
Esta particular competencia deportiva recobró nuevos bríos desde hace unos años y ayudó a rescatar coches que estaban en el olvido
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CASTELLI.- Relegados a su actual función de adornar un parque o una galería de estancia o ubicados en sitios preferenciales de los museos, cuesta imaginarse a esos carruajes recorriendo las enormes distancias que otrora transitaron en esa indelegable tarea a la que se destinaba cada uno de los modelos o tipos existentes. Clasificados en "para paseo" o "para trabajo" y bajo denominaciones en vocablos de idiomas tan foráneos como su mismo origen, estos coches empezaron a recorrer nuestra geografía mucho antes de que naciera la patria y tuvieron un papel decisivo en cada una de las alternativas que ésta protagonizaría en su primer siglo y medio de existencia.
Pero más allá de su extemporánea existencia actual, los carruajes siguen en pie gracias a la oportuna afición de unos cuantos entusiastas que, con un apasionamiento contagioso, han reinstaurado las atadas, una modalidad de representación que salvó a muchos ejemplares de su destrucción. Se trata de una competencia deportiva con coches antiguos, que tiene como motivo fundamental mantener vivas las costumbres de campo.
Con una interrupción bastante larga, las atadas se han reeditado. Se hacen desde las primeras exposiciones de la Sociedad Rural Argentina, allá por finales del siglo XIX, pero desde hace cinco años han cobrado nuevos bríos y se organizan cada vez con mayor cantidad de socios y de carruajes.
Dos instituciones son las encargadas de poner en escena a estas verdaderas reliquias, mientras que una tercera es la que ha transformado los coches agregándoles elementos mecánicos propios de automóviles modernos que favorecen las pruebas de competición que se practican aquí y en pistas europeas.
"Esto empezó hace unos años por iniciativa de varios entusiastas, entre los que estaban las hermanas Perkins, que hicieron un poco de punta y empezaron a reunir gente. Al principio era algo así como un club de amigos, porque eran atadas muy divertidas que hacían que todos comenzaran a sacar los carruajes de los galpones. Luego se fueron armando otras asociaciones, como las de Atalaje Deportivo, que ya están en la parte de competición, con pruebas con obstáculos, otras con estilo de maratón", comentó Luis María Loza, uno de los responsables de la casa Arandú.
Gracias a sus conocimientos sobre el tema, Loza fue el encargado del micrófono durante la atada que se realizó en la última Exposición Rural de Palermo, un encuentro que reunió a varias americanas, algunos breaks, dos doble haiton y un ómnibus, cada uno de los cuales fue tirado por la cantidad y calidad de caballos que la tradición indica. "La Argentina ha sido muy rica en otros tiempos -agregó Loza-, y a raíz de esa riqueza en el siglo XIX y principios del XX llegó una gran variedad de carruajes provenientes de Europa. Asimismo, muchos artesanos europeos empezaron a fabricar coches acá, o sea que tenemos casi todas las clases existentes, calidades excepcionales de las mejores casas del mundo, lo mismo que en el caso de las guarniciones."
En cuanto a las características de las competencias, hay instituciones que se ajustan a lo puramente tradicional y otras que incorporaron elementos actuales como los de atalaje deportivo, con freno a disco en las cuatro ruedas, lo que le da posibilidad de un distinto manejo y con hierros para resguardarlo de los vuelcos.
En lo que se refiere a los conductores, la Argentina tiene muchos y de los buenos. Algunos que han concurrido a los mundiales que se realizan en Europa, como Eduardo Romero Neto, Raúl Aquerreta, Raúl Lamoraglia.
Prudencio Hernández es un apasionado de estas prácticas. La vestimenta de época que luce al momento de la entrevista -poco antes de salir a la pista central con su breack de caza en la que, poco después, alcanzaría el premio mayor- lo revela como a un inquieto investigador. En una disciplina en la que no abundan testimonios, cualquiera se pregunta qué libro hay que seguir para aprender sobre esta apasionante actividad. "Hay mucha bibliografía americana y europea, la mayoría en idioma alemán. En Alemania hay 2500 conductores asociados y otros 2500 no asociados; una cantidad significativa", explicó Hernández.
