
Con su herramienta, el martillo, don Ignacio supo hacer de los remates una ocasión para el encuentro, más allá de las ventas; en el viejo Patio Bullrich tenía sus oficinas y sala de subastas
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"Los remates y ferias ganaderos no desaparecerán nunca, aunque el modo de ejercer la actividad ha cambiado." Esta opinión la emite Ignacio Sáenz Valiente, de la firma Sáenz Valiente Bullrich y Cía. SA, alguien que lleva la profesión de martillero en la sangre.
Nadie con más títulos para hablar del remate ganadero. Entregado a una vocación que heredó de su lado materno, los Bullrich, pertenece a la quinta generación dedicada a este quehacer.
Con su concurso tuvo lugar la venta de miles y miles de cabezas de ganado, especialmente Holando Argentino. Hace cincuenta años que actúa como uno de los personajes principales de esa particular ceremonia, en la que los ofertantes levantan su brazo en medio de inquietudes y tensiones.
En 1948 entró a trabajar en la casa Bullrich, donde permaneció, según relata, hasta noviembre de 1978, año en que, con su hermano Guillermo y Luis Federico Bullrich, fundó la firma Sáenz Valiente Bullrich y Cía. SA.
"Con esta empresa, que cumplirá ya veinte años, empezó una nueva etapa de mi vida", afirma Ignacio, que se preocupa por destacar "el excelente aporte que a ella brindan su sobrino Guillermo Sáenz Valiente (h.), León O´Farrell y Esteban Sojo."
Tenía 18 años cuando, en una exposición avícola, trabó relación con el martillo.Dirigió indistintamente la puja por los precios de ganado porcino, ovino, equino y bovino, pero su especialidad fue sobre todo la venta de Holando Argentino: "A esta raza la vi surgir, fui testigo de su magnífica evolución".
Sáenz Valiente no puede entrar en el actual Patio Bullrich, ex recinto de grandes remates ganaderos:"La transformación del escenario de tantos momentos importantes me produce una dolorosa sensación, por eso un día que mi mujer fue allí de compras me quedé esperándola afuera".
Cuando se remonta al pasado revive algunas subastas que lo marcaron de modo especial, "como cuando se vendió en 1960 un toro por la suma, en ese entonces increíble, de un millón de pesos".
Respecto del último remate efectuado en el Patio Bullrich, Sáenz Valiente recuerda que fue la liquidación de todas las vacas del tambo de La Juanita, de Guillermo Alchourón, en 1970. Los viajes a las distintas provincias fueron en su profesión una constante. Le quedan pocas zonas por conocer, pero su lugar predilecto -reconoce- fue siempre el partido de Castelli, donde es productor agropecuario.
Hoy, como ayer, la necesidad de desplazarse por el país es continua, pero los nuevos tiempos dieron su impronta a la actividad del martillero. La computación y los teléfonos celulares simplificaron su labor. Un cambio importante, según refiere, consiste en que antes cuando llegaba a rematar a la feria de cualquier lugar del interior, todos se le acercaban para preguntarle qué pasaba en Buenos Aires. "Ahora resulta que están más adelantados en las noticias que yo, pues como están todo el día con la televisión, saben pelos y señales de lo que sucede con la Bolsa en Hong Kong o en Cuba", dice Ignacio.
Con su larga experiencia son muchos los productores que le depositaron su confianza en lo tocante a obtener el valor más alto a la hora del golpe de martillo.
En su opinión, el de rematar es un oficio que requiere una atención enorme: "Un momento de distracción puede perjudicar siempre al vendedor o al comprador".
Es optimista frente al panorama que ofrece el mundo actual. "Yo veo -comenta- que en materia de precios estamos pasando por un momento excepcional."
Asegura que este año hubo diferencias importantes con respecto al pasado: "Podemos hablar del 20 o 25 % en valores de novillo, pero en las ferias, globalmente, del 40 o 50 por ciento". Ve con muy buenos ojos que el mercado de Liniers vuelva a tomar auge como regidor de precios.
A su labor incansable se agrega ahora la de sus hijos. Tres de los siete: Gervasio, Fernando y Esteban dedican las horas de su vida al mismo esfuerzo que signó las de Ignacio.
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