática y regional propia de la actividad rural. Esa falta de adecuación generó costos, litigiosidad e incertidumbre que terminaron afectando tanto a productores como a trabajadores.
Uno de los ejes centrales de la modernización es la reducción de la conflictividad judicial. En el sector agropecuario, donde predominan explotaciones medianas y pequeñas, un juicio laboral puede comprometer seriamente la continuidad productiva de una empresa familiar. La actualización de criterios indemnizatorios y la mayor claridad en la registración y contratación apuntan a reducir la litigiosidad y brindar previsibilidad. La previsibilidad es condición indispensable para invertir.

En lo que respecta específicamente al régimen de trabajo agrario, los cambios proyectados no implican una pérdida de derechos ni una precarización del empleo rural. Por el contrario, buscan actualizar herramientas jurídicas para que reflejen con mayor fidelidad las características propias de la actividad. La estacionalidad de las campañas, la dependencia de factores climáticos y la necesidad de mano de obra intensiva en determinados períodos requieren instrumentos flexibles que permitan formalizar esas relaciones laborales sin distorsiones.
La posibilidad de perfeccionar las modalidades de contratación temporaria o discontinua, adecuándolas a los ciclos productivos, puede contribuir a reducir la informalidad que aún persiste en diversas economías regionales. Facilitar la registración en contextos de alta rotación estacional no significa desproteger, sino incorporar al sistema a trabajadores que hoy muchas veces quedan al margen de la seguridad social.
El campo necesita inversión constante: maquinaria, tecnología e infraestructura. Cada decisión productiva se planifica a largo plazo y bajo riesgo climático y financiero. Si el marco laboral acompaña esa realidad con mayor claridad normativa y menor incertidumbre judicial, el impacto se traduce en más empleo formal, más productividad y mayor competitividad internacional.
La modernización también representa una oportunidad para el trabajador rural. Un esquema que incentive la formalización amplía el acceso a cobertura médica, aportes jubilatorios y protección social. La estabilidad normativa favorece relaciones laborales más transparentes y previsibles. No se trata de elegir entre derechos y producción, sino de comprender que ambos pueden y deben fortalecerse mutuamente. La actualización normativa también favorece el arraigo rural y el desarrollo de las comunidades del interior.

En un contexto en el que la Argentina necesita incrementar exportaciones, generar divisas y recuperar competitividad, fortalecer al sector más dinámico de su economía resulta estratégico. Un campo con reglas claras, menor litigiosidad, modalidades contractuales acordes a su realidad productiva y mayor formalización laboral es un campo con más capacidad de crecer, invertir y generar empleo de calidad.
La discusión pública no debería centrarse en consignas simplificadoras ni en temores infundados. Modernizar no es desregular sin límites, ni mucho menos retroceder en derechos conquistados. Modernizar es adaptar la norma a la realidad actual, dotarla de coherencia con el siglo XXI y brindar seguridad jurídica tanto a quien invierte como a quien trabaja.
Si la ley logra consolidar ese equilibrio de “protección efectiva del trabajador y previsibilidad para el empleador”, el impacto en el campo argentino puede ser no solo positivo, sino verdaderamente transformador. La oportunidad está abierta: convertir la modernización laboral en una herramienta de desarrollo, formalización y crecimiento sostenible para todo el país.
La Cámara de Diputados tiene ahora la oportunidad institucional de completar este proceso legislativo con una mirada estratégica y de largo plazo. Acompañar esta modernización no implica resignar derechos, sino consolidar un marco más previsible, formal y acorde a la realidad productiva del país. Convertir esta media sanción en ley será también una señal clara de estabilidad jurídica y compromiso con el desarrollo del empleo rural y la competitividad argentina.
El autor es abogado, docente universitario y asesor de la Sociedad Rural Argentina (SRA)
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