Por supuesto que los valores son determinantes en un espectáculo signado por la estética; sin embargo, Hernández dice que no se trata de un hobby caro. El carruaje es una inversión y los caballos se pueden mantener con ración y campo natural. "Este coche debe rondar un valor de 60.000 u 80.000 dólares -afirmó en referencia al que él mismo ata-, porque es un modelo que ya no se ve y está sólo en Estados Unidos. Varían mucho de acuerdo a si son franceses, ingleses, americanos o argentinos. También se aprecia si es un modelo de los que ya no quedan en el mundo, como es el caso del mío. Pero contando con el coche esto se hace en familia y entre amigos en donde todos hacen lo que haga falta", explicó el experto.
Además se fabrican coches modernos. Tal es el caso de los que construye Holmer, en San Antonio de Areco, que los hace a pedido. Otros constructores tienen su especialidad: unos se ocupan de las ruedas y otros de las carrocerías.
Referente indiscutido
Roberto Tanto es uno de los referentes indiscutidos en materia de atadas en esta región bonaerense y es el presidente de la Asociación Amigos del Caballo y el Carruaje de la Argentina. Tiene su estancia, La Costosa, a 20 kilómetros de Chascomús, donde dedica buena parte de su tiempo a la actividad relacionada con los animales de tiro. "Anduve con el tema de los carros hace mucho, hasta que por esas vueltas de la vida vendí todo, hasta la amansadora. Pasaron más de 20 años hasta que retomé esto, que recobró su furor hace alrededor de cinco años. Todo empezó con la primera atada que realizamos en Chascomús. Desde ahí nos empezamos a juntar entre amigos para darle forma a esto."
La asociación que preside Tanto es la más abarcativa de las conocidas. "Hasta su formación, la referencia que existía era El Club del Carruaje, que reunía coches de lujo que se habían mantenido en galpones de las estancias de familias tradicionales. Los nuestros, en cambio, son de todo tipo, desde los lujosos hasta los de trabajo."
La asociación está integrada por miembros de Chascomús, La Plata, Quilmes y Avellaneda. "Tratamos de no bastardear esto, por eso es que cuando nos invitan para un desfile o encuentro preguntamos de cuánto tiempo vamos a disponer y sobre esa base adecuamos el número de participantes. Sólo pedimos cinco minutos para que cada uno pueda explicar las características (modelos, empleo, etc.). Los nuestros no son carruajes de lujo, pero entre ellos se puede encontrar el carro de un reparto, una jardinera, una chata, elementos que mucha gente no ha visto nunca."
Todos coinciden en que es mejor hallar carruajes destruidos, pero originales, que reparar otros sin respetar su modelo auténtico. "Se fabricaron a partir de 1820 y su furor se produjo alrededor de 1920", señaló Tanto.
Luján, Pilar, Entre Ríos, Miramar y San Antonio de Areco son algunos de los lugares en los que se realizan atadas y paseos, aunque también en numerosos desfiles y fiestas criollas se puede disfrutar de estas exhibiciones que intentan rescatar el espíritu campero de épocas pasadas.
Caballos, coches y gente en una reunión especial
La imponencia de los caballos, la belleza de los coches y el entusiasmo de la gente dan un color especial a estos encuentros. Luján, Pilar, Chascomús, Miramar y San Antonio de Areco son algunos de los lugares en los que se realizan atadas y paseos, aunque también en numerosos desfiles y fiestas criollas se puede disfrutar de estas exhibiciones que buscan rescatar el espíritu de otras épocas.
El impulso del barón y las damas
CASTELLI.- Presenciar una atada o un paseo significa retroceder en el tiempo, a veces, hasta un siglo o más. Cada carruaje pertenece a una época, y durante ella la gente se vestía de determinada manera, que es prolijamente respetada en estos noveles encuentros.
A diferencia de otras actividades hípicas en ésta participan las mujeres y, particularmente en la Argentina éstas tienen mucho que ver en su existencia. Las siete hermanas Perkins organizaron allá por los años noventa la primera atada en la estancia familiar El Veintinueve, en Alberdi, partido de Leandro Alem.
Ellas han sido prestigiosas amazonas que hoy prefieren la serenidad de un coche para seguir ligadas a una pasión que las une de tanto en tanto en los diversos lugares en los que suelen efectuar estos encuentros.
Rosmarie, María Adela, May, Inés, Mercedes y Cintia (muy ligada a las pruebas de Endurance, otra disciplina íntimamente vinculada con el caballo y que ha cobrado un gran auge en los últimos años) han heredado o adquirido los carruajes con los que recrean una prestigiosa tradición familiar, aunque todas reconocen que es Margarita quien más tuvo que ver con esta iniciativa.
