
Silverio Rivoiro, uno de los productores tamberos líderes de la región Centro, con trabajo a pulmón encontró la fórmula para competirle en rentabilidad al avance masivo de la agricultura en su zona
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COLONIA SANTA RITA.- Está muy apurado. No llega a detener su camioneta cuando su pie ya se encuentra sobre el suelo, presto a saber qué pasa en su mundo de ordeñes y litros de leche.
Es martes y tiene que atender al veterinario que ese día de la semana lo vendrá a asesorar. Le pregunta al tambero si hubo novedades. El encargado le ceba un mate amargo y le cuenta cómo anduvo el primer ordeñe, el que tuvo lugar a las 3.30 de la madrugada y cómo los otros dos (a las 11.30 y 17.30), requieren una labor intensa de casi cuatro horas.
No quiere perder ningún detalle. Le informan sobre el estado de cada animal y aporta una indicación sobre la nutrición con una habilidad especial. Acaricia un ternero y dirige su mirada hacia el corral. Lograr la máxima calidad es la preocupación principal de Silverio Rivoiro, un líder de producción lechera del centro del país.
En su explotación lechera ubicada en Colonia Santa Rita, a 18 kilómetros al sur de Freyre, en Córdoba, ordeña casi 500 vacas con un promedio de 13.500 litros diarios. En esta zona, el tambo compite con una agricultura de excelentes rindes. A pesar de esto, los Rivoiro redoblaron la apuesta en el tambo y hace dos años reorganizaron su empresa.
"Había que adaptarse a las exigencias de los nuevos tiempos -dijo Silverio-. La crisis se notó especialmente en el sector y por eso tuvimos que buscar un nuevo método para sobrevivir", lo que incluyó cerrar las vacas en corrales para dejar libre la mayor cantidad posible de hectáreas para agricultura. "En 1994, yo había visto unos tambos en Miami y de ahí traje la ilusión de implementar ese modelo. Pero entonces resultaba impensado criar las vacas en corrales".
Y así fue como el rodeo que integran 450 vacas criadas en parcelas cerradas ha permitido destinar a ellas apenas 35 hectáreas y el resto a agricultura. Además, Rivoiro unificó tres tambos y contrató el asesoramiento de un agrónomo, un veterinario y un nutricionista.
Otro detalle: "Antes, contábamos con una única familia grande que se encargaba de ordeñar y de todos los demás quehaceres. Pero hace dos años, cuando se puso difícil encontrar familias que quisieran radicarse acá, optamos por ocupar a siete familias".
Su trayectoria es elogiada en una vasta zona de nuestro país. Como la mayoría de los descendientes de piamonteses, desde chiquito está acostumbrado al trabajo rudo y ama todo lo que huela a campo. Su mérito se basa en haber logrado mantener una alta producción en sus tambos, donde cada animal aporta entre 20 y 30 litros diarios de leche.
Además, a mediados de 2002, desafiando la cotización de la soja que invitaba a desplazar a los tambos, encaró profundos cambios en la explotación, distinguiéndose así del resto de los productores con la unificación de sus tres tambos en una única y fuerte usina de producción e innovó con la cría de animales en corrales cerrados.
Un largo camino
Pero, por sobre todo, Silverio Rivoiro es reconocido por haber apostado siempre a la lechería. El tambo es su medio de vida desde hace nada menos que 50 años.
"Mi papá nació en este mismo campo donde ya se habían radicado mis abuelos apenas llegaron del Piamonte. El día que cumplí 6 años subí al caballo para arrear las vacas que había que ordeñar y ahí nomás empecé a trabajar", recordó.
"En otros tiempos, mi única preocupación era cómo aumentar la producción. Hoy, me da más dolores de cabeza lo que pasa afuera", dijo Rivoiro para referirse a los vaivenes de la economía nacional.
Desde hace un tiempo cuenta con su hijo Daniel como mano derecha. "El es el encargado de hacer los números-dice Silverio-. Para mí, la posibilidad de delegar esta tarea significó un gran alivio porque hoy, quizás sea más difícil que tener buena producción, pensar cómo hacer que el tambo sea rentable", acotó. Hoy la mayor preocupación de los Rivoiro son las idas y venidas del precio de la leche, que ellos venden exclusivamente a la empresa cooperativa Manfrey.
"Me preocupa que no se puedan hacer planes a largo plazo. La Argentina es un país que sólo permite proyectar a corto plazo y es por eso que mientras en EE.UU. construyen sus tambos con los mismos materiales que nosotros levantamos nuestras casas, acá tenemos que hacerlos precariamente, para adecuarnos a nuestra necesidad de pensar mil veces antes de hacer una inversión."
Más allá de esto, los Rivoiro afirman que siempre invirtieron y trataron de volcar la ganancia en el mismo trabajo.
En este tramo de la conversación, Daniel interrumpe a su padre para acotar: "ahora las defensas que reclamamos no pasan tanto por la parte productiva, sino que están vinculadas a esta sociedad que no nos asegura reglas claras".
Para Daniel, el mayor problema de las nuevas generaciones en las empresas familiares es lidiar con la falta de respeto a la palabra dada, lidiar con el hecho de vivir en un país sin leyes y sin rumbos claros y aceptar la realidad de que las fuentes laborales son inestables.
Para los Rivoiro, poco cierto es lo que se dice respecto de que la lechería acaricia momentos tan buenos como los de la agricultura. "Apenas nos están pagando por la leche un precio promedio. Por litro, el productor cobra entre 15 y 16 centavos de dólar", se quejó Silverio.
Rivoiro cree que para trabajar en esta actividad hay que estar entrenado, y saber encontrar en uno mismo las virtudes necesarias para aprender a subsistir a través de los años y las crisis. Así, se tiene "la satisfacción de sentirse bien" con la actividad.
"Todo esto se logra siendo cauteloso en los tiempos buenos, aprovechándolos para enfrentar las épocas malas y aplicando el ingenio para hacer frente a las circunstancias adversas", concluyó Silverio.






