
De la "luz mala" al "chotacabras": terrores del criollo
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Lo que se dijo del gaucho y después del paisano, que a la vez se moría de incrédulo y de supersticioso, debe de seguir siendo cierto. La reflexión viene a propósito de las cosas raras contadas últimamente sobre presuntas andanzas locales del portorriqueño "chupacabras" -en realidad, "chotacabras"-, que si tanto se han reiterado será porque son creídas, sin que, pese a ello, nadie parezca preocuparse ni una pizca por hechos que serían extraordinarios.
Antaño, la gran historia era la de las "luces malas", siempre inquietantes pero a las que tampoco se temía demasiado.
Almas en pena, aparecidos o fantasmas chisporroteantes, el perjuicio no pasaba del susto y como, además, solían custodiar "tapaos", lo más común era que en un mano a mano el hombre prudente largase la pregunta interesada: ¿Dónde está ese tapao que vos cuidás?, un intento de convertir al guardián en entregador.
A la luz mala se la vinculaba con "tapaos", populares tras centurias de esconder tesoros: los caciques perseguidos por los conquistadores, los realistas por los patriotas, los montoneros por los soldados de línea y los santitos matreros por el comisario.
Lo curioso es que hallar joyas, monedas y platería acarreaba desgracia, por lo común la muerte o la enajenación, igual a como se paga el andar hurgueteando las momias de los faraones.
Luz en la oscuridad
En los libros, la luz mala criolla -"fuego fatuo" en España- no es sino un destello que en pantanos, cementerios y otros lugares depresivos se mueve a corta distancia del suelo debido a reacciones químicas de la materia orgánica en descomposición, a lo que hay que añadir el llamado "fuego de santelmo", otro destello que en ocasiones ilumina las copas de los árboles si hay en la atmósfera excesiva electricidad.
Los flojos rezan, hacen la señal de la cruz y se "aprietan el gorro", o sea ponen pies en polvorosa. Los audaces, en cambio, miran fijo, pero mordiendo la vaina de un cuchillo; unos y otros salen indemnes, lo que indica que ambos recursos son eficaces.
Pero esas luces, el fuego a secas y aun el rayo tienden a confundirse, lo que da origen a relatos contradictorios. Así, en Santiago del Estero no pocos afirman que no hay tales luces errantes, sino una llama hecha y derecha surgida del propio "tapao".
Como ver salir fuego del suelo resulta por demás extraño y necesariamente pasmaría a todos, aclaran que es muy inusual y que sólo puede ocurrir el 24 de agosto, en la noche de San Bartolomé. También en esa provincia se desaconseja hachar el árbol en el que cayó un rayo, y es el temor a convocar uno de éstos el que generó la tradición porteña de no tomar mate cuando truena.
Realidad y fantasía
Personaje que se las trae es Telésfora Castillo -esa santiagueña a la que decían Telesita-, que murió quemada, según unos en un accidente y según otros encendida por la pasión de la danza. Pues fue así: hubo chacareras, y más chacareras y muchas más todavía, hasta que estallaron las llamas no se sabe si porque cayó un candil o porque ardieron las ropas de la muchachaÉ Supuesto esto último, ¿no sería uno de esos casos de "combustión espontánea" de los que hablan los estudiosos de los fenómenos paranormales?
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