"Nosotros somos gente de a caballo, pero esto nos viene de nuestro abuelo materno, el barón Peers, que ganó muchos concursos en Palermo con su Mail-coach, de tiro de cuatro, que hoy se halla en el museo de Parque Luro, en La Pampa", dice Margarita. Y continúa: "Al primero lo hicimos sin mucho conocimiento por eso recurrimos a nuestro hermano Gastón [conocido piloto de automovilismo recientemente fallecido] para que nos dirigiera en cuestiones técnicas. El era el árbitro y nosotros le llamábamos cariñosamente el DT. Fue muy importante en esto porque, como se sabe, a él también le gustaba todo lo que tuviera que ver con los caballos".
Otro gran aporte
El barón Wolf Von Buchholez es un alemán que vino a dar a la Argentina por esas cosas del destino y ha importado a nuestro país caballos de hasta 30.000 dólares, según dicen los consultados.
Tiene ejemplares de igual calidad en Alemania que en Entre Ríos, y aquí ha destinado setecientas hectáreas únicamente a los caballos. Para poder participar en concursos y encuentros ha adoptado la ciudadanía argentina y eso le permite representar a nuestro país en otras latitudes.
A su modo, y movidos por una gran pasión, estas siete damas y este barón, han aportado mucho para que las atadas de carruajes recuperaran el terreno perdido.
Escasos y bien cotizados
Lejos de los tiempos en los que la mayoría de las tareas se hacía mediante la tracción a sangre, hoy se torna dificultoso conseguir caballos dóciles y mansos
CASTELLI.- La mansedumbre de un animal de tiro es tan importante como su origen o su presencia. Aunque no se han difundido demasiado, los accidentes producidos por caballos espantados atados a carruajes dieron lugar a muchas tragedias. Más allá de la mayor o menor docilidad de carácter que cada animal presenta individualmente, hay razas más aptas que otras para esta actividad.
No obstante, además de contar con esas condiciones, todos deberán pasar por un proceso más o menos prolongado que les permitirá tirar con elegancia y sin dificultad el coche que les corresponda.
"Es difícil conseguir caballos que sean confiables, debido a que no se ata con asiduidad; éste es un animal que se forma y se enseña a fuerza de trabajo. Al mermar las tareas de tracción en el campo, como podía ser ir a buscar la galleta al pueblo o terraplenar una bebida con una pala de buey, la costumbre de atar se ha perdido como rutina de campo", comentó Olegario Andrade, un experto en cuestiones tradicionales.
Según Andrade, es recomendable que el caballo, además de ser de pecho, sea de andar, para que se mantenga en forma. Aunque hay razas, como el hackney o el percherón, que no son aptas para la silla. "Los que mantenemos la afición por los coches solemos tener una tropilla chica de hackney y de criollos, además de percherones para distancias más cortas o para tracción de coches más pesados."
Prudencio Hernández, otro conocedor de atadas y de caballos, indicó: "Acá tenemos los mejores caballos de polo, pero no ocurre lo mismo con los de tiro. En Europa hay razas para tiro que antes no se encontraban. Además, allá los profesores enseñan a preparar los animales para que a la hora de tirar actúen en conjunto".
Lejos quedaron los tiempos en que toda tarea se hacía mediante la tracción a sangre y numerosas manadas eran sometidas primero a una rastra, luego a los arados y más tarde a coches de cuarta o de vara a los que llegaban ya con gran docilidad. "No hay quien dome estos animales y tampoco hay quien críe estas razas. Yo tengo una manada de hackney, una raza que se conservó sólo aquí y que en Europa desapareció por culpa de las guerras."
Insustituibles
En tanto, según datos de la Asociación de Percherones, después de la crisis que tuvo esta raza en los años sesenta, ahora vive una pequeña recuperación. "Porque hay cosas para las que este tipo de caballos es irreemplazable. «Mientras haya Cordillera, existirán los percherones», me dijo una vez un criador viejo", acotó Tanto.
El tiro ha sido una función que los equinos desempeñaron desde siempre y en todo lugar. En cada caso, desde sufridos animalitos que recorren la ciudad tirando un carro de cartoneros hasta los que ataviados con lujosos aperos arrastran un mateo, sin olvidar los que con herraduras especiales trepan las cuestas de las sierras o aquellos a los que en zona atlántica les toca lidiar con un carro arenero, los caballos siguen siendo insustituibles.






