La agricultura, la ganadería y otras actividades encuentran en el suelo santafecino todo lo necesario para desarrollarse
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ROSARIO.- Con una extensión geográfica que supera a la de muchos países europeos y una sugestiva forma de bota, la provincia de Santa Fe se consolida año tras año como uno de los pilares productivos de la Argentina. Pese a que este año estas bases fueron minadas por las graves inundaciones.
Sucede que esta provincia no es sólo una, sino varias. De Norte a Sur, las unidades agropecuarias cobran matices radicalmente diferentes. Desde el verde intenso de los cultivos de soja y el dorado de las espigas de los cereales, pasando por el inevitable blanco y negro de los rodeos lecheros hasta el gris de los montes menos fértiles del Norte.
Así, dotado de características naturales de excepción, este territorio se ha transformado, desde la llegada de Juan de Garay y un puñado de criollos hace más de dos siglos, en una potencia económica apuntalada por una actividad humana netamente progresiva.
Claro que esta capacidad generadora de ganancias debe convivir con una serie de problemas que socava y retrasa un mayor crecimiento. Por un lado, es llamativo que en un territorio como el santafecino, dotado de vías de comunicación por tierra y agua, les resulte tan difícil a los productores llegar a los centros de comercialización. La escasez de puertos sobre el río Paraná, que baja desde Reconquista hasta Rosario, y de caminos laterales se evidencia, especialmente, en los meses pico de la cosecha, cuando los embarques de cereales se intensifican. De esta manera, los productores se ven obligados a contratar fletes costosos y poco prácticos.
Aún más nocivo que la falta de redes comunicativas son las inundaciones que aquejan a regiones específicas, como los bajos submeridionales del Norte y la zona litoraleña. A estos inconvenientes se les suma la amenaza creciente de la degradación de los suelos por la agricultura continua.
Un cielo protector
Hubo un tiempo en que en Santa Fe todo era distinto. La mano del hombre logró, como no siempre ocurre con demasiada felicidad, darle a la tierra la oportunidad de demostrar de qué está hecha.
La agricultura, al irrumpir la soja a principios de la década del setenta, se expandió de tal forma que hasta las banquinas de las rutas se aprovechan para sembrar. Según dicen, este cultivo es a la economía rural lo que el oxígeno para los hombres. Todo gira alrededor de ella: desde el comercio minorista de cada ciudad del interior provincial hasta la actividad industrial pesada.
De las 13.300.000 hectáreas totales que posee Santa Fe, el 36 por ciento corresponde al sector agrícola y el 57, a la ganadería. Sin embargo, del 12 por ciento que aporta el sector agropecuario al PBI provincial, el 6,75 corresponde a la agricultura, 5,32 a la ganadería (incluyendo lechería) y 0,05 al desarrollo forestal.
Los datos macroeconómicos indican que Santa Fe participa con el 19,2 por ciento del total de las exportaciones de nuestro país. Brasil es el principal destino. Este socio del Mercosur efectúa compras de cereales por 130 millones de dólares, productos lácteos por 103 millones, carnes por 31 millones y grasas y aceites por 28 millones.
En el Sur
Una vez en el camino, puede observarse que el paisaje del sur santafecino posee características singulares. Pocos animales y una producción decididamente agrícola delinean su perfil. No obstante, la versatilidad de las condiciones favorecen los planteos agropecuarios mixtos que se nutren de la ganadería lechera y los sembradíos de soja, maíz, cebada y sorgo.
Allí, en el departamento de General López, a 367 kilómetros de Buenos Aires, se levanta la ciudad de Venado Tuerto que representa uno de los enclaves productivos más importantes.
Podría decirse que los productores del sur de esta provincia están bajo la protección de la diosa Ceres, aquella deidad romana que velaba por la agricultura. Según comentan, El Niño fue bendito para ellos. Lejos de atacar con los excesos hídricos del Norte, los campos fueron regados con lluvias medidas.
En el seno de la pampa húmeda, Venado Tuerto cuenta con una posición privilegiada. Aunque a principios de siglo los primeros colonos irlandeses se dedicaban especialmente a la cría de ovejas, hoy la agricultura fue desplazando por su rentabilidad las producciones animales.
Delmo Gallo, de todos modos, optó por poner las fichas en pozos diferentes. En sus 141 hectáreas produce con 46 vacas, 500 litros diarios de leche que vende a 20 centavos. También siembra en las 85 hectáreas restantes soja, maíz y variedades forrajeras. El planteo también incluye un rodeo de cría de ovejas para lana y carne, que le otorga una utilidad pequeña, pero adecuada. Cada una de las actividades funciona como el aceite de los engranajes de esta empresa, que no cuenta con grandes extensiones.
"Aun en campos muy amplios, este sistema tiene buenos resultados. La ganadería da estabilidad a la empresa y dinero todos los meses. Se trata de un planteo de sustentabilidad agrícola-ganadero", definió Gallo, al tiempo que remarcó el amparo que la rotación de diferentes cultivos le otorga al suelo.
