Averaldo Giacosa fundó, con capital cero, La Piamontesa, una firma de gran éxito
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"De la nada a la realidad hay que manejarse con habilidad", es lo primero que dice al presentarse Averaldo Giacosa, presidente de la firma La Piamontesa. Este mismo hombre, de 75 años, nacido en Brinkmann (a 68 kilómetros de San Francisco) es el que fundó a los 26 años, sin capital alguno, La Piamontesa SA, y continúa hoy como su presidente.
"Desde mi juventud fui siempre inquieto y me interesaba establecer una industria de la carne en la zona. Tenemos un área tambera fuerte; al haber vacas de conserva hay suero, y con éste se alimentan los cerdos. La vaca y el cerdo son los elementos básicos que hacen a nuestra industria. Sólo era cuestión de explotarlos", rememora Averaldo Giacosa.
Y a eso se abocó, cuando, recién recibido de perito mercantil, fue a pedir trabajo al frigorífico Regional Serrano. "Estaban con problemas financieros, y los jefes me dijeron: «Hagamos una chanchería». Ellos tenían el oficio; mi padre tenía los elementos para hacer los salames; conseguimos un caballo, también de mi padre, y un panadero nos prestó una jardinera. Nos faltaba instalarlos."
La epopeya de Giacosa comenzó con una camarita frigorífica de una fábrica cerrada de dulce de leche, cuyo dueño "cedió generosamente sin cobrar un centavo", recuerda. "Nos dijo que si nos iba bien en 6 meses, hablábamos de un alquiler y si nos iba mal lo devolvíamos y nunca más le pagábamos nada."
En esos difíciles comienzos, Giacosa cuenta que iban a buscar los cerdos a 7 kilómetros de Brinkmann, con la chatita y el caballo, los faenaban y facturaban y salían a venderlos "casa por casa, en el pueblo". Además, el propio Averaldo hacía la parte administrativa.
"A La Piamontesa la fundé a los 26 años, con cero de capital, el 13 de agosto de 1953. El nombre obedece a que, en la zona, la mayoría somos descendientes de piamonteses", explica el incansable emprendedor.
Así fue que nació la fábrica donde hoy, según don Averaldo, "se usan las máquinas mas avanzadas de la industria cárnica que hay en el mundo". La política de la firma de utilizar la mejor maquinaria derivó en que, actualmente, en Brinkmann, funcione una fábrica de máquinas para la industria del chacinado "que está a la altura de las mejores del mundo".
Las bases
"Los empleados son partícipes de la producción. Nuestro personal es como nuestra familia; rescatamos la esencia de la gente, yo los llamo «hermanos en la lucha diaria», y creamos beneficios para ellos, como un club polideportivo, de cuatro hectáreas arboladas, para el uso de los empleados y su familia", destaca el empresario cordobés.
En la firma, Giacosa participa con toda su familia, ya que sus socios son su esposa, sus hijos, su hermano Roberto, la esposa de éste y "la mujer de un muy querido primo ya fallecido".
El emprendedor de origen piamontés no descansa, aun cuando los negocios marchan bien. "Si bien estamos presentes en todo el país y nuestro punto más fuerte es el interior, desde hace 10 años intentamos conquistar el punto fuerte del consumo, Buenos Aires", dice. "La especialidad en la que avanzamos es la línea de cocidos, con 20 toneladas diarias de producción".
El espíritu piamontés que le da el impulso para seguir adelante también conlleva un profundo sentido del honor y la honestidad. "Llevamos 51 años sin contraer deudas; respondiendo al estilo piamontés: Si hay plata se hace, si no, se espera", dice Giacosa.
"Los piamonteses defienden el pan a muerte. Son un pueblo muy sacrificado y trabajador. Han salido de una extrema necesidad, y trajeron esa cultura de trabajo aquí, que les permitió comer todos los días. Cuando vinieron los primeros colonos tuvieron que desmontar la tierra que se les daba y trabajar el campo con el arado de una sola reja, de sol a sol", cuenta orgulloso.
