
Alberto Arán, descendiente de carreros sampedrinos, construyó más de 45 modelos.
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El viletense Alberto Arán es uno de los "craftsmen" argentinos dedicados a la construcción de maquetas de carruajes que, como los antiguos titiriteros, deambula por el país acompañado de un pequeño baúl, lleno de sus maravillosas réplicas, para exhibirlas en diversas instituciones regionales.
Descendiente de carreros sampedrinos, de la zona de Las Viletas, Arán pasó más de treinta años trabajando en una importante empresa de neumáticos y, en sus ratos libres, acudía a clases de pintura con maestros de la talla de Forte. "Hasta que todo se pinchó", comenta el actual artesano.
A comienzos del movidito show de las fusiones y compras entre las empresas, el hombre se quedó "de a pie en el medio del campo y sin fósforos".
Por eso buscó en los carruajes en miniatura una forma de aprovechar su tiempo y detenerse a evaluar dónde estaba parado... Así volvió a tomar carrera.
De hobby a ocupación
Hace tres años que el sampedrino Arán se dedica a esta pasión. Sus queridas maquetas se exhiben en un taller improvisado detrás su casa de Quilmes.
El artesano ha logrado reunir más de 45 modelos originales de coches tirados a caballo. Entre ellos se destaca la réplica de un cart dog de la casa de carruajes francesa Morel, similar al mismo que Arán veía transitar con los perros de caza de la estancia El Dorado, cuando era chico.
Con paciencia y minuciosidad, Arán construye sus originales en escala "uno a diez" y "uno a doce".
"Algunas llevan tres o cuatro meses y otras un año. Por ejemplo, la réplica de una espigadora-hileradora Mc Cormick, fabricada en América del Norte en 1930, me llevó más de un año. Se trata de un antepasado moderno de las cosechadoras, tomada de un original que se conserva aún en Baradero", comenta Arán, seducido por un hobby que terminó en actividad.
"Cada tanto vendo una réplica, pero los precios son muy elásticos y es muy difícil dar el precio justo a una de estas maquetas, por el tiempo que demandan. Por ejemplo, un carruaje de bomberos, que data de 1884 y es réplica de otro inglés de 1881, insumió cien días de labor constante y fue vendido en 4000 pesos. Pero eso no ocurre todos los días", señala el artesano.
Chatas y tranqueras
También hay un espacio destinado a las chatas y sus estilos: sampedrina, azuleña y de Lobería. Arán realiza con la misma paciencia arneses, tranqueras y otros instrumentos de la vida rural.
Un break de chasse y un dog cart esperan ser retirados por un empresario. Más atrás, una diligencia de 1840, llamada "carruaje del gobernador", es una exacta réplica del distinguido coche que ingresó al país Timoteo Gordillo.
"En esa época entraban los carruajes por Entre Ríos, por Santa Fe y por Bolivia, para uso agrario, sin pagar impuestos", comenta Arán, quien conoce las historias vinculadas con cada una de sus obras.
El artesano realizó, además, una réplica de la "coupé de los gobernadores", similar a la que usara Dardo Rocha, fabricada por la casa Million y Guiet, de París.