En lo que respecta a los rendimientos agrícolas, los datos señalan promedios de hasta 80 quintales en maíz y 35 quintales en soja, siempre y cuando acompañen las condiciones de humedad.
En la Sociedad Rural de Venado Tuerto consideraron que el balance de esta campaña fue, productivamente hablando, muy buena, y en cuanto al rédito económico, tan sólo aceptable, dado los actuales bajos precios del mercado.
El paquete tecnológico aquí llega a su máxima expresión. Según Enrique Klein, la idiosincrasia de las personas que manejan los campos ha cambiado: "Hoy son verdaderos empresarios". En su campo de 3500 hectáreas se producen 25.000 litros de leche diarios, con 1200 vacas en ordeñe.
Vía láctea
Siguiendo hacia el Norte, por la ruta 57, entre las localidades de Beravevú, Las Parejas ("Cuna de la Industria", como dice el devaluado lema de la ciudad, dado que quedan pocas de las fundiciones) y Armstrong, el paisaje se encuentra salpicado por numerosos silos. La fiebre agrícola se sostiene con la fórmula soja + maíz = ganancias.
De todos modos, llegando al centro de la provincia, paulatinamente comienzan a asomar los rodeos Holando Argentino. Los tambos se imponen al panorama rural. La ciudad de Rafaela, con 79.112 habitantes, es cabecera del departamento de Castellanos, ubicado en el centro oeste de Santa Fe. Típicamente lechera, esta zona se transformó en la cuenca más importante de América latina, con 6600 kilómetros cuadrados y 2700 millones de litros producidos en 1996.
La historia cuenta que los orígenes de la actividad en la región se remontan a 1881, cuando un grupo de doce familias italianas del Piamonte fundaron en parcelas pequeñas una colonia. Desde ese momento, el sector lechero fue el sello de la población rural de Rafaela. Existen en este departamento 5500 tambos, con 550.000 vacas en producción. El aporte santafecino representa el 30 por ciento del total nacional y la mayor parte sale de esta cuenca.
Según relató Jorge Pesce, que administra tres tambos en 2000 hectáreas, es una zona de inflexión climática: "Se obtienen excelentes resultados con veranos buenos, pero en ciclos estivales regulares pasamos algunos sustos. No hay que olvidarse de que es un terreno semiárido. Este año, igualmente, al contrario de lo que pensábamos con respecto a los beneficios de El Niño, los excesos de agua provocaron una caída de la productividad de entre 20 y 30 por ciento".
Un mapa vertiginoso
La geografía santafecina hasta el centro de la provincia, con praderas fértiles, sin accidentes orográficos y cañadas semipermanentes, contrasta notablemente con la del Norte, donde el panorama se precipita hacia campos bajos, inundables y poco aptos para la agricultura extensiva.
Desde la ciudad de Santa Fe hasta el límite con la provincia del Chaco, los establecimientos ganaderos se transforman en estancias de vastas dimensiones. La ganadería es moneda fuerte y abarca el 95 por ciento de la superficie de los departamentos de San Cristóbal, Vera, Gral. Obligado y 9 de Julio. Sustentada, básicamente por pasturas naturales, la invernada vacuna de razas cruzas, Hereford y Braford ganan terreno, mientras que los rodeos índicos disminuyeron.
El secretario de Agricultura y Ganadería, Miguel Angel Paulón, puntualizó que las grandes lluvias apagaron la euforia que se vivía en el sector por los elevados precios. En los últimos años, segúnel funcionario, los productores avanzaron sobre estas tierras con la aplicación de tecnología para desarrollar una agricultura redituable.
En las márgenes del río Paraná, desde Reconquista hasta Santa Fe, los colonos se volcaron al cultivo de arroz, algodón, plantaciones frutícolas de duraznos y hortalizas. Actualmente, en toda la provincia existen arrozales que cubren 15.500 hectáreas.
En el distrito de San Romang, una zona tradicionalmente agroganadera, se comenzó a hablar de reconversión. La Unión Agrícola de Romang, con una antigüedad de 63 años, reúne a más de 200 productores. Posee una desmotadora de algodón que este año procesó 4000 kilos para exportar a Europa, Asia y países del Mercosur. También disponen de un silo con capacidad para almacenar 30.000 toneladas de cereales.
En esa misma localidad funciona el molino arrocero Del Litoral, que procesa 240 toneladas diarias de arroz destinado principalmente a mercados externos. Ricardo Grarmiger, encargado de producción, sostiene que "antes se hablaba de tres toneladas por hectárea de rendimientos y hoy es común lograr 7000 kilos".
El catálogo agropecuario de Santa Fe se completa con sendas producciones de frutillas en la localidad de Coronda, hortalizas en las inmediaciones de la capital y plantaciones forestales promovidas por el plan provincial que, en los últimos doce meses, incentivaron la implantación de unas 2000 hectáreas.