A la hora de dar definiciones sobre el país, este cordobés cree firmemente en la esencia agroindustrial de la Argentina. "Nuestro país es agroindustrial. Hay que enfocar todo lo que se pueda en ayudar a la gente del campo, que es la que se mueve, trabaja, produce y tributa impuestos para reinvertirlos en el país. A las empresas que caminan hay que defenderlas mientras caminan. En nuestro caso se ha logrado mantener un diálogo muy fluido con los empleados, teniendo por concepto que las palabras conmueven, pero que el ejemplo arrastra."
Una firma tradicional
Desde su emplazamiento en Brinkmann, La Piamontesa tiene 400 empleados, y representa un sustento muy importante. Cuando la demanda es fuerte se trabaja día y noche; y cuando es normal, 9 horas diarias. Las instalaciones abarcan 11 mil metros cuadrados cubiertos, ubicados en un predio de 3 hectáreas y media. La firma comercializa 50 productos, fabricados sobre la base de 5000 cerdos y 2000 vacas por mes. La facturación anual de la empresa es 70 millones de pesos.
El espíritu incansable de los piamonteses
Francisco Giletta conoce al dedillo los detalles de la inmigración piamontesa que pobló una amplia franja que rodea a la ciudad de San Francisco. Desde allí, pleno corazón de la colonización que llegó del Piamonte, habla este reconocido abogado, profesor de Derecho Agrario de la Universidad Nacional del Litoral, y presidente de la Asociación Familia Piamontesa de San Francisco.
"San Francisco se fundó el 9 de septiembre de 1886 por Bernardo Iturraspe. Fueron los piamonteses los que, mayoritariamente, habitaron ésta zona de 100 kilómetros a la redonda de San Francisco, que abarca ciudades como Rafaela, San Jorge o Morteros, pueblos jóvenes que no tienen mas de 120 años de existencia, y que están empezando a escribir su historia", explica.
"Un testimonio importantísimo de los inmigrantes es el de Francisco Giacosa (tío de Averaldo), que cuenta que en 1889 compró a Iturraspe 120 hectáreas, que pobló ese desierto con sus hermanos, con los que construyó un pozo, un corral y un rancho con tierra y paja", detalla.
"Pero vale aclarar que ésta región no fue solo de piamonteses. Hay pueblos colonizados por gente de otros orígenes: Moisés Ville, por judíos, y Esperanza, San Carlos y San Jerónimo, por alemanes y suizos; entre otros. Y no se debe olvidar el aporte de los criollos nativos, españoles, franceses, turcos y todos los que en mayor o menor medida contribuyeron a desarrollar este rincón."
Según contó Giletta, una de las razones por las que los inmigrantes llegaban a estas tierras era que las provincias que ofrecían tierras a los colonos fueran, justamente, Santa Fe y Córdoba.
Una vez instalados en la zona, cuenta Giletta, cultivaron la tierra. Giacosa, por ejemplo, comenzó con 60 hectáreas con trigo, y trabajó con la ayuda de su esposa. "En aquel tiempo se araba con el arado chico de una sola reja y se sembraba a mano. Después, cuando llegaron las máquinas cortatrillas para 100 hectáreas se necesitaban 30 o 40 personas para hacer la cosecha", comenta Giletta.
"En nuestra zona tradicionalmente existieron y aún existen productores pequeños y medianos dedicados a explotaciones agrarias mixtas, con lechería y agricultura", dice.
Descendientes
Según lo que cuenta Giletta, el incansable espíritu de los piamonteses aún se mantiene vivo a través de sus descendientes. "De aquí salieron muchos dirigentes que fundaron e integraron los directorios de empresas cooperativas agrarias y agroindustriales de trascendencia nacional e internacional. Y hay muchas familias dedicadas a la agricultura y ganadería con firmas de prestigio nacional", comenta.
Para Giletta, es vital el rol de las Asociaciones de Familias Piamontesas, que mantienen vivas "las costumbres de nuestros abuelos", bajo el lema "për chàs dëstissa ne la fiama" (para que no se apague la llama), y revivir "los valores de nuestros ancestros: la cultura del trabajo, el valor de la palabra empeñada, el amor a la familia y el espíritu religioso".




